El 
cerro 
encantado

Narración
Victoria Hernández Santos
Entrevista
Ada Esmeralda Preciado Cruz
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Hace muchos años pasaban unos leñadores allá por el cerro de San Juan y escuchaban unas campanas que llamaban a misa. Ellos se quedaron admirados porque en aquel lugar no se encontraba ninguna iglesia. Se quedaron atentos y escucharon la segunda llamada. Entonces empezaron a buscar de dónde venían las campanadas; rodearon el cerro, y cuál va siendo su sorpresa que de repente, "cerquita" de ellos se abre una cueva en el momento en que se oía la última llamada. Entraron hasta el fondo de la cueva y encontraron una iglesia. Todos se quedaron escuchando la misa; pero uno de ellos, al acordarse que no había amarrado sus burros, se salió; pero a la pasada, cortó una naranja de los naranjos que estaban cargaditos a la entrada de la
iglesia. Cuando ya estaba afuera vio que aquella naranja era de oro. Lueguito quiso regresar, pero con lo que se encuentra es que ya estaba cerrada la entrada de la cueva. Sus compañeros quedaron encantados, como sonámbulos, por no haber salido antes de que se acabara la misa. Esta es una leyenda de muchos años atrás,
pero hasta la fecha todavía la cuentan los viejos, y cada 24 de junio se oyen las campanas en el cerro.
Diseño e ilustración: Annabel Castro Meagher
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