Como era el mundo de los mexicas



Tomado del libro Hijos de la Primavera: vida y palabras de los indios de América, F. C. E., México, 1994, pág. 61
Coordinador: Federico Navarrete Linares
Adaptación: Federico Navarrete Linares.
Ilustrador: Felipe Dávalos.


Decían los viejos mexicas que el mundo en que vivimos es cuadrado y está completamente rodeado por el mar. A cierta distancia de la Tierra, el agua se levanta como una pared y se eleva hasta el cielo. Por eso el océano es azul como el firmamento y se llama el agua del cielo.

La Tierra está dividida en cuatro rumbos. Cada uno es como el pétalo de un trébol de cuatro hojas y tiene su color y su nombre: el Oriente es rojo y se llama Caña, porque las matas de caña se elevan como el Sol al amanecer; el Norte es negro porque es el rumbo de la muerte y se llama Pedernal, pues los cuchillos de piedra son negros; el Poniente es blanco y se llama Casa, porque es la casa donde se mete el Sol; el Sur es azul y es el rumbo de la vida, se llama Conejo porque los conejos son los animales que más se mueven. El centro del mundo es verde, como las piedras preciosas que llamamos chalchihuites. Ahí es donde todo se reúne en paz y equilibrio.

En cada rumbo de la Tierra hay un inmenso poste que sostiene el cielo. Los postes tienen forma de trenzas, porque por ellos bajan y suben los dioses que viven en el cielo o bajo la Tierra. De esta manera vienen a la Tierra a ayudarnos o a hacernos daño. Los brujos saben subir por esos postes para hablar con los dioses.

Sobre la Tierra hay trece cielos. Los nueve más altos son de los dioses. Hasta arriba vive el dios que lo creó todo, el Dios Doble. Es hombre y es mujer, pues en el mundo todas las cosas son masculinas o femeninas. Se llama el Señor que esté cerca y esté lejos porque barca todo el mundo.

Más abajo están las casas de los distintos dioses y de las culebras de fuego, los cometas y las señales que vemos en el firmamento.

En el quinto cielo arde un fuego azul que pinta el firmamento de ese color. Dicen que el Cielo es nuestro padre y que él fecundó a nuestra madre, la Tierra, para que nacieran el Sol y el mundo en que nosotros vivimos. De su unión nacieron los cuatro cielos que están sobre la Tierra. El cuarto cielo es blanco como la sal y en él viven todos los pájaros. En el tercer cielo vive el Sol y debajo de él vive la mujer de la falda de estrellas, que cubre el cielo todas las noches y lo ilumina con cientos de luces. En el cielo más bajo, entre las nubes, vive la Luna, que siempre anda detrás del Sol pero nunca lo puede alcanzar.

Debajo de la Tierra hay nueve mundos más. En el primero están las venas de la Tierra, que traen el agua del mar hasta las montañas.

Las montañas son como cántaros inmensos pues tienen piel de piedra pero están huecas por dentro. Cuando llueve es porque las aguas guardadas en las montañas salen al cielo a través de las cuevas y se hacen nubes.

Los otros ocho mundos que hay debajo de la Tierra son del reino de los muertos.