Dicen que era maravilloso lo que sucedía cuando Beatriz soñaba con los ojos abiertos. Le cambiaba el color al cielo porque ella soñaba cielos de todos colores. Dicen que, por sus sueños, un día en la lagunita de Bayajá apareció, reluciente al sol, un hombre en pie sobre una barca de flores tirada por tomeguines y canarios. Un día, porque ella lo soñó así, una rama cayó en el jardín frente a la casa, arraigó al instante, y al instante se hizo un árbol frondoso, cuyas hojas producían los más dulces sonidos. Y también una vez al lado de la casa, entre los cedros, se levantó una taza de mármol muy blanco de la que se elevaba un surtidor de veinte pies de altura que nunca se agotaba. Pero dicen que lo más maravilloso era cuando a Beatriz le daba por soñar con arco iris, porque el cielo todo se cubría de ellos.


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