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El crecimiento de la población humana durante el siglo XVIII trajo consigo la búsqueda de nuevos territorios para colonizar. La salida de los jesuitas en 1768, orden religiosa que se oponía a la propiedad privada facilitó la colonización, con lo cual se impulsó la lenta invasión del territorio en que vivía el borrego cimarrón.
Los ranchos, establecidos para la cría de ganado, ocuparon los lugares donde había agua. En pocos años, los cimarrones se vieron privados de sus fuentes de agua y comida, al alcance de las armas de los cazadores, y además debieron luchar contra las ovejas domésticas, cabras, puercos, vacas, caballos, mulas y asnos que llegaron con los seres humanos y empezaron a competir por la comida, el agua y el espacio.
En el sur, en El Arco, Calmallí y Pozo Alemán, los colonos también se apoderaron de los mejores sitios y alimentaron a sus peones con animales silvestres. Lo mismo sucedió con El Barril, el puerto sureño del golfo de California, que nació con la concesión de Adolfo Bülle. Por ahí se embarcaron productos mineros hasta este siglo.
Estos lugares tenían miles de trabajadores, así que los cazadores salían al monte y traían borregos para satisfacer la demanda de carne roja en una zona donde era prácticamente imposible criar animales domésticos. Tales asentamientos coinciden con la disminución de las poblaciones ovinas en el sur del estado.
En esta época, además, comenzó
a usarse el rifle de repetición,
que carga varias balas, en lugar del de un solo tiro.
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La disminución
de las poblaciones de borregos silvestres está relacionada directamente
con la evolución de las armas de fuego, sobre todo en los últimos
150 años. En su Derrotero, el padre Fernando Consag escribió
que el 20 de junio de 1746 tuvieron que disparar escopetas para ahuyentar
a los nativos que querían atacarlos en la Bahía de los
Ángeles. Fueron éstos los primeros disparos en los territorios
habitados por el borrego.
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Los burros (Equs asinus) que escaparon
de los colonizadores y mineros desde fines del siglo XVI se adaptaron al hábitat
borreguero y han causado al cimarrón un enorme perjuicio. Cabras, vacas
y caballos han tomado también su espacio, agua y comida, aunque sólo
el burro es capaz de remontarse hasta las zonas donde viven los borregos salvajes.
Como es más grande, agresivo y fuerte que el borrego, lo desplaza de
aguajes y pastizales, o bien de los ricos montes de ramoneo.
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A diferencia del borrego, a su paso el burro arranca de raíz cualquier planta. Es capaz de treparse a los cerros, aunque no puede correr por riscos y cantiles, como lo hace el cimarrón. Los investigadores coinciden en que es necesario erradicar a los burros del entorno ovino.
Los borregos son propensos a contraer enfermedades del aparato respiratorio. Diferentes bacterias atacan sus pulmones, tráquea y fosas nasales. En la sierra es común descubrir cimarrones en las serranías al escuchar su tos. Antes se pensaba que la tos ovina era una costumbre, un ruido natural de su especie. Ahora sabemos que no es así. Un borrego sano no tose.
Es muy probable que enfermedades como la neumonía sean causa de la alta mortalidad de las crías antes de llegar al primer año de edad. Los guías borregueros no acostumbran comer el hígado de este animal, como lo hacen con el venado. Según ellos, siete de cada diez borregos alojan lombrices en el hígado. Otra característica, común entre los borregos más viejos, es que sus pulmones adquieren un color negruzco.
Diversos investigadores han encontrado que, además de las bacterias, los ovinos sufren enfermedades virales. Hay pruebas de borregos muertos de lengua azul, una enfermedad del ganado, que se encuentra también en venados y que es propagada por ciertos insectos.
Algunos hongos afectan al cimarrón. En
Arizona se han registrado dos casos de dermatitis
en borregos salvajes. Pero el daño más común y notorio
es el que causan los parásitos externos. Muchos borregos están
infestados de garrapatas que les transmite el ganado. Además de gusanos
en el hígado, se han encontrado otros parásitos en el sistema
disgestivo.
