P r e s e n t a c i ó n
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Nuestro país, México, tiene una gran riqueza en recursos naturales. Esto significa una gran variedad de plantas y animales, montañas, desiertos, valles, ríos, bosques, mares y playas. En el territorio nacional existe tal diversidad de ecosistemas y climas, que hacen de México uno de los países con el mayor número de especies en el mundo.

En un principio, los antiguos pobladores aprovecharon esta riqueza de recursos y sabemos que florecieron grandes culturas como los aztecas, los olmecas y los mayas. Después nuestras maravillas atrajeron a la civilización europea, y a partir de nuestra independencia la fortaleza de nuestra nación se ha basado en la utilización y el aprovechamiento de los recursos naturales.

Pero, ¿hemos cuidado y conservado adecuadamente nuestros recursos? La respuesta desgraciadamente es no. Para satisfacer muchas demandas y necesidades hemos agotado algunos recursos, nos estamos acabando bosques y selvas, contaminando y agotando el agua, destruyendo especies de animales y vegetales, en fin, estamos deteriorando día a día nuestra casa natural, la que siempre nos ha dado de comer, de vestir y de vivir.

Por ello debemos hacer un esfuerzo cada vez mayor, para que los niños y las niñas de México nos ayuden a los grandes a cambiar, a ser mejores cuidadores de lo que algún día van a heredar: una patria rica y bondadosa con sus habitantes.

Como parte de ese esfuerzo se ha escrito este libro El borrego cimarrón: una especie que debemos proteger, para la niñez mexicana; es el resultado no sólo de muchos años de trabajo y estudio sino de la admiración por una especie animal noble y majestuosa, símbolo de Baja California y de su gente, y que en estos momentos está en riesgo de que desaparezca de nuestros desiertos y montañas.

El borrego cimarrón no es una especie que se pueda utilizar comercialmente, es decir, no hay ranchos donde se críen borregos cimarrones. Son salvajes y libres y así deben seguir viviendo. Sin embargo hay quienes los consideran un preciado trofeo de caza, los persiguen y desde lejos los matan, para después llevarse la cabeza con sus cuernos y colgarla en una pared.

Este libro debe ser un homenaje a la vida en el planeta, al respeto por los otros seres vivos, sin importar cuál sea su especie. El borrego cimarrón existe desde antes de que el hombre construyera ciudades y tuviera deseos de adornar su casa o su oficina con cabezas de animales cazados. Los antiguos pobladores lo respetaban y convivían con él en un mismo territorio, y de ellos tenemos mucho que aprender.

Para terminar, hace tiempo leí un poema maya, que ahora lo adapto libremente para el fin de este libro:
 
 

En el mundo hay borregos cimarrones
y hay estrellas en el cielo;
una sola es la raíz de las estrellas
y de los borregos cimarrones,
cuando se mata un borrego, se muere una estrella.

 

 

Los invito a leer, disfrutar y vivir la aventura del borrego cimarrón.
 
 

Lorenzo Gómez-Morín Fuentes
Mexicali, B.C. noviembre de 1997

 

Dedicatoria
 

A mi hijo Daniel Tapia Hernández
con la esperanza que continúe su interés
en la naturaleza.

 

Agradezco a mi hermano Armando Tapia Landeros
sus excelentes dibujos. Igualmente a Carolina
Espinosa, Raymond Lee, Martín León Olais,
Jorge Mendoza Valverde, Juan Manuel Molina,
Alejandro Moreno Medina, Miguel Valencia
Gastélum, Roberto Verduzco Díaz y Roberto
Zambrano Martínez por las fotografías
proporcionadas para este libro.

 
 
 

 

El animal que vino de las estrellas
 
 

 

Cada vez que yo no podía dormir, mi mamá se acercaba y me decía: "Mira al cielo y cuenta borregos." Años más tarde, aprendí que hay otras personas preocupadas por contarlos: los investigadores que estudian la naturaleza y buscan protegerla.

El borrego de grandes cuernos es uno de los animales más bellos y majestuosos que existen. Es un animal mítico y codiciado. Cuando los kiliwa, antiguos habitantes de Baja California, miraban el cielo por las noches, veían en las estrellas de la constelación de Orión al borrego de cornamenta sagrada, pues creían que él sostenía la bóveda celeste.

