Nació en Villahermosa, Tabasco y murió en el D.F. (1899-1977). Poeta. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en Colombia, a donde fue enviado por el gobierno de Venustiano Carranza. Cofundador de la revista San-Ev-Ank (1918) y de un nuevo ateneo de la juventud (1919). Fue secretario privado de José Vasconcelos. En agosto de 1921, junto con Vicente Lombardo Toledano, Diego Rivera, José Clemente Orozco y Xavier Guerrero entre otros, fundó el Grupo Solidario del Movimiento Obrero. Fue profesor de poesía moderna en la UNAM y director del Departamento de Bellas Artes. Organizó los museos Frida Kahlo, el de la Venta, y el de Anahuacalli. Autor de Colores en el mar y otros poemas (1921), Piedra de sacrificios (1924), Seis, siete poemas (1924), Oda de junio (1924), Hora y 20 (1927), Camino (1929), Cinco Poemas (1931), Esquemas para una oda
tropical (1933), Estrofas al mar marino (1934), Hora de junio (1929-1936) (1937), Ara virginum (1940), Recinto y otras imágenes (1941), Exagonos (1941), Discurso por las flores (1946), Subordinaciones (1949), Sonetos (1950),
Práctica de vuelo (1956), Material poético 1918-1961 (1962), Dos poemas (1962), Con palabras y fuego (1963), Teotihuacan y 13 de agosto: ruina de Tenochtitlán (1965), Bolívar, ensayo de biografía popular (1966), Noticias sobre Nezahualcóyotl y algunos sentimientos (1972) y Cuerdas, percusión y alientos (1976). Luego de su muerte han aparecido Reincidencias (1978), Cosillas para el nacimiento (1978), Cartas desde Italia (1985) y Cuaderno de viaje (1987). Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1953. En 1964 recibió el Premio Nacional de Literatura. En 1981, Luis Mario Schneider realizó la edición de sus Obras (poesías).
Un ejemplo de enorme fuerza de la poesía amorosa de Pellicer es el fragmneto del poema “Recinto”:
Que se cierre esa puerta
que no me deja estar a solas con tus besos.
Que se cierre esa puerta
por donde campos, sol y rosas quieren vernos.
Esa puerta por donde
la cal azul de los pilares entra
a mirar como niños maliciosos
la timidez de nuestras dos caricias
que no se dan porque la puerta, abierta...
Por razones serenas
pasamos largo tiempo a puerta abierta.
Y arriesgado es besarse
y oprimirse las manos, ni siquiera
mirarse demasiado, ni siquiera
callar en buena lid...
Pero en la noche
la puerta se echa encima de si misma
y se cierra tan ciega y claramente,
que nos sentimos ya, tú y yo, en campo abierto
escogiendo caricias como joyas
ocultas en las noches con jardines
puestos en las rodillas de los montes,
pero solos, tú y yo.
La mórbida penumbra
enlaza nuestros cuerpos y saquea
mi ternura tesoro,
la fuerza de mis brazos que te agobian
tan dulcemente, el gran beso insaciable
que se bebe a sí mismo
y en su espacio redime
lo pequeño de ilímites distancias...
Dichosa puerta que nos acompañas,
cerrada, en nuestra dicha. Tu obstrucción
es la liberación de estas dos cárceles;
la escapatoria de las dos pisadas
idénticas que saltan a la nube
de la que se regresa en la mañana.
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Cabe añadir que, al igual que muchos de los poetas de esta generación, Pellicer también cultivó poemas de largo aliento. Quedan como obras magistrales de este género dos versiones de Esquemas para una oda tropical, canto largo a América y al origen y estallido de la vida.
Escucha de viva voz a Carlos Pellicer decir algunos de sus poemas:
"Era mi corazón...",
"Hoy hace un año" ,
"Vuelvo a ti..."