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Macho
adulto muerto por enfermedaden el Cañón Providencia, Baja
California.
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El borrego viejo
A partir de los diez años de edad, la vida del borrego se torna crítica. Un estudio realizado en Nevada sobre porcentajes de mortandad natural demostró que en un grupo de 100 borregos cimarrones sólo uno alcanzó a vivir 16 años.
Según el mismo estudio, de 100 borregos nacidos en 1953, diez años más tarde apenas quedaban 30. Al año siguiente sólo quedaban 16, y seis en 1965. En 1966 había dos y el último murió al año siguiente. Estas cifras y plazos muestran que solamente alrededor de 30 por ciento de la población de los borregos cimarrones alcanza la madurez.
En sus últimos diez años, las cornamentas se resecan, se vuelven quebradizas y terminan petrificándose. W. Temple Hornaday lo comprobó en la cacería que realizó en El Pinacate, Sonora, la región más árida de América, y lo relató en su libro Fogatas en el desierto y lava (1908).
Además, los dientes del cimarrón se desgastan en forma acelerada debido a la cantidad y calidad de los abrasivos que ingiere, tales como arenas y metales en polvo. Su cuerpo sufre grandes transformaciones: se encajan los huesos de las caderas y del espinazo; el empeine de la nariz se arquea y bajo la piel se forman unas callosidades que le dan la apariencia de un boxeador veterano.
Sin embargo, debido a que se trata de una especie poco observada, existen dudas sobre la función que desempeña un borrego viejo en el grupo.
Puede enseñar a los más jóvenes
dónde hay refugios seguros y fuentes de agua. Hasta la fecha no se ha
podido comprobar que el macho viejo sea infértil, lo cual pone en duda
la legitimidad de matar borregos viejos porque impiden a los jóvenes
montar a las hembras.
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Al paso
de los años las piedras, arena y metales pulverizados que conforman
el suelo del desierto son determinantes en el desgaste físico
que sufre el borrego de las zonas áridas.
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Podemos
observar cómo el paso del tiempo ha dejado su huella en este
viejo cimarrón.
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Como se ha comentado, la vida del borrego cimarrón se acerca a su fin alrededor de los diez años de edad. Por tal razón, en sitios como California se permite la caza deportiva de machos adultos incluso antes de alcanzar esta edad.
La cacería, primero como una forma de obtener alimento en un medio particularmente hostil y luego por deporte, puso en riesgo la existencia del borrego del desierto, a tal grado que en 1883 se decretó en el estado de California, en los Estados Unidos, una veda. Dicha veda se levantó en 1987, después de 104 años. Durante los primeros seis años (1987-1992) la caza deportiva fue muy limitada y selectiva, ya que el número de permisos fue de unos diez por año. Como se había previsto, se cazaron los machos más viejos, la mayoría de ellos en su noveno año de edad. Pero, como se dijo, no se ha demostrado la inutilidad del borrego viejo, de manera que es posible que esta cacería esté poniendo en peligro la sobrevivencia del cimarrón en ese lugar.
Algunos sitios en Baja California han sido tan
buenos cazaderos de borrego que se convirtieron en campamentos permanentes de
cazadores legales e ilegales. En el sur del estado, por ejemplo, Agua Soda y
San Gregorio, Los Paredones en la sierra de San Borja, y la misma Bahía
de los Ángeles.
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La pasión
del cazador puede resultar un desastre para ciertas especies. Este borrego
tuvo una agonía lenta debido a la mala puntería de un
cazador desconocido. La bala dio en la base del cuerno izquierdo sin
causar la muerte. Durante los siguientes años, la herida provocó
un crecimiento anormal que terminó inmovilizando su mandíbula
inferior. Esto llevó al majestuoso animal a morir lentamente
de hambre y desnutrición.
