El hombre de musgo

En un parvulario de Béjar (Salamanca) los pequeños se lanzan al descubrimiento de la historia y la leyenda local, se realizan diversas actividades y se destaca el taller de la construcción del hombre de musgo, uno de los episodios más emblemáticos de la tradición bejarana.
"La tarea propia del educador de profunda vocación es la de descubrir los valores formativos latentes en los bienes culturales, examinarlos en función de un objetivo de formación y acuñarlos como medios formativos concretos".
    Eduard Spranger
María Concepción García Cortés
Rosa María González Iglesias*
Cuando decidimos hacer este taller, no lo elegimos de una manera arbitraria, sino por una motivación y un interés muy grandes por parte de toda la población bejarana hacia una estatua enclavada en el mismo corazón de la ciudad que representa a un hombre vestido de musgo. Los mayores sabían lo que representaba dicho monumento*, pero los niños no sabían la leyenda y preguntaban qué era aquello. Así, basándonos en este interés, nos pusimos a trabajar sobre el tema para intentar conocer más profundamente las raíces de un pueblo y aprender más sobre las tradiciones y costumbres de nuestra ciudad.

Los veintiocho niños de segundo de preescolar del colegio público "María Días de Béjar" (Salamanca) llegarían a ser, como veremos, grandes conocedores de un capítulo de la historia de la ciudad y de otros aspectos culturales de los habitantes

Objetivos del proyecto

El taller se inserta dentro de los objetivos propuestos por el MEC para preescolar. "Tomar conciencia de pertenecer a un grupo y a un entorno social determinado".
En base a ello, los objetivos específicos fueron:
-Conocer algunas tradiciones locales y sensibilizarse ante ellas.
-Desarrollar aptitudes artísticas y culturales en el campo de las tradiciones y el folklore.
-Aprender a observar y describir las características de un objeto.
-Comunicarse con los demás adoptando una actitud de respeto.
-Descubrir el musgo en la roca como elemento de la naturaleza.