También en otros lugares de la Tierra civilizaciones muy antiguas, como la china o la hindú, representaron al cimarrón en pequeños objetos de valor, lo que indica el especial encanto que este animal ejerce en los seres humanos desde hace tantos siglos.

El borrego cimarrón llegó al continente americano hace muchos miles de años, durante la última glaciación. Venía de Asia, de donde pasó junto con otros animales y con grupos de seres humanos, quienes a veces lo cazaban.

En esa época, el nivel del mar bajó y Asia y América quedaron unidas durante un tiempo. Las condiciones naturales del borrego cimarrón le permitieron adaptarse a las altas cordilleras de Norteamérica y de México. Allí fue muy apreciado por los indios de Baja California y del desierto de Sonora; sobrevivió con holgura los años de la Colonia; comenzó a ser cazado en gran escala durante el siglo pasado, y a principios del siglo XX esta actividad comenzó a transformarse en un deporte.

La cacería legal e ilegal ha acabado con el borrego en algunos lugares, y en otros amenaza con su extinción. Las vedas, que prohiben cazarlo, son una manera de protegerlo. ¿Estaremos a tiempo? ¿Cuántos borregos quedan? ¿Alcanzará a sobrevivir? Para conocer su historia y su futuro, contemos borregos desde un principio.
  


 

 

Una ruta milenaria
 
 

Así pudo haber sido un phenacodus, un antepasado común de rupicaprinos y borregos, mucho más antiguo que el megalovis. Vivió en la Era Terciaria, hace unos 65 a 26 millones de años. Tenía garras y almohadillas en las patas; muy probablemente se alimentaba de plantas y quizá se escondía de sus enemigos. El borrego salvaje de grandes cuernos huye de sus predadores.

 
En 1950, en la Cueva de la Ventana, en el sur de Arizona, el antropólogo Emil Haury encontró pruebas de la existencia del borrego en América milenios atrás. En los niveles más bajos de la excavación Haury encontró huesos de caballo primitivo junto con artefactos humanos. Su antigüedad era de 11 mil años. Los huesos de borrego aparecieron en niveles que tienen entre 7 mil y 8 mil años.

 

Hace más o menos un millón de años, en las montañas del Cáucaso, entre el Mar Caspio y el Mar Negro, vivían borregos enormes, casi tan grandes como los toros de nuestros días. Durante la última glaciación, que ocurrió durante el Pleistoceno, desde hace unos 115 mil hasta hace unos 10 mil años, descendientes de este megalovis se dispersaron por el continente asiático. Unos fueron hacia el occidente, en dirección de Rusia y Europa central; otros se dirigieron hacia el oriente, ocuparon Siberia y, con el tiempo, pasaron a América.
 
 

 

En ciertas épocas de esta edad de hielo, el nivel del mar disminuyó hasta 120 metros y enormes cantidades de agua quedaron congeladas en las montañas. Entonces, Asia y América quedaron unidas. Muchos mamíferos, como caribús, antes y alces, lobos, osos cafés y borregos salvajes quedaron aislados de sus hermanos de Asia entre glaciares y agua, en lo que ahora es el mar de Behring, y pasaron de uno a otro continentes. Lo mismo sucedió con otros animales.

En ese entorno propicio, poblaciones de diversos Ovis, robustos y de cuernos más o menos grandes emigraron hacia Alaska y más al sur. A lo largo de miles de años estos borregos salvajes se dispersaron por las cadenas montañosas del oeste norteamericano. Cuando las aguas del mar volvieron a subir, Asia y América quedaron separadas por el Estrecho de Behring.
 
 

Estos dos jóvenes ejemplares del género Ovis son muy similares. Pero sólo en apariencia. El de la izquierda es un argali del desierto de Gobi, en Mongolia, y las células que lo constituyen presentan 56 cromosomas; en cambio, el de la derecha es un borrego salvaje de las Rocallosas y en sus células posee 54 cromosomas. Si bien los dos provienen de un antepasado común, la evolución a lo largo de los siglos y los hábitats diferentes han determinado sus diferencias.

