Ulises Criollo
Primera Parte
Fragmento

LAURA. DAME UN BESO

"En nuestro pueblo todos éramos más o menos forasteros. Se vivía del comercio internacional y de los empleos del Gobierno, la aduana, el correo, el cuartel, También la empresa del ferrocarril mantenía allí un gran taller, pero quedaban algunos pequeños propietarios, herederos de los primitivos colonizadores del desierto.

Una de esas familias, vecina nuestra, tenía una hija, Laura, de ocho a diez años; lindos ojos maliciosos y piernas ágiles. La encontraba a menudo, sin hablarle, hasta que una vez di con ella estando yo en compañía de Tocho. Este Tocho era un niño rico, atrevido y buen mocito. Al ver a Laura gritó:

  • Dame un beso.

La chiquilla lo miró con descaro, le hizo un dengue y echó a correr, riéndose y agitando la mano en amenaza vaga. Otra vez, ya solo, tropecé casi con Laura. Llevaba yo en la mano unos caramelos. Sin darme tiempo a ocultarlos, me miró y dijo:

  • Pepe: dame un caramelo…
  • Toma –repuse ofreciéndole-; pero tú, dame un beso.

Cogió ella el dulce y escapó. No recuerdo que el incidente me dejara mayor impresión, y quizá la hubiera olvidado de no haber tenido consecuencias. Días después, ya metido en cama, escuché que nos visitaba, según su costumbre, el viejo caballero padre de Laura. Conversó de cosas indiferentes; pero de pronto exclamó, dirigiéndose a mi padre:

-¿Qué cree usted que hizo el otro día su Pepillo?… Pues le pidió un beso a Laurita… en plena calle…

-¿Será posible?- comentó mi padre.

  • Habrá que castigar a ese muchacho- afirmó, severa, mi madre.

Luego cambiaron de asunto y me quedé esperando el regaño que seguiría a la despedida de nuestro vecino. Al marcharse éste, fingí un sueño profundo, y con sorpresa vi que no me despertaban.

  • Miren la mosquita muerta, pidiendo un beso; y vaya que es bonita la chica – dijo únicamente mi padre."

José Vasconcelos