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Por la ruta actual que atraviesa la península de Baja California, los asentamientos borregueros son Punta Prieta, Agua de León, Jaraguay, Cataviñá y los minerales de El Mármol y El Ónix, hasta el puerto de El Rosario, sobre la costa del Pacífico. En esta zona destacan el área de San Juan de Dios y el lado oeste del pico de Matomí. Hacia el norte, otro rancho borreguero es el de San Francisquito. De la bahía de San Luis Gonzaga han partido muchas excursiones de caza.
El rancho borreguero de Matomí fue fundado por Thomas Dowling en el siglo XX, como casi todos los ranchos al norte del paralelo 300. En el sur de la sierra de Juárez destacan Arroyo Grande y las minas de Jueves Santo y Moctezuma, ubicadas en plena zona borreguera.
Hay quienes piensan que si la vida natural de los borregos acaba poco después de los diez años de edad es mejor aprovecharlos antes de perderlos. Además, con esto el problema de los cazadores furtivos podría atenuarse. Como quiera que sea, es necesario combatir a los cazadores ilegales con rigor.
La cacería legal, es decir, la cacería deportiva también enfrenta un dilema, ya que las grandes cantidades de dinero que ofrecen por un borrego algunos cazadores norteamericanos, hasta 300 mil dólares, despiertan la ambición de ejidatarios de Baja California, quienes exigen permisos. Sin embargo, si los últimos censos indican que sólo quedan 279 animales en el norte y 64 en el sur del estado, esto es, 344 cimarrones en todo el territorio, ¿puede hablarse de cacería alguna?
La cacería deportiva podrá abrirse sólo hasta que los censos, a partir de la veda de 1990, demuestren que el borrego se ha recuperado en plenitud. Pero esto, sin duda, tomará tiempo, ni los cazadores furtivos ni las personas ambiciosas están dispuestas a esperar. Es aquí donde todos aquellos involucrados en la cadena de la muerte del borrego deben convencerse del valor para la vida que tiene este animal y desarticularla.
Cuando desaparezca el peligro de extinción,
la cacería deportiva bien organizada podría generar recursos que
beneficiarán a la especie ya que se pueden utilizar para crear reservas
que garanticen su reproducción, para erradicar
ganado que le transmite enfermedades y proteger su hábitat mediante un
sistema adecuado de vigilancia, censos y monitoreos.
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Sin duda, la fascinación por el borrego cimarrón maduro reside en su cornamenta. Como los copos de nieve o las huellas digitales en los humanos, los cuernos de borregos son diferentes entre sí y hasta la fecha no se ha encontrado un par igual.
Las cornamentas del borrego cimarrón, sostén
de la bóveda del cielo para los kiliwa, representan el trofeo del cazador
y se miden mediante un sistema de puntuación basado en el largo y en
el ancho de los cuernos.
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La cornamenta
de un borrego cimarrón es un trofeo deseado por los cazadores
y útil para los investigadores de la naturaleza. Con los cuernos
y la piel, el taxidermista moderno recrea artísticamente el trofeo
cobrado, para ser admirado por futuras generaciones.
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Las medidas deben realizarse 60 días después de muerto el animal, una vez que la cornamenta se ha secado. Para ello se utiliza una cinta metálica, dividida en pulgadas, para evitar engaños o errores con otro tipo de material más flexible. A partir del punto de la base más largo, que se encuentra arriba del ojo (D-1), se sigue el contorno del cuerno con la cinta, hasta alcanzar la parte más sobresaliente de la punta. Luego, con un lápiz, se marcan en el cuerno tres radios que lo dividen en cuatro partes (D-2, D-3 y D-4). En cada una de ellas se mide su circunferencia, como puede verse en el esquema que aparece en esta columna.
Esto nos da cinco cifras: el largo total del cuerno, la circunferencia de la base y las que se obtienen de medir el primero, segundo y tercer cuartos. Se suman las cinco medidas de cada uno de los cuernos y se obtiene así la puntuación final del trofeo.
Para determinar la calidad del trofeo, también
son importantes la amplitud de la cornamenta vista de frente y el ancho de punta
a punta.