 
El registro fósil nos permite reconstruir la propagación de los homínidos de Asia a América. También ellos fueron ocupando las tierras que ahora están bajo el agua, en el Estrecho de Behring, y pasaron de un continente a otro, sin darse cuenta, a lo largo de miles de años, junto con los animales que cazaban.

 

 

 

El nuevo hábitat
 

Desde las alturas de las cordilleras que conforman las Montañas Rocallosas los borregos de grandes cuernos presenciaron la extinción del mamut (Elephas primigenius), hace unos 11 mil años, y cómo comenzó a ser cazado el bisonte o búfalo americano (Bison bison), hace unos 9 mil años. Los rebaños de borregos que continuaron moviéndose hacia el sur tuvieron que hacerlo sin abandonar sus escarpadas montañas.
 
 

Se sabe que el borrego cimarrón de grandes cuernos posee una vista excelente y procura evitar todo lo que pueda limitarla. Esta capacidad, heredada del antepasado asiático, se desarrolló particularmente en América al tener que mantenerse en sitios escarpados y muy altos a fin de no dejarse sorprender por sus depredadores ni por los eventuales cazadores.
 
 

 

Su excelente visión periférica y la gran profundidad de campo que tiene su mirada, permiten al borrego de grandes cuernos andar por laderas empinadas y sitios escarpados, atento al suelo y, al mismo tiempo, sin perder de vista lo que sucede a su derredor.

Algo similar pudo haber sucedido con su sangre. Sabemos que muchas especies animales, entre ellas los seres humanos, sufrimos trastornos en las grandes alturas por la falta de oxígeno. En cambio otras, como la llama del Perú y el borrego cimarrón de Baja California, pueden moverse sin dificultades en aquellos sitios.

Los científicos analizaron la información genética contenida en la llama de los Andes y la de un pariente cercano, el camello de las planicies desérticas, y encontraron que su constitución era idéntica excepto en un pequeño detalle. Este detalle, que se llama mutación, permite que la llama pueda aprovechar el poco oxígeno que hay en su hábitat. Es muy probable que el borrego de las planicies asiáticas poseyera también información genética latente en su sangre, de tal manera que cuando llegó a las alturas de las cordilleras americanas pudo adaptarse y sobrevivir.

Hace unos 70 mil a 12 mil años, hatos de borregos siguieron bajando por el sur de Canadá y ocuparon las Montañas Rocallosas, alejados de los terrenos planos, donde podían ser presa fácil de los pumas y los lobos. En las llanuras y bosques había otros depredadores aún más astutos: los cazadores armados de lanzas. Y no es difícil imaginar lo atractivo que para ellos resultaría el borrego, con su espectacular y pesada cornamenta.
 
 

Las cuatro razas del borrego americano que se separaron del borrego asiático y evolucionaron en un nuevo entorno son el borrego del desierto, el borrego stone, el dall y el borrego de las Rocallosas.

 

 

 

 

 

Evolución y sobrevivencia
 

El aislamiento geográfico produce respuestas en los seres vivos que afectan su tamaño, peso, características corporales, como el color de la piel o de la pelambre, al igual que su conducta. En la medida en que las especies se adaptan a las condiciones de un hábitat (como la temperatura, la intensidad de la luz, la humedad, la altitud y la alimentación de que disponen) presentan ciertas variaciones, lo cual genera un grupo distinto de la especie, al que llamamos subespecie.

Una especie es una población de individuos que, al reproducirse, forman otros organismos que tienen el mismo número de cromosomas. Algunas especies de mariposas, por ejemplo, tienen 380 cromosomas, los seres humanos 46 y cuatro ciertas moscas. Es muy probable que el antepasado remoto del borrego salvaje haya tenido 60 cromosomas en sus células.
 

 

 

Los cromosomas son corpúsculos que se forman dentro de las células y contienen la información genética: de ellos depende que un organismo sea una planta o un animal determinado. En el caso de los animales, si bien a veces hay cruzas entre diferentes especies, los descendientes, por regla general, son infértiles y desaparecen. Varias especies que son parecidas entre sí por el número de cromosomas en sus células conforman un género.

