Entre
1949 y 1955 se encontraban de manera clandestina y Matilde se convirtió
en fuente de inspiración de versos amorosos, al principio bajo
el nombre de Rosario de la Cerda en los Versos del capitán
y como la poseedora de unas manos bellísimas en las Odas
elementales. Por otra parte, uno de los libros más bellos
del poeta Cien sonetos de amor, está dedicado por completo
a Matilde.
En
1955, el poeta decide finalmente divorciarse de su segunda mujer;
separación que resultó muy dolorosa, después
de todo, aunque enamorado de Matilde, reconoció lo que Delia
le había dado y le mandó estos versos:
"Amé
otra vez y levantó el amor una ola en mi vida y fui llenado por
el amor, sólo por el amor, sin destinar a nadie la desdicha...
Está escrito en donde no se lee, que el amor extinguido no es
la muerte, sino una forma amarga de nacer".
De
aquí en adelante, hasta septiembre de 1973, fue Matilde la amada
y esposa que lo acompañó tanto en el disfrute de su celebridad
como el recibimiento del Premio Nobel en 1971, pero también fue
ella quien tuvo que verlo morir y sufrir por su patria. Fiel siempre
a la memoria de su compañero, a quien sobrevivió doce
años, se dedicó a recatar y cuidar el patrimonio poético
y espiritual de Pablo, quien le había escrito;
"Si
muero sobrevíveme con tanta fuerza pura/ que despiertes la furia
del pálido y del frío,/ de sur a sur levanta tus ojos
indelebles,/ de sol a sol que suene tu boca de guitarra./ No quiero
que vacilen tu risa ni tus pasos/ no quiero que se muera mi herencia
de alegría...".
Activa
en la resistencia contra el dictador Augusto Pinochet, la viuda creó
asimismo la Fundación Pablo Neruda, que en la actualidad tiene
su sede en la bellísima casa de La Chascona, llamada así
a propósito de la cabellera de Matilde y donde se puede admirar
un retrato que le hiciera el pintor mexicano Diego Rivera.
El
retrato de Matilde Urrutia