Dicen que Fortunata les hacía pompas de jabón que no reventaban en el aire, y que después jugaban con ellas como peloticas transparentes, y dicen que Fortunata los llevaba al bosque, los enseñaba a sembrar y a diferenciar la musiquita que hacen los distintos árboles cuando los toca el viento. Y dicen que también los llevaba al arroyito del pinar y les hacía barquitos de papel que corriente abajo iban creciendo y aseguraban que llegaban al mar y se iban como una banderita cubana por todos los mares del mundo. Y que recortaba conejitos y venados y perritos y jutías de papel que se volvían de verdad y echaban a corretear por el bosque. Y que les regalaba muchas cosas: papalotes, lápices de colores, banderitas, y dicen que unos lirios de merengue igualitos a los que Claribel tenía en el jardín.

Dicen que los niños de Fortunata, todos, tenían la pañoleta de pionero, y un gorrito de hule los varones y de terciopelo las niñas. Que los enseñaba a cantar y que el coro de los niños de Fortunata se oía en todo el bosque.

Dicen que los niños iban a Fortunata como las mariposas a Claribel y los pájaros a Gabriela.


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