![]() Tomado del libro Hijos de la Primavera: vida y palabras de los indios de América, F. C. E., 1994, México, pág. 102 Coordinador: Federico Navarrete Linares. Adaptación: Elisa Ramírez. Ilustrador: Andrés Sánchez de Tagle.
"Lo primero que recuerdo es ver a mi madre sola, en una casita de
nieve, lejos de nuestra casa. No entendía por qué debía estar en otra casa, pero me dijeron que acababa de tener un hijo y estaba 'contaminada'. No debía acercarse a los animales que los hombres cazaban. A mi me permitía
n visitarla cada vez que quería, pero nunca encontraba la entrada de la casita.
Yo, era tan pequeña que no podía ver sobre los escalones de nieve de la entrada.
Gritaba: 'Madre, quiero entrar' Alguien me levantaba y me ponía del otro lado de la puerta. La plataforma donde mi madre se sentaba era tan alta que tenía que cargarme para que pudiera subir.
"Regalaron un traje hermoso a mi nuevo hermano.
"A los niños recién nacidos se les hace un traje de
de cuervo con plumas en la parte exterior; así serán buenos cazadores, pues los cuervos son capaces de encontrar sustento siempre y no emigran durante el invierno como
otras aves.
"Cuando una mujer da a luz, debe hincarse. El niño cae directamente sobre la nieve y nadie debe tocar a la mujer. La mujer dice los nombres de todos los muertos hasta que el niño llora y escoge uno. Al recibir ese nombre, reciben tambi&ea
cute;n las características del ancestro que se llamó así, y el espíritu de ese antepasado lo acompaña hasta que es hombre.
"También hay que decir palabras mágicas antes de darle de mamar por primera vez. La mujer siempre corta el ombligo con un trozo de pedernal".
Otro día, el propio Aua me contó de su infancia:
"Para resguardar el alma del recién nacido, los chamanes deben sacarla del cuerpo del niño antes de limpiarlo. La placenta se entierra con cuidado en un lugar oculto, la lleva el padre y tiene buen cuidado de no dejar huellas para que na
die sepa dónde ha quedado.
"Cada hombre tiene un cuerpo, un nombre y un alma. El alma es realmente la que da la vida verdadera, es la que hace de un hombre un hombre, de una foca una foca y de un perro un perro. Es muy semejante al cuerpo. El alma de una foca es como una foca pe
queñita; la de un hombre, es una personita.
"-Nació para morir -dijo la chamana Ardjuac cuando me vio -pero
vivirá.
"La mujer se quedó con mi madre hasta que reviví.
"Mi madre comía una dieta muy estricta y seguía
fielmente las reglas: si comía parte de una morsa, nadie más debía probar la carne de ese animal. Lo mismo con las focas y los caribes. Sólo bebía agua fría, pues si la tomaba tibia, yo no crecería. Ten&iac
ute;a trastes especiales y nadie más debía usarlos. Nadie podía visitarla. Me hicieron un traje especial: el pelo del vestido no debía apuntar hacia arriba ni hacia abajo, debía sólo dirigirse hacia mi piel. Ning&
uacute;n
niño tiene ropa al nacer. No debe coserse ni una prenda antes de saber si vivirá . Todos los niños entran al amuat por primera vez desnudos, sólo con zapatitos de piel. Luego se les hace ropa; a partir entonces jamás se le pued
e volver a colocar desnudo en el amuat.
"Cuando mi madre comía, me ponía sobre su regazo y hacía el gesto de remar un kayak. Esto me haría un buen proveedor de comida para la familia en el futuro. Al salir la Luna, ponía un trozo de nieve en mi boca, ya que
la Luna es buen cazador.
"Ya era un niño grande cuando salimos de la choza. Todos se portaban muy amables con mi madre, la invitaban a su casa. Íbamos de visita, pero debíamos regresar pronto, pues a los espíritus no les gusta que los niños s
e alejen mucho rato de sus casas. Si las madres se entretienen, pierden el pelo de la coronilla. La Luna roba sus hijos a las mujeres. Dicen que se los lleva porque es un gran cazador de focas, que son como niños. Los espíritus atacan a los
niños más que a los adultos.
"Yo no sabía entonces nada de esto y, como me gustaban las visitas, golpeaba furioso el cuerpo de mi madre con mis pequeños puños, no quería volver, le orinaba la espalda cuando me cargaba de regreso.
"Nadie puede ser buen cazador o chamán si va mucho rato a casa de los otros. Las mujeres no deben tener mucho tiempo a los niños en su amuat me explicaban.
"La primera vez que vi la Luna fue tanto mi gozo que le arrojó
el agua de un balde. La Luna da suerte a los cazadores y fertilidad a las mujeres.
"Cuando era pequeño jugaba a hacer figuras de hilo. Además de ser un juego, los hilos forman figuras entre los dedos para recordar las partes de una historia y para decir los lugares por donde se hace un viaje. Hay un espíritu que
se llama Toatnaurshuk, que es el espíritu de las figuras de hilo. Se lleva a las mujeres que pierden el tiempo jugando con hilos. Él hace las mejores figuras y las más complicadas, porque usa sus propias tripas para formarlas.
"Nuestra gente cuida mucho a los niños, los protegen contra los males de muchas maneras: cuando un joven o una madre se peinan, todos los niños de la casa deben quitarse las capuchas, si no lo hacen, morirán.
"Un niño que nunca se acuesta entre su padre y su madre puede hacerse invisible cuando caza animales y acercarse fácilmente a ellos.
"Si se ata un trozo pequeño de bazo de zorro en el interior del calcetín de un niño, no romperá el hielo delgado cuando sea mayor y tenga que perseguir a las morsas y las focas.
"Si se desea que una niña sea hábil costurera, cuando tiene edad para aprender a coser, su madre cose con mucho cuidado un anillo de costura hecho de hocico de caribú en su chaqueta interior.
"Los niños que sobreviven aprenden pronto la dura vida de los esquimales: un niño de 8 años camina ya más de veinte kilómetros en una sola jornada y puede pasar hasta veinte horas sin dormir. También sabe tirar
con gran destreza y aprende a orientarse en la niebla. Hay que poner atención al menor detalle, pues de ello depende su vida.
"Al salir el Sol por primera vez después de la larga noche del invierno, los niños deben apagar las lámparas y volverlas a prender, para recibir al Sol con nueva luz."
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