Algo sobre la vida de Jaime Sabines

Denominamos esta sección así, haciendo un juego de palabras con la que ha sido acaso una de las elegías más citadas de las últimas décadas: Algo sobre la muerte del mayor Sabines, poema de largo aliento que nuestro autor escribe a raíz de la muerte de su padre, acaecida en 1961. Este poema está escrito en dos partes: la primera, publicada en 1962, consta de 17 apartados y la segunda, que consta de siete fragmentos poéticos, aparecida en 1973. He aquí un sobrecogedor fragmento que cala la memoria y los huesos:

Te enterramos ayer
Ayer te enterramos
Te echamos tierra ayer
Quedaste en la tierra ayer
Estás rodeado de tierra
desde ayer
Arriba y abajo y a los lados
por tus pies y por tu cabeza
está la tierra desde ayer
Te metimos en la tierra,
te tapamos con tierra ayer
Perteneces a la tierra
desde ayer
Ayer te enterramos
en la tierra, ayer





Fotografías Daisy Ascher

El Peatón
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En un estilo directo y sin grandes juegos metafóricos Sabines le habla cara a cara y sin reservas al amor, al deseo, a la ternura, a la injusticia y a la muerte,  reniega de Dios y lo hace a su manera. Él mismo se considera uno más entre los mentirosos: “Poetas, mentirosos, ustedes no se mueren nunca. / Con su  pequeña muerte andan por todas partes/ y la lucen, la lloran, le ponen flores, /se la enseñan a los humildes, a los que/ tienen esperanza”. Y los versos anteriores muestran acaso su arte poética: la amalgama de vida, amor, muerte, lucha y poesía.

Sabines amalgama en su poesía preguntas fundamentales que nos hacemos todos; confronta la plenitud de la vida con la interrogación por su sentido, por ello nos dice que va por el mundo, como los amorosos, “llorando la hermosa vida”; por eso hace un llamado a la intensidad y descubre que lo que llamamos poético está en los objetos, en los detalles, en el acto simple y a veces doloroso, aunque siempre intenso de vivir; porque para la voz poética la existencia es un fluir y no un reclamo:

Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y veras que hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.

Se interesa por esos misterios cóncavos y convexos del devenir; pero también aleja los discursos e invita al acto de cantar con sentido, junto a los desposeídos, con la alegría del amor frente a los moribundos:

No digamos la palabra del canto,
cantemos. Alrededor de los huesos,
en los panteones, cantemos.
Al lado de los agonizantes,
de las parturientas, de los quebrados,
de los trabajadores, cantemos.

Su palabra cala en la plenitud de lo cotidiano y en la paradoja de vivir con el aliento de la muerte en el oído, ya que la humanidad no es más que una historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas. Un manojo de  contrasentidos:

La policía irrumpió en la casa y atrapó a los participantes
de aquella fiesta. Se los llevó a la cárcel por lujuriosos y
perversos. Era natural. La policía no puede irrumpir en
las calles y acabar con otros escándalos, como el de la miseria.

A lo largo de los años, Jaime Sabines ha estado con nosotros, sin necesidad de erudiciones; su  poesía forma parte de nuestra vida y de pronto al cocinar, al caminar o en una sala de espera, fragmentos de sus poemas acompañan nuestra rutina. Su obra publicada se inicia con Horal (1950) y prosigue con La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1960), Diario semanario y poemas en prosa (1961), Yuria (1967), Maltiempo (1972) y Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1973). Su poesía fue reunida primero en Recuento de poemas (1962), después en Nuevo recuento de poemas (1977) y, finalmente, en Otro recuento de poemas (1991).Vive en nosotros su consejo: “Para los condenados a muerte/ y para los condenados a vida /no hay mejor estimulante que la luna /en dosis precisas y controladas”.

A continuación, disfrutemos de sus poemas (algunos leídos en voz del autor) con sus temas recurrentes: el amor, la muerte y ese reproche a un dios que le lastima y encanta.