Desarrollo del taller

El taller se desarrolló en los meses de noviembre y diciembre, los jueves y viernes de cada semana. Constaba de dos partes fundamentales: la primera, la preparación del taller, que consistía en la iniciación al conocimiento de la cultura y tradiciones bejaranas; y la segunda el taller propiamente dicho, en el que se realizó un hombre de musgo con periódicos, pasta de papel y otros materiales.
Comenzamos el proyecto con una salida al campo para visitar los alrededores del colegio, enclavado en una zona de monte y rodeado de pinos y matorrales.
Ibamos todos con los ojos bien abiertos para observar todo lo que había en el campo. En un momento determinado nos paramos ante una piedra con musgo y preguntamos a los niños qué era aquello. La mayoría lo sabía porque lo cogían en Navidades para hacer el Nacimiento, pero cuando iban al colegio nunca habían reparado en ello. Desde aquel momento se inició un nuevo capítulo en su aprendizaje. Todos observamos cómo era el musgo: su color, su forma, etcétera. Llevamos tres cajas para ir metiendo el musgo que nos encontrábamos y las llenamos por completo, y los niños estaban como el científico que acaba de descubrir un nuevo medicamento, o como el arqueólogo que está buscando una pista de nuestros antepasados. Cuando volvimos al colegio y hablamos de nuestra salida, todos estaban encantados e incluso nos atrevimos a decir que se consideraban casi expertos en musgo.
Al día siguiente, les contamos un fragmento de la leyenda de la ciudad: "El episodio de los hombres de musgo". David nos interrumpió para hacer sus observaciones: ¿por qué los cristianos no se disfrazaron de pistoleros para entrar en la ciudad? Y Pilar preguntó: ¿esos hombres eran iguales a la estatua que está en la plaza de la Corredera?, y precisamente aquí queríamos llegar a que ellos establecieran una relación entre la historia que les habíamos contado y la estatua que hay en la plaza. De esta manera, posteriormente, se realizó una visita a la plaza donde se encuentra enclavada la escultura. Ese día, todos estaban excitados a causa de la salida que teníamos proyectada para ver la estatua. Como teníamos que recorrer casi un kilómetro andando desde el colegio al lugar, las madres de Ismael, de Sergio y de Alipio nos acompañaron y fueron también partícipes de la experiencia.
Ya en la salida y a pocos metros del colegio pudimos observar un escudo de nuestra ciudad que se había hecho en el suelo con piedra de granito. En un círculo alrededor los niños observaron cómo era el escudo de nuestra ciudad. A partir de aquí ya no se les olvidaría que el escudo de Béjar tiene cinco abejas, una en el centro y las otras cuatro en los extremos.
Proseguimos después la excursión (como así lo llamaban los niños), y ya en la plaza nos pusimos a observar la gran figura de hierro que recordaba a un hombre vestido con musgo. Todos se acordaban de la historia que habíamos contado anteriormente en clase. La mayoría de ellos no estaban muy de acuerdo con que la estatua fuera de hierro y no de musgo, pero Natalia dijo que si se hubiera hecho de musgo se secaría como se nos había secado el que recogimos en nuestra salida al campo, por lo que la estatua duraría poco.
Observamos detenidamente cómo era la escultura: se trataba de un gran hombre de musgo con una porra en la mano derecha y apoyada sobre el hombro, y a la parte izquierda en el suelo se encontraba hecho también de hierro el escudo de la ciudad que habíamos visto minutos antes pero, esta vez, éste sólo tenía tres abejas, las otras dos estaban apoyadas en la porra que sostenía el hombre.
Iván estaba muy pensativo mirando la estatua y le preguntamos si no le gustaba, a lo que él respondió que en la historia que les habíamos contado había cristianos (hombres de musgo) y musulmanes, y allí no estaban las dos estatuas. "Falta el hombre moro", dijo. Ya en clase, dibujaron en un folio una estatua como la que habíamos visto. Fernando incluso dibujó el recorrido que habíamos hecho, el camino de ida, la estatua, el parque y el camino que habíamos seguido de vuelta al colegio.
Después de estas actividades les preguntamos a los niños si les gustaría aprender una canción, a lo que todos al unísono dijeron que sí. Esa canción no era una canción como las que habíamos aprendido con anterioridad sino que era una canción típica de nuestro pueblo titulada "La bejarana". Escuchamos la cinta grabada y con ella tocamos instrumentos imaginarios al ritmo de la música. Como les había encantado la canción, decidimos apartar las mesas de la clase y bailar para interiorizar mejor en ella. Descubrimos que la música es fuente de muchos recursos.
Otro de los aspectos importantes del conocimiento de una ciudad, es conocer su literatura. Introducimos a los niños en este campo a través de la poesía. Aprendieron una estrofa de una de las poesías dedicadas a Béjar titulada "Candelario y Béjar", del poeta Luis Hernáez Tobías.
La segunda parte del taller consistió en la realización de un gran hombre de musgo con pasta de papel y otros materiales. Cuando les propusimos a los niños llevar a cabo este proyecto, todos queron seducidos por el plan. Los materiales que utilizamos fueron los siguientes: papel de periódico, alambre fino, escayola, pasta de papel, agua, cola, un globo, cuerda dina, una cabeza de un muñeco viejo, pintura de dedo verde, pinceles y corcho para sujetarlo en la base.
Comenzamos haciendo bolas de papel con los periódicos, y un montón de ellas enrolladas en un papel sirvieron para hacer el cuerpo del muñeco; con otro montón de bolas, medidas entre cuatro alambres y sujetadas por la cuerda hicimos las piernas, los brazos y la porra. Después lo juntamos todo y lo empezamos a cubrir con pasta de papel. Todos querían hacer la pasta con agua meter la mano en la cazuela que habíamos destinado para ello. Margarita siempre era la primera para amasar la pasta. Cuando cubrimos todo el cuerpo lo dejamos secar y mientras hicimos la cabeza, esta era un globo cubierto con la pasta de papel. Después de secarse, cortamos el globo por la parte inferior para meter la cabeza del muñeco y le hicimos una abertura a la altura de los ojos. Posteriormente y cuando ya estaba todo seco, unimos la cabeza y el cuerpo con la pasta encolada y preparamos la pintura de dedo verde. Con los pinceles pintamos de verde a nuestro hombre de musgo.
Al día siguiente, gran parte de alumnos, profesores y padres que habían seguido toda la evolución de nuestro proyecto, admiraron la obra y los niños se sintieron por aquellos días protagonistas del colegio.

Metodología

La metodología que utilizamos a la hora de llevar a cabo el proyecto estuvo basada en la actividad, en la que el niño participaba plenamente y se sentía protagonista. Nos pareció muy importante que ellos fueran descubriendo con nuestra ayuda diferentes modos de pensar y de actuar. Por otra parte, la metodología fue siempre integradora, y se facilitaron estrategias de conocimiento y aprendizaje para culminar con un aprendizaje significativo.
También pensamos que la mejor forma de llevar a cabo el proyecto sería mediante una pedagogía participativa que fomentara el espíritu de cooperación responsable en un proyecto de trabajo.
    Notas:

    *Ma. Concepción García Cortés y Rosa Ma. González Iglesias son licenciadas en Ciencias de la Educación y profesoras de EGB.
    *Con la invasión musulmana la ciudad fue sometida y un grupo de hombre cristianos del entorno cubrieron su propio cuerpo con musgo, con objeto de asustar y coger desprevenidos a los centinelas que guardaban las puertas de la muralla de la urbe. Mediante este subterflugio la población cristiana recuperó de nuevo la soberanía de dicha plaza. Conmemorando esta fecha, todos los años en la fiesta del Corpus Christi, algunos bejaranos se vuelven a cubrir de musgo como sus antepasados. Como recuerdo de aquella gesta se ha erigido una estatura en una céntrica plaza bejarana.
CUADERNO DE PEDAGOGÍA 173