Abraham Hurtado Vázquez.
Edad:14 años.

En una mañana Julio amaneció con una espantosa cara de perro. Se miró al espejo y dijo guau, guau. Corrió y corrió hacia las montañas, llegó a una choza vieja, se miró nuevamente al espejo y se dio cuenta de que era un perro.

El se puso a pensar en vivir la vida de un animal. El sufría en la vida que llevaba, pasaron los años y construyó en un laboratorio una pócima para todos los humanos, esta pócima hacía crecer el amor y respeto por los animales.

Al anochecer se durmió muy tranquilo, había hecho su buena obra, todo el mundo amaría a los animales. Durmió profundamente, era un buen animal.

A la mañana siguiente despertó quiso ladrar y ya no pudo. Se miró al espejo otra vez. Era Julio con su cara morena y sus ojos pequeños. Le gustaba más la cara de perro, pero ni modo, era Julio, el moreno con ojos pequeños.

No sabía lo que pasó, si era un sueño o una pesadilla.

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