Manuel
Álvarez Bravo fotógrafo de la identidad mexicana del siglo
XX, artista plástico y visual que durante más de cien
años de vida, contribuyó a la definición de nuestro
pueblo a través de sus imágenes que nos descubren y nos
determinan; nos retratan y nos muestran, desde una legendaria lente
y a través de plata sobre gelatina.
Nació
el 4 de febrero de 1902 en la ciudad de México, su padre fue
un profesor, que de vez en cuando se dedicaba a la fotografía
y a la pintura. Álvarez Bravo, antes de dedicarse a la profesión
que lo proyectaría a todo el orbe, fue burócrata en varias
dependencias, intentó estudiar contaduría, pero en 1915
inició su camino hacia en el quehacer artístico y se inscribió
en la Academia de San Carlos para estudiar arte y música.
A
pesar de estos estudios, Álvarez Bravo siempre ha sido considerado
como autodidacta. Su primera influencia importante en el universo de
las imágenes la tuvo en 1923 al conocer al fotógrafo alemán
Hugo Brehme, quien lo incitó a comprar su primera cámara.
Para 1925 obtuvo su primer premio en un concurso local en Oaxaca. Iniciaba
pues, la historia de uno de los grandes fotógrafos de México
y del mundo. En el mismo año, contrajo matrimonio con Lola Martínez
de Anda, quien años más tarde, asumió la misma
profesión.
Por
aquellos tiempos conoció a Tina Modotti, Diego Rivera, Pablo
O'Higgins, entre otros. Estas amistades lo estimularon ideológica
y políticamente hacia el carisma social que distingue toda su
obra: plasmar la cultura e identidad mexicanas, con una visión
que va más allá de una simple documentación, adentrándose
con gran imaginación en la vida urbana y la de los pueblos, los
campos, la religión, el paisaje y las tradiciones.
En
1930, tras la salida del país de Tina Modotti, colaboró
con Diego Rivera en la revista Mexican Folkways fotografiando el trabajo
de los muralistas y al mismo tiempo expuso en el Museo de Arte de Berkeley,
en California.
Ese
mismo año, se dedica por completo a la profesión fotográfica
y en 1932 realizó su primera muestra individual en la Galería
Posada. En esa época compartió exposiciones con el famoso
fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson en las salas del
Palacio de Bellas Artes, fascinando a André Breton, quien descubrió
en su trabajo un surrealismo innato, y en 1935 le organizó una
exposición en París que sería trascendental en
su trayectoria artística.
En
1936 expuso en la Galería Hipocampo del poeta mexicano Xavier
Villaurrutia. Durante este periodo se adentró en la experiencia
de nuevas soluciones que lo apartaron por completo del lenguaje visual
desarrollado por los artistas de la lente que lo antecedieron, empleando
elementos que dan mayor énfasis a la capacidad para evocar imágenes,
a través de los sugestivos títulos de sus fotografías,
basadas en la cultura y en la tradición mexicanas, que denotan
una gran perspicacia y, en ocasiones, un fino sentido del humor.
La
década de los cuarenta, marcó el inicio de Álvarez
Bravo en el mundo cinematográfico. Trabajó al lado del
cineasta ruso Sergei Eisenstein en ¡Viva México!, y participó
en rodajes de personalidades como John Ford y Luis Buñuel. Asimismo,
en 1944, fue realizador del largometraje Tehuantepec, así como
de los cortometrajes Los tigres de Coyoacán, La vida cotidiana
de los perros, ¿Cuánta será la oscuridad? (con
el escritor José Revueltas) y El obrero (con también escritor
Juan de la Cabada). Es en esta década cuando consolida su madurez
artística (que aún perdura), mediante recursos tales como
la yuxtaposición, el aislamiento de detalles y el ordenamiento
con rigor geométrico. Ello dio como resultado el manejo simultáneo
de lo familiar y lo inesperado, generando una ambigüedad que invita
al espectador a ver con nuevos ojos las cosas cotidianas y a construir
su propio significado.
Durante
una larga trayectoria nacional e internacional, que culminó con
su muerte física el 19 de octubre del 2002, Álvarez Bravo
acumuló experiencias, premios, reconocimientos, exposiciones,
incluso gran parte de su labor ha consistido en reunir y dar a conocer
importantes colecciones fotográficas, así como la creación
del Primer Museo de la Fotografía en México. Dentro de
sus premios destacan los siguientes: Premio Nacional de las Artes (México,
1975), Condecoración oficial de la Ordre des Arts et Lettres
Français, en 1981, Premio Víctor Hasselblad (Suecia, 1984)
y el Master of Photography del ICP (Nueva York, E.U.A, 1987).
Las
imágenes, matriz de la obra de Manuel Álvarez Bravo registran
personas, lugares y objetos que reflejan nuestra historia; contando
un secreto, que no sólo tiene que ver con nuestra tierra, paisajes
y tradiciones, sino que nos tocan en lo personal. Son imágenes
relacionadas con nuestras ilusiones, nuestros fracasos, nuestras esperanzas,
y que nos transportan hasta los recuerdos de la infancia. Este es el
elemento poético que lo distingue y que al mismo tiempo lo hace
universal.