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Un día en el
jardín se hizo una reunión para hablar de quién era la
planta más fea y más vieja de todas. Todas las flores
de los demás colores dijeron que ése era el rosal rojo,
el que estaba en puro en medio del jardín.
-Es tan feo que espantaría a una mariposa- dijo una flor
amarilla.
-Afea todo el jardín- dijo el todotiempo.
El rosal rojo se sentía muy triste y
pensando en su infancia recordó que su mamá, el rosal
más hermoso que había, se incendió cuando ya era
vieja; pero le dijo su tía, la rosa rosita:
-De una semillita que quedó en la tierra naciste tú y
un día fuiste la rosa más bonita de todo el jardín. La
rosa roja quería ser como en aquel tiempo. Unos días
después el hijo de la dueña del jardín, que era un
chiquillo muy vago, cortó el rosal rojo con un cuchillo
filoso y lo tiró a la basura. Todas las flores y los
rosales se sentían muy tristes por lo sucedido y la
familia no tenía consolación.
Así pasaron muchos días, pero cuando vino
la primavera todos vieron que nacían retoñitos donde
antes estaba el rosal rojo; para su sorpresa, era otro
rosal rojo que creció y creció y dio muchas rosas.
El concurso de todos los años se repitió y
ya sabemos quién ganó el primer lugar: el rosal rojo.
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