Me
dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados.
Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué
no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos
de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales,
o tirarlo a un río?
Había
de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con
música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día,
se levantarían a vivir.