Siempre estaba en el jardín mirando la flor de la majagua cambiar de color según pasaba el día, y la flor de la mariposa, porque decía que de ella salía el olor de Cuba. Ella decía que la flor de la mariposa olía un poquito a mar y a ceiba y a palma y a niña recién bañada. El jardín era muy hermoso y había flores y matas de todas clases y colores: azucenas y gardenias, dalias y geranios, adelfas y framboyanes, claveles y coralillos, vicarias y clavellinas, embelesos y albahacas moradas y de corazoncito y de anís y silvestres, y begonias y galanes de noche, y filigranas y marpacíficos y alamandas y lobelias y gladiolos y lirios y cajigales y pompones y aralias y piscualas y girasoles. En fin, de todas clases de matas y flores había en el jardín de Claribel. Pero dicen que ella prefería una rosa que tenía cada pétalo de un color distinto. Dicen que siempre estaba en el jardín con sus semillas y su tijerita y su cuchillita de injertar. Dicen que buscaba lograr una dalia de siete pétalos que fuera azul y que cuando saliera el arco iris en el cielo, cada pétalo tomaría uno de sus colores. Dicen que ella decía que esa dalia sería el arco iris de la tierra.



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