Después de la muerte de Pablo Neruda y durante los trágicos
años de la dictadura, Matilde se convirtió en la luchadora
de su pueblo y de la memoria del poeta. Logra, con la asesoría
del escritor Miguel Otero Silva, editar las censuradas Memorias
de quien fuera su compañero y rescata toda la obra dispersa
de éste.
Finalmente, 19 años después de la muerte de Pablo y 7
después de la de Matilde, pudo cumplirse el deseo de ambos de
ser sepultados juntos en Isla Negra, frente al océano que tanto
amaron. Así, el 11 de diciembre de 1992 fueron exhumados de sus
tumbas en el Cementerio General los restos de la pareja y en la tarde
del 12 de diciembre de ese año, los féretros fueron trasladados
a Isla Negra, donde reposan para siempre, y pensando en ellos, les deseamos
lo mejor para este 31 de diciembre, que sea un día...
nuevo,
oh nube venidera,
pan nunca visto,
torre
permanente...
...al
igual que los días que le sucedan.