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Mis
parcialidades han sido por la libertad contra el
despotismo y la prepotencia, por el explotado
contra el explotador, por el débil contra el fuerte,
por la alegría contra el dolor, por la esperanza
contra la desesperación. Estoy orgulloso de mis
parcialidades. Jamás fui ni seré imparcial en esta
lucha
del hombre contra el enemigo del hombre, en esta lucha
entre el futuro y el pasado.
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Este
agosto Jorge Amado cerró su ciclo vital. Había nacido un
10 de agosto de 1912, murió el 7 de este mismo mes en 2001, tres
días antes de cumplir 89 años. Novelista, periodista y político,
es considerado como uno de los mejores escritores brasileños contemporáneos.
Nació en la hacienda Aurisidia, próxima a Ferradas, en el
municipio de Itabuna, estado de Bahía, en el nordeste de Brasil,
en medio de la humildad y rudeza de Ias plantaciones de cacao.
La marca de la tierra de su infancia, desarrollada en una zona de hombres
en armas y un mundo de injusticia, mar y brisa, fue decisiva en la creación
de los escenarios de su vasta obra literaria, en la que describe el mundo
de los marginados, pescadores y marineros bahianos. Arruinada su familia
por problemas económicos, se trasladó a Ilhéus, donde
Jorge pasó varios años de su infancia.
Militante del partido comunista, participó en las luchas políticas
de su país. Empezó a publicar en la década de los
30 y en sus textos se denuncian, por una parte, el dolor y la pobreza
y, por otra, la ironía, la fiesta y la alegría como herramientas
populares de protesta.
No le fue fácil. Fue encarcelado varias veces; la primera en 1936.
Un año después sus libros fueron quemados en la Plaza Pública
de Bahía por la policía del Estado Nuevo Brasileño,
en tanto que Amado fue apresado nuevamente y enviado a una cárcel
de Río de Janeiro, donde estuvo recluido por tres años.
En 1941, se vio obligado a exilarse en Argentina. Al volver a Brasil en
1942 fue nuevamente arrestado, aunque puesto en libertad luego de unas
semanas. Su actividad política finalmente lo condujo a abandonar
Brasil para residir primero en Francia y luego en Rusia. Trasladado a
Checoslovaquia, escribió allí los tres volúmenes
de ensayos titulados Los subterráneos de la libertad (1952-1954).
De vuelta a Brasil, publicó en 1958 Gabriela, clavo y canela, que
fue recibida como la creación de uno de los más bellos símbolos
literarios de la narrativa brasileña, así como la consagración
definitiva de Amado como novelista.
En 1961 dejó a un lado la militancia partidista, aunque su obra
tuvo siempre una visión crítica sobre la injusticia, además
de caracterizarse por incorporar personajes populares, símbolos
y sueños pueblerinos en atmósferas de gran sensualidad.
Fue miembro de la Academia Brasileña de Letras desde 1961, alternó
su residencia entre Bahía y París.
Publicados en 52 países, sus libros fueron traducidos a 48 idiomas
y las adaptaciones de sus novelas para cine, radio, teatro y televisión
fueron recibidos con gran placer estético por diferentes públicos.
Según Mario Vargas Llosa, uno de los mayores encantos de la obra
de Jorge Amado es el hecho de que "todas las desventuras del mundo
no bastan para torcer el deseo de supervivencia, la alegría de
vivir, el ingenio juguetón para superar el infortunio, que animan
a sus personajes".
Descanse
en paz

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