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Esta
es la mayor cornamenta de un borrego
del desierto, cazado en 1940, al
sur de la sierra de San Pedro Mártir, B.C. Midió 205 puntos
y un octavo. Existe una teoría que propone que los cuernos de
los borregos sirven para irradiar calor excedente. Esto explicaría
por qué los borregos de las zonas frías tienen cornamentas
másdelgadas que los cimarrones delos desiertos calientes del
sur.
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Furtivismo, conducta indeseable
Un cazador furtivo es un cazador ilegal, que caza donde o cuando no debería hacerlo. La cacería furtiva no se conforma con borregos viejos; por lo común, los cazadores furtivos cazan hembras y crías. Debido a la gran demanda de esta especie, existe un mercado negro, según algunos, avivado por la veda declarada por el gobierno mexicano en 1990. A pesar de todo, la prohibición es correcta y las autoridades vigilan las zonas con los recursos a su alcance. El problema es que los organizadores de cacerías, a quienes se les pagan hasta 5 mil dólares por borrego, han refinado sus estrategias para burlar la ley.
Son expertos en el desierto y rastrean las sierras en busca de trofeos potenciales. No hay que olvidar que, en la actualidad, se venden ya catalejos con los que es posible mirar casi perfectamente de noche.
Cuando localizan algún cimarrón,
llaman de inmediato a los cazadores furtivos que están dispuestos a viajar
en seguida a la zona. No es necesario que lleven su arma, lo cual podría
requerir explicaciones y mostrar permisos, ni equipo de montaña, pues
un campamento los delataría. Los organizadores de la cacería lo
han previsto todo, de manera que la operación se haga en un solo día.
El cazador regresa al día siguiente a su casa, tal como llegó.
Días más tarde, el organizador de la cacería le hará
llegar la cornamenta deseada.
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| El triste botín de unos cazadores furtivos. La foto fue tomada hace más de 30 años. |
Destrucción
y fragmentación del hábitat
Para comprender la situación actual de
algunos grupos de borrego cimarrón, en particular el cremnobates y
el weemsi de la península de Baja California, así como
los de Sonora, es importante ver que no sólo la caza por necesidad o
por deporte ha afectado su sobrevivencia. A lo largo de tres siglos, nuestra
civilización ha empeorado la situación al destruir y fragmentar
su entorno.
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| Acosado por un helicóptero, este joven borrego intenta esconderse en los matorrales. |
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Al quedar
interrumpido el intercambio genético entre las poblaciones de
California y Baja California sobrevino una catástrofe demográfica
en las poblaciones de borregos del desierto, tal como sucedió
con el cremnobates en el norte. En 1993 sólo quedaban
426 especímenes en California.La línea fronteriza, las
carreteras, los ranchos, la nueva autopista, las minas y el acueducto
Río Colorado-Tijuana han dividido y fragmentado el hábitat
del borrego cimarrón.Esto amenaza la supervivencia de la especie.
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Los primeros ranchos en Sonora, por ejemplo, así como en regiones de California, Nevada y Arizona cortaron con sus cercas las rutas migratorias de los borregos entre montaña y montaña. Esto dio inicio a un lento proceso de aislamiento que ha generado, entre otros perjuicios, que los borregos no puedan cruzarse sino con sus propios parientes, lo cual los ha dañado, sobre todo en el estado de Sonora.
Desde principios del siglo XX, los cañones con agua permanente que bajan de la sierra de Juárez hacia la Laguna Salada fueron ocupados para criar ganado, excepto quizás el del cañón de Guadalupe, dedicado al turismo. Santa Catarina y El Huatamote, por donde el coronel Cantú construyó en 1921 el llamado Camino de los Soldados, con el propósito de unir Ensenada con San Felipe subiendo por el paso del Jamau, se convirtieron en sitios peligrosos para el cimarrón.
Además, se han construido otras tres carreteras en la sierra de Juárez, la vieja y la nueva Rumorosa, y el paso del Jamau, sin olvidar el paso natural de San Matías. Esto significó una severa fragmentación del hábitat del borrego cimarrón.
