Tomado del libro Hijos de la Primavera: vida y palabras de los indios
de América, F. C. E., 1994, México, pág. 130.
Coordinador: Federico Navarrete Linares
Adaptación: Elisa Ramírez.
Ilustrador: Susana Abundis.
Entre los
esquimales, no solamente los niños juegan. En las largas temporadas de ocio durante el invierno, cuando no se puede pescar ni cazar, también los adultos organizan juegos para ejercitarse y mostrar su destreza.
Para jugar escondidillas primero escogen al que se esconde. Los
demás jugadores agachan la cabeza para no mirar a dónde corre el elegido. Uno solo se esconde y todos los demás lo buscan; cuando lo hallan, lo persiguen. El primero en tocarlo gana y debe esconderse. El otro queda fuera. El juego si
gue hasta que todos se han escondido.
También juegan al lobo. Escogen a uno de los niños,
el caribú, que es la presa. Le dan cierta ventaja. Luego, los lobos corren tras él. El primero en tocarlo gana. Después el ganador tiene que representar al caribú.
En el juego del silencio, esta prohibido hablar o reír. El
primero en reír recibe un nombre gracioso. Cuando vuelven a comenzar, todos lo miran para hacerlo reír de nuevo. Los niños conservan los apodos hasta que finaliza el juego.
Las niñas juegan a las muñecas. Juegan a la casita, al papá y a la mamá. Arremedan a los mayores.
Los niños juegan al tiro al blanco recortando figuras de hombres o animales de nieve y apuntándoles con arcos y flechas.
En el juego de la tumba, uno de los niños representa al muerto. Los demás ponen piedritas hasta delinear perfectamente su silueta en la nieve.
El nuklugak es un trozo de hueso o madera lleno de agujeros
que cuelga del techo. Los jugadores deben aventar palitos delgados para
ensartarlos en los agujeros.
Como en todo el mundo, se hacen cosquillas, se dan golpes, se dicen
adivinanzas y se cobran prendas.
Dicen los esquimales que quienes saben jugar brincan sobre la adversidad. Quien canta y llora no puede ser malo.
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