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Guarabó era un muchacho común que vivía en las afueras de la aldea, en una casa igual a todas las demás. |
Cierta mañana, Guarabó iba rumbo a la parcela de su familia para ayudar a su padre a concluir la cosecha de la yuca cuando vio por el camino a una joven tan hermosa que no parecía de verdad. A partir de ese día, Guarabó no volvió a ser el mismo.
Pasaba las horas tumbado en su hamaca, meciéndose y cantando una canción breve y monótona. Como las tareas del campo habían concluido por el momento, nadie en la familia reprendía a Guarabó, pero todos se sorprendían de ese repentino cambio de personalidad.Una noche de luna llena la melancolía de Guarabó se convirtió en pasión y ésta en astucia. Al día siguiente, Guarabó se dio a la tarea de averiguar. Averiguó que la muchacha se llamaba Pejibai, averiguó que era una de las hijas del gran cacique de la villa vecina y averiguó también que Pejibai salía muy raras veces de la casa que su padre les tenia asignada a ella y sus hermanas.
Cierto día de fiesta, cuando todos los de la villa estaban absortos en la contemplación del juego de pelota, Guarabó se acercó hasta la casa de Pejibai y se puso a observar a través de las rendijas que quedaban entre las ramas y los carrizos. La hermosa Pejibai bostezaba y estiraba los brazos sentada sobre su hamaca. Guarabó no cabía en sí de la emoción y se puso a silbar como un pájaro hornero para atraer la atención de Pejibai. Silbó y silbó. Imitó a la perfección al hornero. En el lenguaje propio del hornero le dijo a Pejibai que la amaba, que la amaría siempre.
Pejibai dejó de bostezar, parecía conmovida, salió de la casa, miró a su alrededor... vio un pájaro hornero que casualmente pasaba frente a la puerta en ese momento, lo tomó entre sus manos, lo apretó contra su pecho desnudo. Guarabó se quedó inmóvil, desconcertado. Pejibai vivió para siempre enamorada de aquel hornero y aseguró a todos que el pequeño pájaro le había hablado por su nombre y le había jurado amor eterno.
* Los Taínos: En la Isla Española (hoy Haití y República Dominicana), floreció en la antigüedad la cultura taína. Entre los taínos, como entre los muiscas de Colombia, había poderosos caciques. Ellos y sus parientes gozaban de ciertos privilegios. Los familiares del cacique taíno, por ejemplo, vivían en casas de mayor tamaño y mejor hechura que las del común de la gente.
La cercanía con la península de Yucatán dio lugar a que los taínos adoptaran algunos elementos de la cultura mesoamericana, como el comal y el juego de pelota.