María
Concepción García Cortés
Rosa María González Iglesias*
Cuando
decidimos hacer este taller, no lo elegimos de una manera arbitraria,
sino por una motivación y un interés muy grandes por parte de
toda la población bejarana hacia una estatua enclavada en el mismo
corazón de la ciudad que representa a un hombre vestido de musgo.
Los mayores sabían lo que representaba dicho monumento*, pero
los niños no sabían la leyenda y preguntaban qué era aquello.
Así, basándonos en este interés, nos pusimos a trabajar sobre
el tema para intentar conocer más profundamente las raíces de
un pueblo y aprender más sobre las tradiciones y costumbres de
nuestra ciudad.
Los
veintiocho niños de segundo de preescolar del colegio público
"María Días de Béjar" (Salamanca) llegarían a ser,
como veremos, grandes conocedores de un capítulo de la historia
de la ciudad y de otros aspectos culturales de los habitantes
El
taller se inserta dentro de los objetivos propuestos por el MEC
para preescolar. "Tomar conciencia de pertenecer a un grupo
y a un entorno social determinado".
En
base a ello, los objetivos específicos fueron:
-Conocer
algunas tradiciones locales y sensibilizarse ante ellas.
-Desarrollar
aptitudes artísticas y culturales en el campo de las tradiciones
y el folklore.
-Aprender
a observar y describir las características de un objeto.
-Comunicarse
con los demás adoptando una actitud de respeto.
-Descubrir
el musgo en la roca como elemento de la naturaleza.
El
taller se desarrolló en los meses de noviembre y diciembre, los
jueves y viernes de cada semana. Constaba de dos partes fundamentales:
la primera, la preparación del taller, que consistía en la iniciación
al conocimiento de la cultura y tradiciones bejaranas; y la segunda
el taller propiamente dicho, en el que se realizó un hombre de
musgo con periódicos, pasta de papel y otros materiales.
Comenzamos
el proyecto con una salida al campo para visitar los alrededores
del colegio, enclavado en una zona de monte y rodeado de pinos
y matorrales.
Ibamos
todos con los ojos bien abiertos para observar todo lo que había
en el campo. En un momento determinado nos paramos ante una piedra
con musgo y preguntamos a los niños qué era aquello. La mayoría
lo sabía porque lo cogían en Navidades para hacer el Nacimiento,
pero cuando iban al colegio nunca habían reparado en ello. Desde
aquel momento se inició un nuevo capítulo en su aprendizaje. Todos
observamos cómo era el musgo: su color, su forma, etcétera. Llevamos
tres cajas para ir metiendo el musgo que nos encontrábamos y las
llenamos por completo, y los niños estaban como el científico
que acaba de descubrir un nuevo medicamento, o como el arqueólogo
que está buscando una pista de nuestros antepasados. Cuando volvimos
al colegio y hablamos de nuestra salida, todos estaban encantados
e incluso nos atrevimos a decir que se consideraban casi expertos
en musgo.
Al
día siguiente, les contamos un fragmento de la leyenda de la ciudad:
"El episodio de los hombres de musgo". David nos interrumpió
para hacer sus observaciones: ¿por qué los cristianos no se disfrazaron
de pistoleros para entrar en la ciudad? Y Pilar preguntó: ¿esos
hombres eran iguales a la estatua que está en la plaza de la Corredera?,
y precisamente aquí queríamos llegar a que ellos establecieran
una relación entre la historia que les habíamos contado y la estatua
que hay en la plaza. De esta manera, posteriormente, se realizó
una visita a la plaza donde se encuentra enclavada la escultura.
Ese día, todos estaban excitados a causa de la salida que teníamos
proyectada para ver la estatua. Como teníamos que recorrer casi
un kilómetro andando desde el colegio al lugar, las madres de
Ismael, de Sergio y de Alipio nos acompañaron y fueron también
partícipes de la experiencia.
Ya
en la salida y a pocos metros del colegio pudimos observar un
escudo de nuestra ciudad que se había hecho en el suelo con piedra
de granito. En un círculo alrededor los niños observaron cómo
era el escudo de nuestra ciudad. A partir de aquí ya no se les
olvidaría que el escudo de Béjar tiene cinco abejas, una en el
centro y las otras cuatro en los extremos.