Al género Ovis pertenecen la especie aries, las ovejas que se crían para alimentarnos y obtener lana, así como las demás especies de borregos salvajes a lo largo de Asia, Europa y América del Norte. Las distintas variedades de esta familia han abrigado a los seres humanos a largo de su historia, los han alimentado y les han dado tema para hablar en las noches llenas de estrellas.
 
 

 

Hay muchos borregos que tienen cuernos, ya sean de Asia, Europa o América, y los de cada especie los tienen de distinta magnitud y forma. Los de algunas variedades son más grandes y fuertes, como es el caso de los que habitan en el noroeste de México y suroeste de los Estados Unidos, mientras que los de otras son más delgados, como en Canadá y Alaska.
 
 

 

Los periodos de gestación y desarrollo de los diferentes Ovis presentan variantes debido a las condiciones del entorno y a la mayor o menor presencia de los depredadores que los cazan para alimentarse. Todos los borregos son rumiantes, pero las diferentes dietas contribuyen a definir sus características anatómicas.

En su emigración hacia el sur del continente, el grupo de animales que se quedó en las Rocallosas mantuvo una pelambre gruesa, al igual que el dalli, habitante de Alaska, para soportar las intensas nevadas. En cada caso, el color de los borregos los ayuda a ser menos visibles, al confundirse con su entorno. Así, el borrego dall de Alaska es blanco, el de las Rocallosas es café obscuro, el de Canadá (borrego stone) es más bien gris y el de la península de Baja California, Sonora y Chihuahua es café claro. De esa manera los borregos pueden mimetizarse y eludir a sus enemigos.

Los borregos que ocuparon los desiertos del oeste norteamericano son más esbeltos y de pelambre más corta debido al intenso calor y a la carencia de los ricos pastos del norte.

Los muflones de Europa, los urales de Afganistán, los argalis de Asia, los cimarrones de América, incluso el borrego doméstico comparten características genéticas y anatómicas, y, al mismo tiempo, presentan diferencias, en buena medida determinadas por el medio donde habitan.
 
 

Grupos del género Ovis
MUFLONIFORMES
Muflones o uriales Ovis orientalis subespecies  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Largo del cráneo 23 a 35 cm.

O.o.musimon
O.o.ophion
O.o.gmelini
O.o.isphahanica
O.o.laristanica
Muflones
O.o.arkal
O.o.cycloceros
O.o.punjabiensis
O.o.vignei
O.o.severtzovi
Uriales
Características generales: Se extienden desde Europa hasta el norte de la India. Su apariencia externa es variable, tienen diferentes tipos de cuernos y pelambre. Son de talla pequeña, difícilmente pesan más de 100 kilogramos. Tienen entre 54 y 58 cromosomas.
A R G A L I F O R M E S
Argalis Ovis ammon subespecies
O.a.ammon
O.a.darwini
O.a.karelini
O.a.nigromontana
O.a.polii
O.a.hodgsoni
 
 
 
 
 
 
 
 

Largo del cráneo 29 a 39 cm.

Características generales: Habitan principalmente Asia central y llegan hasta el desierto de Gobi y el norte de China. Estos son los borregos más altos y pesados (más de 200 kilogramos). Cuentan también con las cornamentas más grandes. Al igual que los muflones, gustan de llanuras ondulantes y lomeríos. Poseen 56 cromosomas.
P A C H Y C E R I F O R M E S

 
 

Borregos de
cuernos delgados

Ovis nivícola O. n. nivícola 
O. n. borealis
Borregos de las nieves                                 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Largo del cráneo 25 a 33 cm.

Ovis dalli O. d. dalli
  O. d. stonei
 
 

Borregos de las zonas frías


 

Borregos de
grandes cuernos


 
 
 

Ovis canadensis

O. c. canadensis
O. c. audoboni
O. c. california
 
O. c. nelsoni
O. c. mexicana
O. c. cremnobates
O. c. weemsi
Borregos de las zonas áridas
Características generales: Los borregos de este grupo son de talla mediana, muy musculosos, pueden pesar más de 170 kilogramos. Tienen piernas cortas y fuertes, para desplazarse en los terrenos escarpados que constituyen su hábitat preferido. El número de sus cromosomas varía entre 52 y 54. Se distribuyen desde Europa (Siberia y Kamchatka) hasta los desiertos del norte de México.