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Elsie Nalleli Polanco Rosas |
| Este
era un héroe, pero no un héroe cualquiera; este héroe
era un chango. Era muy grande, como de seis metros de
altura; una cara redonda, unos ojos grandes y profundos,
unas orejas grandes y redondas y era muy fuerte; era
inteligente y generoso, también era valiente y enojón.
Tenía además el poder de hacerse invisible cuando se le
presentaba algún problema, nomás con que se tocara la
puntita de la oreja derecha. Quería salvar a su amigo el chango mago que había sido secuestrado por el orangután Fredidoncio, un mono que vivía en la selva de una isla de Malasia. Un día el chango de la cara redonda decidió ir a buscar a su amigo y llegó hasta donde estaba Fredidoncio. Se vieron los dos con mucho coraje y se empezaron a pelear. Ahí empezó la lucha; el que ganara se llevaría al chango mago que tenía muchos poderes pero que se le desaparecían cuando tenía las manos amarradas. El orangután tomó al chango por sorpresa y lo empezó a golpear. Le iba ganando. En eso, como el chango podía hacerse invisible, tocó la puntita de su oreja derecha y ¡ya! nada que se veía. El orangután no supo dónde estaba el chango que lo golpeaba por todos lados; le tiraba golpes pero no lo podía ver. El chango lo seguía golpeando, pero como el poder de ser invisible solo le duraba diez minutos y tenía que esperarse una hora para que su poder se renovara, pronto se volvió a ver; entonces el orangután muy enojado llamó a sus ayudantes. Lo golpearon tanto que casi se queda sin su poder; sus orejas iban llenas de sangre. Se escondió entre los matorrales y ahí se fue recuperando poco a poco. A los días, el orangután fue a buscarlo hasta donde estaba y empezaron otra vez a pelear. El chango se hizo invisible y solito peleaba contra el orangután y todos sus ayudantes. Cuando ya casi se acababan los diez minutos se apareció el chango mago con todos sus poderes. Una ratita le había desatado las manos allá donde lo tenían secuestrado. Entre los dos vencieron a todos los orangutanes. Después se fueron a su selva y todos felicitaron y halagaron al chango valiente porque había salvado al chango mago. Diseño:
Annabel Castro |
| Diseño e ilustración: Annabel Castro
Meagher |
