Julio César
Brindas Grano
| Era
una vez una abeja muy valiente que se enfrentaba contra
todos los que le querían hacer daño. Un día el hijo de un campesino la seguía con una vara para matarla pero no la alcanzaba. Ella se puso lista y rápido se fue por detrás de unas matas verdes, le salió por el otro lado al niño y lo picó en la nariz. El campesino se enojó mucho y trató de matarla; la siguió por todo el campo con un matamoscas; se fue siguiéndola hasta donde estaba un llanito, después hasta donde estaban las montañas y más lejos todavía; pero no la pudo alcanzar. Cuando estaba en lo más alto de una montaña quiso regresar pero ya no pudo; estaba perdido. -¿Ahora qué voy a hacer?- dijo muy triste -Si no puedo regresar con mi hijo ¿Quién lo cuidará y le dará de comer? Ya tenía tres días perdido; entonces de entre unas florecitas blancas le habló la abeja sin nada de miedo: -Si quieres te puedo ayudar a llegar a tu casa. -¡Sí! ¡Sí! ¡Gracias!- exclamó el campesino, olvidando su coraje. -¡Sígueme, pues!- dijo al campesino. La abeja lo guió, lo llevó por puros caminitos que tenían pastos verdes y también flores a los lados. Pasaron arroyos y sombras de pinos y muchos vuelos de pájaros se oían entre las ramas. Por fin llegaron a la casa del campesino y el hijo salió corriendo a encontrarlo; no le había pasado nada. Una viejita que era su vecina le daba de comer y lo cuidaba. El campesino contó todo al niño y los dos se abrazaron contentos. -¿Cómo podré agradecértelo?- preguntó el campesino a la abeja. -¡Ya sé!- dijo el niño, y corrió para adentro de su casa. Cuando volvió traía un frasquito de miel. -No- dijo la abeja -¡Muchas gracias! yo tengo mucha miel en mi colmena; nomás te digo que ya nunca me persigas para que así no tenga yo que defenderme y te pique en la nariz. Diseño:
Annabel Castro |
| Viñeta: Mme
Frédéric Villot, Eugène Delacroix. Grabado en metal, 1833
Diseño: Annabel Castro Meagher |
