Presentación El equilibrio se ha roto.
Nosotros lo hemos fracturado.
Ahora es tiempo de tratar de sanar las heridas que hemos causado. Ojalá estemos a tiempo.
Paradójicamente, nosotros los humanos occidentales, los chabochis, le hemos dedicado un día
a nuestra madre Tierra, para tratar de resarcir el daño provocado por nuestro soberbio proceder. Creímos que éramos la medida de todas las cosas. La vida nacía para nosotros y moría también.
Un solo día. Que por supuesto no alcanza. Mucho menos a la luz de más de 4 mil millones de años.
El 5 de junio lo dedicamos al “medio ambiente”, a la salud de nuestra madre Tierra. Mientras tanto, ella nos ha dedicado todos sus millones de años de paciente evolución, para ver como su “mayor fruto” se vuelve contra ella, aniquilando toda su creación.
La naturaleza está en peligro. Y en suelo donde yace el ombligo de la luna, allí en la tierra de los hombres del maíz el agravio no ha sido menor.
En México se congregan características geofísicas y con una biodiversidad excepcionales, que nos hacen un país “mega diverso”. En este cuerno de la abundancia encontramos todos los panoramas naturales que hallamos en este planeta. Desde desiertos, hasta selvas. Desde altas planicies a bosques y humedales. Contiene prácticamente todos los grupos y subgrupos climáticos posibles; posee 25 de las 28 categorías de suelos reconocidos en el mundo. También podemos hallar ejemplos magníficos de cosmovisiones que integran al Ser Humano como eslabón en el perfecto equilibrio natural dentro de nuestras raíces indígenas. Pero poco hemos aprendido. Poco hemos querido rescatar estas enseñanzas ancestrales.
De las casi 65 mil especies de plantas, animales e insectos que podemos encontrar en nuestro territorio, 2,584 presentan algún tipo de peligro para extinguirse. Esto es una especie de cada 25. Y extinción significa para siempre. Para 28 especies simplemente ha sido demasiado tarde. En México no existen más por ejemplo, el lobo mexicano (que ahora se intenta reintroducir en las sierras de Durango y Tarahumara), el pájaro carpintero imperial (era el más grande de su tipo, con un tamaño que rondaba entre los 51 a 56 cm); oso grizzli y la foca monja del caribe...
Valga pues este 5 de junio no para celebrar, a fin de cuentas ¿qué festejar? sino para reflexionar y comenzar a hacer algo todos los días. Para salvar a la Tierra y salvarnos a nosotros mismos. |