... ¿Quién iba a pensarlo?... Pieles humanas flotantes, supervivientes, con sus sufrimientos aún recientes. Piedras. Piedras quemadas. Piedras hechas añicos. Cabelleras anónimas que las mujeres de Hiroshima encontraban enteras, caídas por la mañana al despertarse. He tenido calor en la plaza de la Paz. Diez mil grados, en la plaza de la Paz. Ya lo sé. La temperatura del sol, en la plaza de la Paz. ¿Cómo no lo iba a saber...?

Marguerite Duras, Hiroshima, mi amor

Contenido: Concepción Ruíz Ruíz-Funes

El 10 de noviembre, fue decretado como "Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo".

¿Cuál es la importancia de este día?

La palabra “paz” no sólo significa ausencia de guerra, significa también igualdad, equidad, tolerancia, respeto, educación, salud, en fin, significa la posibilidad de vivir todos juntos en armonía construyendo un futuro para todos.

Si nos atenemos a esta idea de paz, cabe entonces la pregunta ¿Cuál sociedad actual vive en paz? Y la respuesta es tristemente: ninguna.

Así, los jóvenes de hoy tienen un trabajo muy difícil por delante: construir sociedades que vivan en paz. ¿Y qué papel juega la ciencia en esta construcción de un futuro lleno de paz? Un papel muy importante. La ciencia y en general todo el conocimiento, son una herramienta fundamental para transformar el mundo en el que vivimos y construir uno mejor.

Sin embargo, existe una diferencia muy grande entre las necesidades culturales de la población, derivadas del desarrollo científico y tecnológico, y la educación científica que reciben los niños, los jóvenes y en general todos los ciudadanos.

Concebir y aprender la ciencia, pensándola siempre para la paz, nos dará armas para construir sociedades más democráticas, más justas y más equitativas. Permitir y fomentar la participación informada de los ciudadanos en la toma de decisiones científicas que determinarán su futuro, es una labor que no puede postergarse más, pues una sociedad más culta científicamente será también una sociedad más libre y responsable.

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