Proseguimos
después la excursión (como así lo llamaban los niños), y ya en
la plaza nos pusimos a observar la gran figura de hierro que recordaba
a un hombre vestido con musgo. Todos se acordaban de la historia
que habíamos contado anteriormente en clase. La mayoría de ellos
no estaban muy de acuerdo con que la estatua fuera de hierro y
no de musgo, pero Natalia dijo que si se hubiera hecho de musgo
se secaría como se nos había secado el que recogimos en nuestra
salida al campo, por lo que la estatua duraría poco.
Observamos
detenidamente cómo era la escultura: se trataba de un gran hombre
de musgo con una porra en la mano derecha y apoyada sobre el hombro,
y a la parte izquierda en el suelo se encontraba hecho también
de hierro el escudo de la ciudad que habíamos visto minutos antes
pero, esta vez, éste sólo tenía tres abejas, las otras dos estaban
apoyadas en la porra que sostenía el hombre.
Iván
estaba muy pensativo mirando la estatua y le preguntamos si no
le gustaba, a lo que él respondió que en la historia que les habíamos
contado había cristianos (hombres de musgo) y musulmanes, y allí
no estaban las dos estatuas. "Falta el hombre moro",
dijo. Ya en clase, dibujaron en un folio una estatua como la que
habíamos visto. Fernando incluso dibujó el recorrido que habíamos
hecho, el camino de ida, la estatua, el parque y el camino que
habíamos seguido de vuelta al colegio.
Después
de estas actividades les preguntamos a los niños si les gustaría
aprender una canción, a lo que todos al unísono dijeron que sí.
Esa canción no era una canción como las que habíamos aprendido
con anterioridad sino que era una canción típica de nuestro pueblo
titulada "La bejarana". Escuchamos la cinta grabada
y con ella tocamos instrumentos imaginarios al ritmo de la música.
Como les había encantado la canción, decidimos apartar las mesas
de la clase y bailar para interiorizar mejor en ella. Descubrimos
que la música es fuente de muchos recursos.
Otro
de los aspectos importantes del conocimiento de una ciudad, es
conocer su literatura. Introducimos a los niños en este campo
a través de la poesía. Aprendieron una estrofa de una de las poesías
dedicadas a Béjar titulada "Candelario y Béjar", del
poeta Luis Hernáez Tobías.
La
segunda parte del taller consistió en la realización de un gran
hombre de musgo con pasta de papel y otros materiales. Cuando
les propusimos a los niños llevar a cabo este proyecto, todos
queron seducidos por el plan. Los materiales que utilizamos fueron
los siguientes: papel de periódico, alambre fino, escayola, pasta
de papel, agua, cola, un globo, cuerda dina, una cabeza de un
muñeco viejo, pintura de dedo verde, pinceles y corcho para sujetarlo
en la base.
Comenzamos
haciendo bolas de papel con los periódicos, y un montón de ellas
enrolladas en un papel sirvieron para hacer el cuerpo del muñeco;
con otro montón de bolas, medidas entre cuatro alambres y sujetadas
por la cuerda hicimos las piernas, los brazos y la porra. Después
lo juntamos todo y lo empezamos a cubrir con pasta de papel. Todos
querían hacer la pasta con agua meter la mano en la cazuela que
habíamos destinado para ello. Margarita siempre era la primera
para amasar la pasta. Cuando cubrimos todo el cuerpo lo dejamos
secar y mientras hicimos la cabeza, esta era un globo cubierto
con la pasta de papel. Después de secarse, cortamos el globo por
la parte inferior para meter la cabeza del muñeco y le hicimos
una abertura a la altura de los ojos. Posteriormente y cuando
ya estaba todo seco, unimos la cabeza y el cuerpo con la pasta
encolada y preparamos la pintura de dedo verde. Con los pinceles
pintamos de verde a nuestro hombre de musgo.
Al
día siguiente, gran parte de alumnos, profesores y padres que
habían seguido toda la evolución de nuestro proyecto, admiraron
la obra y los niños se sintieron por aquellos días protagonistas
del colegio.
La
metodología que utilizamos a la hora de llevar a cabo el proyecto
estuvo basada en la actividad, en la que el niño participaba plenamente
y se sentía protagonista. Nos pareció muy importante que ellos
fueran descubriendo con nuestra ayuda diferentes modos de pensar
y de actuar. Por otra parte, la metodología fue siempre integradora,
y se facilitaron estrategias de conocimiento y aprendizaje para
culminar con un aprendizaje significativo.
También
pensamos que la mejor forma de llevar a cabo el proyecto sería
mediante una pedagogía participativa que fomentara el espíritu
de cooperación responsable en un proyecto de trabajo.