El escultor hizo un nuevo intento: tomó su cincel de piedra, trabajó durante un buen rato y una vez más volvió a desistir.

    -Es imposible, no lo recuerdo.




    El artesano más experimentado, a quien se había encomendado la tarea de labrar las principales imágenes del santuario, no podía continuar su trabajo porque no recordaba la forma de las fauces del felino.

    Tan pronto como el sacerdote mayor lo supo, mandó llamar a sus más rápidos mensajeros, al capitán de la guardia y a algunos otros servidores. —¡Traigan fieras pronto! El sacerdote mayor tenía la costumbre de dar todas sus órdenes por medio de tres palabras sencillas y rotundas. Sus servidores estaban obligados a interpretar estas órdenes correctamente a pesar de su forma escueta. "Hagamos guerra ya", "Atrapen al bribón", "Ofrenda dios rayo", etcétera.

    Así pues, no había necesidad de decir que las fieras eran felinos y que había que traerlos de las montañas del este y de la selva. A los diez días, los mensajeros regresaron al frente de un grupo que numerosos felinos envueltos en redes.

    El sacerdote hizo que las fieras fueran llevadas a la presencia del artesano que trabajaba en el gran patio central. El artesano se mostró satisfecho y escogió entre todas las fieras a un jaguar. Miró al jaguar de frente y pidió que le quitaran las cuerdas que inmovilizaban sus fauces. Liberado de aquellas amarras, el jaguar profirió un bello y fuerte rugido.

    -Ahora necesito ver en libertad al animal- indicó el artesano. Sin chistar, los guardias y mensajeros se fueron retirando del patio, y el último de ellos soltó la cuerda del jaguar y lo dejó libre.

    Los hombres que entraron al patio horas después descubrieron que el artesano había terminado su obra maestra, en la cual las fauces del felino se representaban con su natural ferocidad, y vieron al felino manso, quietecito, adormilado en una esquina del patio. Ahora bien, del artesano únicamente quedaban algunos huesos grandes.


    * Chavín de Huantar: El más importante de los primeros focos de civilización del área andina fue Chavín de Huantar, gran centro ceremonial situado en un valle de los Andes.
    Al igual que sus contemporáneos olmecas, la gente que vivía en Chavín rendía culto al felino y lo relacionaba con el poder sagrado de los gobernantes.
    En Chavín surgieron las primeras grandes esculturas en piedra del área andina.