Todas las tardes subo
a lo alto de un pino
y me monto a caballo
en el tronco más fino.

Cuando hay brisa, se mueve
y es como si anduviera
trotando entre las hojas,
corriendo una carrera.

Si sopla mucho viento,
bajo su verde pelo
le aparecen dos alas
y volamos al cielo.

©  Carlos Marianidis