Aquella mañana Kinava se levantó temprano. Nadie en el campamento había despertado todavía. Kinava se alejó del toldo bajo el cual dormía con sus padres y sus hermanas y caminó hacia la playa.



    Soplaba un viento helado que ponía la carne de gallina. Kinava regresó al campamento para tomar una brasa de la hoguera y volvió a la playa. Subió a la barca de su familia y colocó la brasa en un pequeño montón de tierra sobre el cual se encendía el fuego para calentar a los tripulantes. Allegó ramas y trozos de madera y la hoguera empezó a arder.

    Kinava miró hacia el mar profundo y se llenó de aire los pulmones. El día anterior había tenido lugar su ceremonia de iniciación. A partir de hoy todos en el campamento lo reconocerían como un hombre; se sentía orgulloso.

    Tomó asiento y se puso a revisar los arpones y los cordajes: todo estaba en orden. Luego metió en la barca una red llena de mejillones frescos para comer durante la travesía.

    "Si ya soy un hombre, un hombre que puede mandar, cazar y buscar mujer -pensó Kinava-, ¿por qué no voy a navegar yo solo? Tal vez pueda traer un lobo marino al campamento. Y si lo consigo, todos me respetarán..."

    Kinava botó la barca y empezó a remar; la corriente lo ayudó a alejarse rápidamente de la orilla. Cuando estuvo lejos se dio cuenta de que tenía algunos problemas: él era fuerte y podía remar incansablemente, pero necesitaba algo así como una esposa que llevara el rumbo de la barca con el remo trasero, y necesitaba algo así como un hijo, o dos, que alimentaran el fuego y divisaran las focas a lo lejos.

    El fuego se apagaba y Kinava sentía cada vez más frío. La barca, ya sin rumbo, era arrastrada por la corriente. Kinava vio con tristeza cómo su embarcación se dirigía sin remedio hacia un grupo de enormes placas de hielo que golpeaban fuertemente entre sí.

    -¡Es el fin!- exclamó Kinava, y en ese momento despertó.


    * Tierra del Fuego: Los indios de la Tierra del Fuego, en el extremo sur del continente americano, vivían de la caza de la foca, el pingüino, la ballena y el delfín, y de la recolección de mejillones. Vestían exclusivamente en un capote de piel y navegaban en rústicas barcas de corteza de haya cosidas con barbas de ballena. Muy cerca de las costas de la Tierra del Fuego se encuentra el continente helado y sus enormes icebergs.