Hacía
ya mucho tiempo que las maestras y maestros discutíamos en el
seno del MRP "Escolar d'Estiu" cómo resolver el problema
de la globalización. Discutíamos documentos teóricos y consultábamos
a expertos, pero era necesario también atreverse a experimentar
en la práctica. Sabíamos que las posibles soluciones al problema
las encontraríamos investigando en la escuela, trabajando con
nuestros alumnos (as), contrastando nuestros estudios. La experiencia
que aquí se relata es una entre otras de las que se llevaron a
cabo en diferentes niveles de EGB por distintas maestras y maestros
que compartíamos inquietudes comunes de renovación pedagógica.
El
marco de la experiencia
Enseñábamos
a alumnos de 3° de EGB en el CP "Mas d'Escoto", de Riba-Roja
de Turia, un pueblo valencianoparlante, de economía básicamente
agrícola, a pocos kilómetros de la ciudad de Valencia. Cuando
empezamos a diseñar el curriculum para el área de experiencias
socionaturales, nos planteamos qué aspectos de contenido se debían
desarrollar, teniendo en cuenta los criterios de globalización
e interrelación que debían existir entre cada uno de ellos. Así,
realizamos una especie de mapa del contenido, de modo que el trabajo
en el aula pudiera conducirnos de unos conceptos y experiencias
a otros, de un modo natural, a través de las interrelaciones que
aparecen entre cada uno de ellos.
Por
otro lado, se debían tener en cuenta los conocimientos previos
y las preconcepciones que los alumnos tenían al respecto. Habíamos
trabajado ya el cuerpo y la orientación. Y en los cursos anteriores,
se había trabajado la familia, la casa y la alimentación.
En
estos momentos debíamos dar un paso más, siguiendo con la introducción
de los niños y niñas en su entorno más cercano, pero exterior
a su mundo familiar y propio. El pueblo, considerado en su totalidad,
era todavía una realidad demasiado compleja y llena de abstracciones.
Buscábamos marcos de experiencia social más concretos, desde los
que poder estructurar macroactividades que sirvieran de eje rector
de nuestras tareas y de las de nuestros alumnos.
¿Por
qué "el mercado del pueblo"?
Elegimos
el mercado como el elemento más concreto del pueblo, porque en
él confluyen diversos aspectos de la realidad y la experiencia
cotidiana de los niños (as). En el mercado trabajan o acuden a
comprar las gentes del pueblo: padres , madres, amigos y familiares
y los propios niños, van al mercado. Se produce allí una relación
y comunicación social importante. Existe una significativa cultura
popular alrededor del mercado: mercancías, intercambios, relaciones
de compraventa, mediciones y pesas, una especial plasticidad de
colores y formas en la distribución o colocación de los productos,
códigos lingüísticos y vocablos particulares y también un característico
ambiente sonoro
todo un mundo vivido de alguna manera por
los niños y niñas.
Tomándolo
como módulo de trabajo globalizador, podíamos profundizar en todo
el conocimiento epistemológico que cada alumno posee de esta realidad
cotidiana, y darle un valor educativo.
En
la clase se realizaban asambleas todos los viernes por la tarde,
en las que se revisaba la tarea realizada durante esa semana y
donde se proponían entre todos, otras nuevas para la semana siguiente.
De entre otros varios centros de interés, el mercado fue el más
elegido y comenzamos a trabajar sobre él.
Dos
macroactividades: La bolsa de la compra de la maestra y la visita
al mercado
Un
día yo misma llegué a clase con una cesta llena de productos comprados
en el mercado. Saqué de la bolsa los productos (azúcar, arroz,
verduras, carne, detergente) y empecé a comentar algunas cosas
sobre ellos. Se inició así una primera conversación sobre el tema,
a la vez que iban surgiendo un conjunto de interrogantes.
