El lápiz poderoso

Antonio Zagal Tranquilino


 


Era una vez un lápiz que un niño dejó en la ventana. La ventana estaba abierta y en la noche una estrella grande y brillante le dio poder, pero también le dio la misión de encontrar todos los lápices perdidos.
   En ese mismo momento una estrella mala le estaba dando también poder a una pluma y le estaba dando la misión de encontrar todos los lápices perdidos, pero ella los quería para destrozarlos. La estrella brillante los quería para dárselos a los niños que no tenían lápiz en la escuela.
   El lápiz poderoso era fuerte, muy generoso con todos y muy valiente. Era grande y de color amarillo. La pluma era negra y muy fea. Los dos tenían poder para volar.
   Una vez se encontraron en una carretera y la pluma le dio un golpe al lápiz; el lápiz no se dejó y la persiguió; la pluma sacó un rayo de su tapón y el lápiz se echó a volar para que no lo tocara aquel rayo mortal; el lápiz entonces con toda su fuerza lanzó su borrador contra la pluma; ésta se asustó y se fue.
   Como el lápiz estaba cansado la dejó ir y regresó a su casa. Al otro día encontró cincuenta lápices perdidos y los escondió debajo de la cama. En la noche le habló a la estrella y la estrella bajó; cuando venía bajando se iba convirtiendo en una señora con vestido de plata, cabellos dorados y muy bonita. Agarró los lápices y se fue elevando poco a poco, y entre más se elevaba iba convirtiéndose otra vez en una estrella.
   Al otro día muchos niños sin dinero tenían su lápiz para escribir. Algunos días después el lápiz poderoso salió a buscar más lápices y cuando había visto el primero, la pluma se apareció de repente y se lo arrebató. En la noche cayeron los pedacitos de con la estrella mala.
   La pluma se fue a una escuela pero ya estaba el lápiz ahí. Otra vez empezaron a pelar pero se apartaron porque un niño los vio y los guardó en la mochila. Con trabajos se salieron por un agujero y siguieron peleando. Los dos sacaban todas sus fuerzas hasta que el lápiz agarró a su enemiga y le empezó a pegar duro. La pluma dijo entonces:
-¡Si me sueltas ya no voy a molestar! ¡Si me sueltas ya no voy a molestar!
El lápiz le dijo muy enojado:
-Sí te voy a soltar, pero con la condición de que me des todos los lápices que tienes.
-¡Sígueme, pues!- le dijo la pluma.
   Se fueron volando y llegaron a una casa vieja; en un rincón de la casa había muchos lápices. La pluma se los entregó.
   En la noche el lápiz poderoso le habló a la estrella y ella vino a llevarse los lápices. Se los repartió luego a muchos niños que no tenían con qué escribir.
  
Diseño e ilustrtación: Annabel Castro Meagher

 
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