Dicha fragmentación separó de manera
casi definitiva al cimarrón peninsular norteño y al que habita
en el sur de California, al construirse la carretera Mexicali-Tijuana en 1952.
Más tarde, el acueducto, el poliducto y la nueva autopista han hecho
urgente la intervención de los investigadores, para buscar que el intercambio
genético entre las poblaciones no se pierda.
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La fragmentación
es más evidente en los estados de Sonora y Baja California Sur;
estas pequeñas manchas representan el lugar donde viven actualmente
los borregos del desierto en México.
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En el
trayecto de Bahía de los Ángeles hacia Calamajué
han sido arrebatados al borrego cimarrón los aguajes de San Luis,
Yubai y La Palmita, así como el del mismo Calamajué, donde
se efectúan muchas cacerías de borrego.
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El
cimarrón en la UABC
Lo más importante es estudiar la vida del
borrego y, así, poder ayudarlo a sobrevivir. En la Universidad Autónoma
de Baja California (UABC) el cimarrón es no sólo un símbolo
de fuerza y orgullo sino un tema de estudio al que se le ha dedicado mucho tiempo
y muchos recursos. La guía de los que han estudiado al borrego y lo conocen
es muy necesaria para que los cimarrones sigan ocupando un lugar en las montañas
de México. No olvidemos que su cornamenta es, según los kiliwa,
el sostén de la bóveda celeste.
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La Dirección
General de Investigación y Postgrado de la Universidad Autónoma
de Baja California, la casa del borrego cimarrón,
donde se gestó este libro.
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Un símbolo
universitario a través de los años. El borrego cimarrón
fue adoptado como mascota por la UABC en fecha muy temprana. En 1968,
el profesor de educación física Victorino Vara usó
dicha mascota para inspirar a sus equipos en la Universidad. En 1973,
otro profesor de deportes, José Elías Carranco Hermosillo,
propuso que todos los equipos deportivos de la UABC adoptaran la figura
del borrego cimarrón. Veintidós años después,
el Patronato Universitario logró patentar una figura del borrego
para uso exclusivo de la Universidad. Por último, el 6 de diciembre
de 1996, el Consejo Universitario acordó hacer oficial el uso
del borrego cimarrón como mascota de la UABC.
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En 1929, el naturalista norteamericano Ernest Thompson Seton calculó que la población de borregos de todas las especies en los Estados Unidos a la llegada de los europeos era de unos 1.5 a 2 millones.
Al iniciarse el siglo XIX sólo quedaban de 15 mil a 18 mil cimarrones. En 1936 el ecologista A.A. Nichol estimó que en Sonora había unos 5 mil borregos del desierto y 10 mil en Baja California. Hoy tal vez queden en todo México menos de 5 mil borregos de grandes cuernos.
Los investigadores de la naturaleza, como los que desarrollan sus actividades en la UABC, no creen que el borrego deba cazarse todavía y prefieren estudiarlo con el propósito de mantener sanos a los especímenes que aún habitan en esas regiones, de manera que puedan aumentar su población. Y para estudiarlos es necesario contarlos.
Saber cuántos son, cuántos mueren y por qué, dónde están y hacia dónde se mueven, cuál es su comportamiento y afecciones permite a los investigadores diseñar estrategias que lo mantengan a salvo de las amenazas de extinción.
El principal enemigo del borrego cimarrón
es el puma, seguido tal vez del coyote. Algunos creen que haría falta
eliminar cierto número de pumas y coyotes para garantizar la vida del
borrego. Pero un plan de esta clase debe aplicarse con mucho cuidado, porque
los pumas y los coyotes son especies que también forman parte del entorno
natural y deben sobrevivir.