¿Qué
pretendía conseguir con esta especie de dramatización? En primer
lugar introducir el tema del trabajo y centrar la atención de
los niños(as), pero además empezar a señalar algunos conceptos
que debíamos trabajar: los productos alimenticios, el coste de
los productos, los diferentes puestos donde se ha comprado, etcétera.
Fue
un buen momento motivador, a partir del cual la propuesta de realizar
un trabajo de investigación sobre el mercado fue acogida con mucha
más ilusión. El desarrollo y resultados de esta investigación
se recogió en el "Libro del mercado", incluido en el
"Libro de la vida", que es donde vamos recogiendo todos
los trabajos que se realizan en clase.
La
segunda macroactividad la constituyó la visita al mercado. Con
ella pretendíamos que los alumnos trabajaran alrededor de las
siguientes generalizaciones conceptuales.
-Los
productos están organizados en diferentes emplazamientos o puestos.
-Los
diferentes tipos de alimentos se encuentran en diferentes lugares
del mercado: la sección del pescado, de las verduras, de la carne
-Todos
los productos valen dinero, tienen un precio. Hay productos caros
y otros más baratos.
-En
el mercado no sólo se venden alimentos. También hay productos
de drogería, utensilios de cocina, etcétera.
-En
los puestos hay vendedores(as) llamados también mercaderes o comerciantes.
-En
el mercado trabaja tanto gente de sexo masculino como femenino.
-La
gente habla tanto en castellano como en valenciano. Y algunos
utilizan expresiones muy típicas o características como "mira
quin peix més fresc tinc", "¿vols alguna coseta, reina
?"
("mira que pescado más fresco tengo", "¿quieres
alguna cosita, reina?").
-Generalmente
en el mercado hay más mujeres que compran, que hombres.
-Yendo
al mercado podemos preguntar, entrevistar, anotar, medir, observar
y comentar. Así podemos saber mejor lo que allí pasa.
Algunos
aspectos del desarrollo de ambas macroactividades
Los
alumnos se organizaron en equipos de un máximo de seis personas,
y cada grupo eligió el aspecto del mercado que más le interesaba.
Comenzaron a elaborar un guión de lo que querían saber, y prepararon
las entrevistas que querían hacer y a quién iban dirigidas. Cada
grupo se construyó y decoró una especie de cuaderno de campo,
para anotar las observaciones e informaciones que iban a obtener.
Por
nuestra parte, les hicimos un plano del mercado en el que debían
situar dónde estaba cada puesto,era una manera más de continuar
trabajando la situación y orientación en el espacio. Las tareas
alrededor de la preparación de la salida duraron una semana..
A
la semana siguiente salimos un día al mercado. Durante el camino
íbamos cantando la canción "La mestressa se'n va al mercar",
que habíamos trabajado en las clases de lengua valenciana.
Una
vez en el mercado. Los alumnos(as) se repartieron en los diferentes
puestos y comenzaron a anotar: precios de los productos, características
de los puestos, cuántos hombres y cuántas mujeres iban a comprar,
entrevista al vendedor(a)
Finalmente, comenzaron a situar
en el plano del mercado dónde estaba cada puesto.
A
partir de la visita comenzó todo el trabajo de reflexión, puesta
en común, elaboración del "Libro del mercado". Cada
día un grupo exponía al resto de la clase el resultado de su investigación
y los demás lo anotaban en su cuaderno.
El
debate fue muy rico, no sólo por la cantidad de datos que habían
recogido, sino por el interés y el protagonismo que cada grupo
adquiría en el momento de la exposición. Cabría destacar entre
ellos la investigación sobre los roles sociales, que titularon
"¿Por qué van más mujeres a comprar que hombres?"
En
el conjunto de tareas se trabajaron diferentes áreas de aprendizaje.
Sirvió para introducir las medidas de peso y capacidad, las monedas;
a partir de una lectura que inventamos sobre el mercado, trabajamos
la comprensión oral así como la expresión lectora y de escritura
en las dos lenguas, la expresión plástica, los distintos tipos
de trabajos, los roles sociales, etcétera.
