La pequeña Naterk y sus padres se encontraban dentro del iglú, bien protegidos del viento helado.

    Togiak, la madre, reparaba las costuras de un pantalón de piel de caribú, pues habían comenzado a aflojarse y dejaban entrar el frío. Iniuk, su esposo, estaba metido en la cama, entre las pieles, dispuesto a dormir, con la mirada fija en la llama que salía de la candela.

    -¿Es mi hermano un buen cazador?- preguntó Naterk.

    -Si lo es -contestó su madre- , hoy tendrá ocasión de demostrarlo.

    No había terminado Togiak de decir esto cuando se escucharon los ladridos de los perros y el paso del trineo por la nieve.

    -¡Es Punyk! ¡Está aquí! ¡Ha vuelto!- gritó Naterk.

    Apartando las pieles que cubrían la entrada, Punyk metió la cabeza en el iglú familiar, se retiró las gafas protectoras y dejó al descubierto unos ojos tan rasgados y unos mofletes tan rojos que a la pequeña Naterk no le cupo la menor duda.

    -¡Punyk!

    -Tres focas maté, tres focas metí en el trineo, tres focas he traído a casa, con mis propias manos. Soy tres veces hombre -declaró Punyk, orgulloso.

    -Digamos que sabes cazar -se apresuró a decir su padre-. Cuando hayas construido un iglú en medio de una tormenta de nieve, con tus propias manos, para proteger a tu mujer y salvar tu vida, entonces podrás decir que empiezas a convertirte en hombre.



    * Los esquimales: Los esquimales, extraordinarios cazadores y pescadores, han vivido por siglos en las condiciones más duras que un grupo humano haya enfrentado; en un paraíso helado donde el invierno dura más de ocho meses y la luz del sol desaparece por completo durante varias semanas.

    Las presas predilectas de los esquimales son la foca, la ballena y el caribú. Como prácticamente carecen de leña, los esquimales se iluminan y calientan usando como combustible el aceite de ballena.