Contenido: Jennie Ostrosky y Belén Carranza

 


Novelista, ensayista, cineasta; directora de escena y crítica de cine, teatro y fotografía, Susan Sontag además del valor de los 17 libros y cientos de artículos publicados, representó el arrojo de una mujer íntegra, sin miedo a las amenazas, la censura o la descalificación intelectual.

Luchadora incansable por la justicia y por los derechos humanos, se opuso radicalmente contra la guerra, aunque, para ello, tuviera que contradecir públicamente a presidentes e intelectuales de su país y del mundo; desarrolló una escritura implacable contra la tortura, la política exterior del gobierno de Estados Unidos, la injusticia social, la represión y la pérdida de valores.

No ejerció su pensamiento y su carrera intelectual detrás de un escritorio, decidió presenciar acontecimientos que la inquietaron, algunos de los cuales pusieron en peligro su vida: En 1968 fue corresponsal de guerra en Vietnam, en 1973 filmó a las tropas israelíes en los Altos del Golán (siendo judía, mantuvo una postura neutral y pro-pacífica en el conflicto de Medio Oriente); en 1992, también en pleno enfrentamiento bélico, viajó a Sarajevo, donde montó la obra Esperando a Godot, de Samuel Beckett…¿qué otra cosa se puede hacer en medio de la matanza y la destrucción? (en la obra de Beckett, inserta dentro del teatro del absurdo, dos personajes incompletos y frágiles, intentan inútilmente suicidarse, acto que sólo será interrumpido por la llegada de Godot –de God: Dios- que nunca aparece). En mayo de 1998, visitó San Cristóbal de las Casas y acudió a Acteal, Chiapas, donde visitó la tumba colectiva y el templo donde rezaban los sobrevivientes de los 45 indígenas asesinados. Durante los últimos años se opuso de manera radical a las incursiones de su país en Afganistán e Irak.

Acaso el mejor ejemplo de su lucha fue con su propio cuerpo. En 1976, cuando tenía 43 años de edad, le fue detectado cáncer, lo que provocó en ella una decisiva lucha, no sólo contra la enfermedad, sino contra las metáforas o símiles de que la acompañan; ella misma venció tres veces al cáncer y logró desmitificar que éste fuera, necesariamente, sinónimo de muerte y contundente aislamiento. Más tarde aplicó esta visión hacia los enfermos de SIDA en un grito de esperanza, respeto e igualdad.

Del mismo modo, escribió con inteligencia y lucidez acerca de la propia literatura, sobre cierta estética del mal gusto (que llamó camp ), sobre la fotografía y el cine.

Entre sus libros destacan las novelas: El benefactor, Equipo mortal y El amante del volcán; los ensayos Contra la interpretación, Estilos radicales, Bajo el signo de Saturno, Sobre la fotografía y La enfermedad como metáfora.

Una de sus últimas declaraciones antes de su muerte, acaecida, a los 71 años, el 28 de diciembre del 2004, condensa y simboliza su inolvidable paso por la vida:

Cuando pienso en la literatura, en la infinitamente diversa aventura de afanarse con el lenguaje para contar historias y transmitir el conocimiento profundo en el que me he anclado, comprometido, durante toda mi vida como persona moral y consciente, pienso en un amplia escala de valores que en realidad son metas o modelos con los cuales juzgo mis actividades personales y literarias.

Como última voluntad, Susan Sontag pidió que sus restos fueran llevados a París, ciudad donde vivió, estudió y enseñó. Ahora descansa al lado de Baudelaire, Beckett y Cortázar en el cementerio de Montparnasse.

Susan Sontag nació en Nueva York el 16 de enero de 1933. Recibió varios premios, entre ellos, el Príncipe de Asturias. A continuación y, a manera de homenaje y de tenerla siempre entre nosotros, presentamos algunos de sus textos en los que habla sobre su vida y su cosmovisión.