La
puesta en común y reflexión sobre los trabajos de investigación,
intercalando éstos con lo que se habían preparado, duró algo más
de dos semanas.
Evaluación
del aprendizaje de los alumnos/as
Este
tipo de actividad educativa requería otra evaluación, no servía
el pasar una prueba para saber la cantidad de datos que los alumnos(as)
habían acumulado en su memoria. Así pues, lo que realmente parecía
importante y fundamental era valorar aspectos como los siguientes:
-Participación
en el trabajo en equipo.
-Participación
en la investigación durante la salida.
-Elaboración
en la exposición, puesta en común y debate.
-Elaboración
y presentación del "Libro del mercado".
-Realización
de las tareas propuestas por los compañeros(as) y por la maestra.
-Grado
individual de utilización cognitiva de las generalizaciones conceptuales
propuestas, teniendo en cuenta que el nivel de adquisición y generalización
de conceptos es diferente en cada alumno(a).
Todos
estos aspectos se elaboraron a través de la observación del desarrollo
de las tareas y la conversación sobre ellas, y el análisis de
las elaboraciones de los alumnos(as) en los cuadernos. Me ayudé
contrastando mis valoraciones con las de un maestro en prácticas
que asistía a mis clases. Finalmente, mis valoraciones fueron
discutidas en la asamblea del siguiente viernes.
Una
breve reflexión sobre la experiencia
Como
ya se debe suponer, la valoración puede considerarse como muy
positiva, puesto que mis alumnos(as) me demostraron, y yo me demostré
a mí misma que cuando un trabajo resulta interesante, y cuando
ellos(as) se sienten participes en él, cuando lo viven como algo
suyo el resultado es mutuamente gratificante.
Pero
es necesario señalar algunas consideraciones sobre el modo en
que determinados factores del sistema y del propio contexto laboral,
hacen este tipo de tareas más difíciles.
En
relación con el curriculum oficial, esta experiencia entra en
conflicto con las prescripciones curriculares de MEC y de la Conselleria.
Es difícil organizar módulos globalizadores cuando se tienen en
el cajón unos programas oficiales que "obligan" a ir
tema tras tema, y asignatura tras asignatura. Y es necesario enfrentarse
a esa rígida concreción de contenidos y objetivos.
En
relación con los materiales curriculares, es todavía peor. He
leído que el libro de texto ejerce una "dictadura" sobre
el modo de trabajar de las maestras y los maestros. Y es verdad.
Esta experiencia nos obligó a rechazar el libro de texto y a buscar
información y materiales en el propio entorno. Pero tampoco encontramos
materiales adaptados a nuestra realidad. Fue necesario autofabricarlos,
lo cual supuso una gran dificultad y mucho tiempo disponible,
lo que entraña en lo que algunos autores llaman "la fase
preactiva" de la enseñanza. Una fase para la que no se tienen
o no se pagan suficientes horas.
En
relación con nuestra formación profesional, hemos tenido la suerte
de poder discutir e intercambiar reflexiones sobre la experiencia
con otros compañeros(as) de nuestro Movimiento de Renovación Pedagógica.
El verdadero aprendizaje y la posibilidad de adquirir seguridad
en las tareas, nos ha sido dado por el trabajo cooperativo con
otros maestros(as) renovadores. Desde el aislamiento y la individualidad,
creo que nos hubiéramos rendido ante las dificultades institucionales
y administrativas. Por tanto, el atrevernos a hacer pública nuestra
experiencia no es más que una invitación a la dignificación de
la escuela popular y a trabajar cooperativamente en movimientos
de renovación pedagógica.
*Conxa
Delgado Arno pertenece al MPR "Escola d`Estiu" del País
Valenciano.
CUADERNO
DE PEDAGOGÍA 172