Tomado del libro Hijos de la Primavera: vida y palabras
de los indios de América, F. C. E., México, 1994,
pág. 135
Coordinador: Federico Navarrete Linares.
Adaptación: Federico Navarrete Linares.
Ilustrador: Susana Abundis.
Los antiguos pueblos de Mesoamérica se guiaban por dos calendarios: el calendario solar de 365 días y el calendario de los destinos que tenía 260 días.
Los meses del calendario de los destinos tenían 20 días y cada día tenía su nombre (como los días de nuestra semana tienen nombres). Los nombres se combinaban con 13 números hasta hacer 260 días.
Cada día tenía su destino, según su nombre y número, y ese destino se transmitía a los niños que nacían en él. Por eso, los mexicas decían que el carácter de una persona dependía del día en que había nacido. Así describían el destino:
El primer día se llamaba cipactli, monstruo de la tierra. Los nacidos en ese día tenían buena fortuna. Si eran hijos de gente principal, se hacían importantes y ricos; si eran hijos de padres humildes y pobres eran valientes y honrados y acatados por todos. Las mujeres eran ricas y tenían todo cuanto necesitaban para su casa, para gastar en comida y bebida, para hacer convite, para bailar y danzar.
Los que nacían en el signo oclotl, ocelote, eran desafortunados. Los hombres eran tomados prisioneros en la guerra y morían sacrificados, y en todas sus cosas eran desdichados y viciosos. Las mujeres no eran bien casadas.
Los nacidos en el signo mazatl, venado, eran temerosos y de poco ánimo, porque es natural del venado ser miedoso. Cuando oían tronidos y relámpagos sentían mucho miedo. Por eso, los padres, al saber que un hijo había nacido venado, no lo
cuidaban pues estaban seguros de que habría de terminar mal.
En el signo xochitl, flor, nacían personas chocarreras y parlanchinas, pero también truhanes que podían volverse soberbios y desdeñosos.
El quinto signo, llamado acatl, caña, era de muy mala fortuna. Los nacidos en él siempre vivían desafortunadamente y todas sus cosas se las llevaba el viento.
En el signo miquiztli, muerte, nacían personas de muy buena fortuna, que eran respetados por todos. Por eso los padres bautizaban al niño el mismo día que nacía, para que todos supieran que era del signo miquiztli.
Los que nacían en el signo quiahuitl, lluvia, eran malvados, brujos que se podían transformar en animales y sabían palabras para hechizar a las mujeres. Por eso, cuando un niño nacía en quiahuitl, debía bautizarse otro día, para que no se hiciera brujo.
El día malinalli, trenza, era desafortunado. Los que nacían en él eran prósperos algún tiempo, pero luego caían de su prosperidad. Tenían muchos hijos pero se les morían todos.
En el signo coatl, serpiente, nacían hombres bien afortunados y prósperos y felices que eran dichosos en la guerra. Las mujeres eran ricas y honradas.
El décimo signo, tecpatl, pedernal, era un signo feliz. Los hombres que nacían en él eran valientes, honrados y ricos. Las mujeres eran hábiles, bien habladas y discretas. Nunca les faltaba qué comer.
Los que nacían en el signo zomatli, mono, eran alegres y amigos de todos. Se hacían cantores, bailarines o pintores. Aprendían bien cualquier oficio por haber nacido en ese signo.
En el signo cuetzpalin, lagartija, nacían personas flacas, nervudas y sanas. Eran diligentes y vividores. Al igual que la lagartija, las caídas y los golpes no los dañaban, sino que inmediatamente se recuperaban. Eran grandes trabajadores y
con facilidad conseguían riquezas.
El signo ollin, movimiento, era considerado indiferente. Los que nacían en él podían ser buenos o malos.
Los que nacían en el signo izcuintli, perro, eran bien afortuna dos. Se hacían ricos y tenían muchos esclavos y daban muchos banquetes.
El decimoquinto signo es calli, casa, y era considerado un signo mal afortunado que engendraba pecados y errores. Los que nacían en este signo morían de mala muerte y todos esperaban que fueran sacrificados o fueran ejecutados por algún delito. Aún si esto no les acontecía, eran desdichados y tristes, andaban por ahí asaltando o robando o engañando a los demás en el juego.
El signo cozcacauhtli, águila de collar, es el signo de los viejos. Los que nacían en él tenían larga vida y eran siempre prósperos y felices.
De los que nacían en el signo atl, agua, la mayoría eran desafortunados y encontraban una mala muerte, pero algunos eran venturosos y vivían felices.En el signo ehecatl, viento, nacían brujos y hechiceros, hombres que se podían transformar en animales.
El signo cuauhtli, águila, era de gente valiente y orgullosa, pero también arrogante y grosera que decía palabras soberbias y afrentosas. Presumían de ser bien hablados y corteses, pero eran lisonjeros. Al cabo morían en la guerra. Las mujeres eran deslenguadas y malvivientes.
El último signo es tochtli, conejo. Los que nacían en él eran buenos trabajadores, grandes granjeros que sembraban todo tipo de semillas y cosechaban mucho maíz y legumbres con que llenaban su casa. Miraban las cosas de adelante, sabían guardar para el futuro y para sus hijos, protegían su honra y su hacienda.
Cuando un niño nacía, el sacerdote de su barrio informaba a sus padres cuál sería su destino y ellos lo educaban para que supiera aprovechar su buena fortuna o evitar la desventura. También era posible evitar los días más desafortunados si se bautizaba al niño unos días después, de manera que cambiara su signo.
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