Las casas de aquella aldea tenían varios pisos y múltiples habitaciones, pero no tenían puertas; se entraba a ellas por las azoteas, en donde había un pequeño hueco y una escalera de madera que se ponía y se quitaba: todo ello con la finalidad de protegerse de los ataques de indios enemigos.
Kiwasi era una muchacha muy joven que vivía con su familia en una de estas casas. Cierta mañana, Kiwasi salió de su casa un poco harta de pelear con su mamá, se alejó de la aldea y subió a un risco de las cercanías. En lo alto del risco encontró un pedazo de pirita, una piedra muy brillante con la cual los aldeanos de la región solían hacer señales luminosas para comunicarse a larga distancia y prevenirse contra los frecuentes ataques de los shoshonee y otros grupos merodeadores.
Kiwasi frotó la pirita contra su falda para darle brillo y se puso a jugar con ella, buscando los rayos del sol. Los hombres que estaban de guardia en la aldea vieron los destellos en lo alto del risco y pensaron que alguno de los centinelas hacia señales de aviso por la presencia del enemigo, así que se apresuraron a reunir a la gente para preparar la defensa. Las mujeres y los niños se refugiaban dentro de las casas y los hombres se apostaban en las azoteas y en las entradas de la aldea.
Como el enemigo no llegaba, algunos hombres de la aldea salieron para inspeccionar los alrededores. Su sorpresa fue cuando descubrieron a Kiwasi jugando con la pirita en el risco en donde se pensaba que estaba el centinela que había hecho la señal de alarma. Los exploradores bajaron con la muchacha a la aldea, la gente se tranquilizó al saber que todo había sido una confusión y Kiwasi fue regañada severamente por su madre.
A la mañana siguiente, Kiwasi salió de su casa un poco más harta que el día anterior a causa de los regaños de su madre. Se las ingenió para encontrar otra pieza de pirita y se puso a hacer señales. La gente de la aldea pensó que era una alerta de ataque y la escena del día anterior se repitió.
Al tercer día, la mamá de Kiwasi caminaba fuera de su casa en el momento en que aparecieron los destellos en el risco. "Muchacha insolente", pensó de inmediato, y se apresuró a decirles a los guardias que no se preocuparan, que ella en persona subiría al risco para enseñarle a esa mocosa a comportarse debidamente.
La señora se acercó al risco, vio a su hija sentada con la piedra entre las manos, subió y estaba a punto de pegarle un grito cuando vio algo sorprendente en los valles de los alrededores: toda la nación shoshonee parecía haberse dado cita aquel día; los enemigos avanzaban empuñando lanzas, hachas y cuchillos, con la cara pintada de guerra y el gesto feroz del guerrero shoshonee.
* Aldea del Suroeste: En el Suroeste de Estados Unidos (particularmente en los actuales estados de Nuevo México y Arizona, y también en parte de Chihuahua) proliferaron aldeas de agricultores que aprovechaban pequeños ríos próximos a las montañas.
Dichas aldeas estaban construidas por regla general al amparo de las grandes paredes de roca típicas de aquella región, y el color ocre de sus muros de adobe solía confundirse con el paisaje.
La defensa era una de las procupaciones fundamentales de aquella gente, siempre a merced de los grupos hostiles de cazadores-recolectores que vivían en las áridas regiones vecinas.