“Los compañeros se metieron a las grietas sin importarles que les fueran a caer encima los bloques de concreto y acero. Había una grieta de 20 centímetros y oímos voces: ‘ayúdennos, ayúdennos'. Empezamos a rascar con lo que se podía, a tratar de mover la piedra con barretas, con palas, con las manos. A uno se le ensangrentaron toditas.” Rodolfo Mora Rodríguez

“A 30 metros podía verse un rayo de luz, un pequeño boquete por el que apenas cabía mi mano, era un boquetito así de chiquito. Me di una vueltecita para allá, para acá, a ver si estaba yo bien, encontré lo que era mi cuerpo, lo reconocí y empecé a luchar con los hombros, con los brazos, con la cabeza... yo iba a abrir el boquete... y lo abrí tanto que pude salir.” Alonso Mixteco

“Señor, mi padre no aparece, se llama Eduardo Rodríguez, no ha llegado a su trabajo, creo que ya no hay trabajo, allá en Azcapotzalco. Pregunte si lo han visto.”

“Cientos y cientos de mensajes por la radio. Hernán Figueroa fue rescatado de un edificio de la calle Monterrey y trasladado al Hospital Rubén Leñero, pero había que avisar a sus padres en Villahermosa, Tabasco. Un conductor que viajaba de Puebla a Veracruz oyó el mensaje. Hizo un alto, anotó el número y al llegar a Veracruz llamó a Villahermosa. Informó a la familia. Un día después los Figueroa estaban con su hijo en el Rubén Leñero.”

“Yo sentía cómo nos íbamos desplomando como en escalonazos, y creo que desde el séptimo en que estábamos caímos al quinto. Luego caímos al primero y con nosotros una losa, varillas, discos, vidrio, madera, ruido. Sobre todo ruido. Me acordé de Alicia en el país de las maravillas, cuando se va cayendo por un túnel en la más completa oscuridad.” Pedro Ferriz de Con

“¿Quiere la lista completa de los muertos? La tengo aquí, pero me da tristeza enumerar tantas muertes.”

“Los rescatistas de Israel dijeron que esto era más desastroso que una guerra; en un guerra hay más orden, hay refugios antiaéreos, sabe uno hacia dónde correr, dónde resguardarse, cuál va a ser más o menos la duración del bombardeo, pero en México no había nada. En México sólo hubo un vacío espantoso.”

“Vide cómo se desató el temblor desde el estacionamiento en la esquina del Nuevo León y lo primero que pensé fue en mi familia. Vide claramente cómo se cayó el edificio, pero ¿qué se puede hacer?, ¿convertirse en Superman y detenerlo? Nada más que un rechinido y cuando cayó a tierra arrancado de cuajo, salió humo negro que se tendió por Reforma. Eché a correr pues todita la gente hacía lo mismo, ir a ver a su gente, a sus seres queridos, sus familiares, sus conocidos... a ver qué se encontraban.” Salomón Reyes

“Perdí a una hermana, a mi hija, a tres nietos. Perdí a mi única familia, lloraba yo sola. Yo ya sabía lo que la demás gente sentía, lo sentí en carne propia, porque a mí me estaba sucediendo; estaban tan destrozados como yo. Entonces puse más y más mi amor como voluntaria; me hundí en el voluntariado, fui y vine, hice, cargué, acarreé, repartí, preparé alimentos, calenté agua, serví café, descorché refrescos, todo hice. Barrí, escombré, saqué basura. Cargué piedras.” Consuelo Romo Campos

“Llorábamos y ni cuenta nos dábamos de las lágrimas que nos iban escurriendo. Toda la gente allí era muy joven, la mayor era yo de 28 años, y la más chica una muchachita que tendría 15 años, flaquita. Me pasé todo el día removiendo escombros para hacer túneles, apuntalarlos y llegar lo más cerca posible de la gente. En los túneles, yo perdía la noción del tiempo completamente, y me preguntaba: ¿entré de día o de noche?” Lourdes Calvario

“A estas alturas ya no creo tener lágrimas para llorar tanto. Ahora, por las noches, es la angustia de pensar, en medio de la soledad, las miles de posibilidades, como en un tablero de ajedrez, que pudieran darse para que se salvaran. Los salvo mentalmente todo el tiempo. ¿Por qué me salvé yo? Es muy desastroso eso. Y los retratos que cargo como testimonio de que alguna vez tuve una familia, tuve una casa.” Judith García

“Después vimos cómo el flaquito empezó a apachurrar con sus tenis los clavos y como no lo logró, se puso a doblarlos con una tabla. Ese acto le devolvió toda la dimensión humana a los cadáveres del Parque Delta porque, aunque estuvieran todos destrozados, eran su gente y sus cadáveres tenían derecho de no lastimarse con los clavos.” Antonio Lazcano Araujo

“Cuando subí para ver si podía rescatar a mi familia, de inmediato me di cuenta de que iba a ser imposible; todos los pisos estaban uno sobre otro, en forma de sándwich. Materialmente no había espacio para que hubiera una persona viva adentro. Lo comprendí desde el primer momento, pero la esperanza es lo que muere al último.” Raúl Pérez Pereyra

Ligas para consultar:

CENAPRED

UDLA Puebla

Protección civil DF