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El costo
del predador. El puma o león americano mata cada semana un venado,
borrego o animal doméstico para alimentarse.En la zona borreguera
bajacaliforniana, hay regiones en las que por su aridez, no viven el
venado ni los animales domésticos. Es posible que el puma coma
sólo borrego cimarrón. Producir 52 borregos anuales para
alimentar a un sólo puma, requiere de 65 hembras. Resultados
de los últimos estudios y muestreos nos dicen que la composición
del rebaño en Baja California requeriría de 38 machos
para estas 65 hembras, más los añeros y crías hasta
sumar 138 animales. La densidad poblacional del borrego cimarrón
en el norte de Baja California es de 0.32 animales por kilómetro
cuadrado. De esta manera se requieren 441 kilómetros cuadrados
de sierras y vegetación para mantener a los 138 borregos que
mantendrían, a su vez, a un solo puma.
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La depredación del borrego debido a los burros cimarrones y otros animales ajenos a su hábitat, así como a la cacería legal e ilegal, han puesto en riesgo la sobrevivencia de este animal. Según algunos especialistas, para proteger al borrego cimarrón hace falta, incluso, ponerlo a salvo de sus depredadores naturales.
Hay dos maneras de contar borregos, a pie o por aire, y quienes llevan a cabo esta tarea siempre tratan de precisar sus estimaciones indicando cuántos encontraron y en qué extensión de terreno. Estos cálculos permiten tener una idea de cuán numerosa o escasa es la población de borregos en determinada zona. A veces, también ofrecen una comparación entre el número de hembras y crías, donde se pone una atención especial en su fertilidad.
Un esfuerzo coordinado se emprendió en 1964, cuando el gobierno mexicano levantó la veda e inició un programa de cacerías experimentales para conocer más acerca de esta especie en Baja California. En 1976, el biólogo Ticul Álvarez publicó sus cálculos: contó 4 mil borregos en el estado. Con base en esta cifra se expidieron permisos hasta 1990, cuando la veda volvió a entrar en vigor.
Hacia mediados de la década de 1980, el
Programa del Borrego Cimarrón de la Secretaría de Desarrollo Urbano
y Ecología (SEDUE) estimó la existencia de 8,556 borregos. Sin
embargo, debido a que cada año se hacía más notoria la
falta de machos adultos, la delegación de SEDUE en Baja California solicitó
a la UABC un estudio poblacional, el cual se realizó entre 1986 y 1987.
Los universitarios sólo detectaron 180 cimarrones en 387 kilómetros
cuadrados.
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Estudiar
a los borregos cimarrones, contarlos, encontrar las estrategias que
les permitan sobrevivir, es el trabajo de un grupo de investigadores
de la Universidad Autónoma de Baja California.
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El censo realizado en Sonora en 1992 registró 18 crías por cada 100 hembras, y 36 ovejos añeros, es decir, los que cumplieron ya un año de edad, por cada 100 hembras. El censo de abril de 1992 en Baja California, realizado por De Forges, registró 45 crías por cada 100 hembras, además de 22 añeros. La UABC encontró ese mismo año 140 animales en 900 kilómetros cuadrados.
Los censos aéreos, que pueden cubrir una zona más amplia en menor tiempo, dieron inicio en Baja California el mismo año de 1992 con recursos de la Fundación Americana para el Borrego Salvaje (FNAWS) y SEDUE. El registro mediante helicóptero fue de 603 cimarrones en un área de 3,000 kilómetros cuadrados. La Fundación Mexicana del Borrego Cimarrón realizó poco después un segundo censo aéreo y encontró apenas 279 borregos en la misma zona que SEDUE había sobrevolado.
En mayo de 1997 la UABC concluyó la primera etapa de un nuevo estudio sobre el cimarrón en Baja California. Luego de observar el sur del estado, región en la que nunca antes se habían contado borregos y en la que se esperaba encontrar más que en el norte, sólo se encontraron ¡64 especímenes en 10 mil kilómetros cuadrados!
Estas cifras indican claramente que las poblaciones
de borregos cimarrones en Baja California han disminuido de manera alarmante
y que es importante, por el momento, mantener la veda.
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Esta
escultura de un borrego cimarrón, realizada por el autor de este
libro, ocupa un lugar de honor en las instalaciones de la UABC en Tijuana.
El espíritu de independencia y libertad de este animal lo han
convertido en mascota, símbolo y un motivo de inspiración
para los universitarios de Baja California.
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