Pintor, muralista y grabador, Raúl Anguiano fue, sin duda, uno de los más grandes herederos de la escuela muralista de nuestro país.

Nació en 1915 en la Ciudad de Guadalajara, donde, durante la adolescencia comenzó su enseñanza plástica en la Escuela al Aire Libre de Guadalajara, para años más tarde trasladarse a la Ciudad de México, donde se convirtió en activo participante de la vida artística siendo fundador del Taller de la Gráfica Popular en 1938 y del Salón de la Plástica Mexicana.

Considerado dentro de la segunda generación de muralistas junto con González Camarena y Juan O'Gorman, entre otros, Anguiano continuó fiel a la concepción gráfica de sus antecesores y en su obra, realista con un toque mexicanista, encontramos un reflejo de la gente, de la tradición de nuestro pueblo.

Merecedor de innumerables premios y distinciones, recibió en 1956 la insignia “José Clemente Orozco” que otorga el Congreso del Estado de Jalisco, en 1958 la Medalla de Oro del Salón Panamericano de Arte en Porto Alegre, Brasil, la Condecoración de la República Italiana con el grado de Commendatore en 1977, así como el Premio Nacional de las Artes en el 2000, entre otros.

Entregado totalmente a la creación, a sus 90 años, preparaba un mural para el Instituto Politécnico Nacional, el cual tenía previsto iniciar recientemente.

Al final de su tránsito por la vida, Anguiano pidió regresar a México; a la tierra que lo forjó, pero también al paisaje que inspiró sus más bellas imágenes.

Para quienes aún continuamos recorriendo un tramo de historia, nos quedan sus murales, grabados y óleos, como recreación de un México lleno de colores, de fiestas, drama y vida.

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Contenido: Belén Carranza Saucillo
Diseño: Laura Rojas Paredes