La liebre hizo que la tierra tuviera luz



Tomado del libro Hijos de la Primavera: vida y palabras de los indios de América, F. C. E., México, 1994, pág. 185
Coordinador: Federico Navarrete Linares
Adaptación: Elisa Ramírez.
Ilustrador: Andrés Sánchez de Tagle.

Los viejos esquimales cuentan que en los primeros tiempos no había luz en la Tierra. Todo estaba a oscuras, los animales no podían verse, tampoco se podía mirar el paisaje. Los animales ya vivían aquí, los hombres también. Entre unos y otros no había diferencia y vivían juntos. Cualquier persona podia convertirse en animal; cualquier animal podia transformarse en hombre: lobos, osos y zorras, al vo lverse gente, eran iguales. Tenian diferentes costumbres, pero hablaban el mismo lenguaje.

Fue entonces cuando aparecieron las palabras mágicas. Cualquier palabra era poderosa. Bastaba decir lo que se quería, para que sucediera. No se sabe cómo, pero así era. Fue entonces cuando el zorro dijo:
    -Tac-tac... oscuridad, oscuridad.

En la oscuridad podría robar sus presas a los demás sin que lo descubrieran.

Pero afortunadamente no estaba solo

-Ubleg-ubleg ... día, día -gritó la liebre, que quería luz para encontrar hierba.

Y el mundo fue según lo nombró la liebre, pues sus palabras eran más poderosas.

Vino el día y reemplazó a la noche. Pero luego volvió la noche, porque el zorro también había hablado y sus palabras tenían poder.

Desde entonces, aparecen en turnos, uno después del otro.