La herencia cultural de los pueblos mesoamericanos.
Las culturas de Aridoamérica
y Mesoamérica progresaron por caminos propios. Algunas alcanzaron un gran
desarrollo, el cual conocemos gracias al trabajo realizado por arqueólogos e
historiadores, así como por la supervivencia de parte de esas culturas en los
indígenas actuales. Además de los sitios arqueológicos; los códices, pinturas y
los objetos encontrados nos permiten conocer parte de la vida de nuestros
antepasados.
Una característica de la población mexicana es la diversidad étnica. En
Mesoamérica existían numerosos grupos de los cuales sobreviven una gran parte
de ellos en el territorio nacional. Entre los cien millones de mexicanos,
aproximadamente nueve millones son indígenas. Este grupo habla diferentes
lenguas, entre las que se encuentran: náhuatl, maya, mixteco, zapoteco,
purépecha, seri y tarahumara.
Cada lengua representa una
cultura diferente y, por lo tanto, un legado cultural distinto. Los grupos
indígenas tienen costumbres y autoridades propias, también tienen su forma de
vestir; pero lo que más los distingue y les da unidad es que hablen su idioma. Para
un pueblo nada hay más esencial, más propio, que su lenguaje. Cada lengua constituye una manera de ver la vida y
concebir el mundo. En nuestro país se hablan más de cincuenta lenguas indígenas.
La herencia de nuestros antepasados es una de las riquezas más grandes de los
mexicanos. Las diferentes expresiones culturales de ellos forman parte de
nuestra identidad, la cual se manifiesta a través de nuestras costumbres, en
cómo se preparan los alimentos, en la manera en que la gente se organiza para
realizar trabajos en la comunidad, en las danzas, los juegos, las fiestas, la
lengua, la artesanía, la forma de vestir y la música. La riqueza cultural de
México, es motivo de orgullo.
La agricultura permitió a los mesoamericanos tener una subsistencia
segura y crear formas de cultura ininterrumpidas. La energía humana se encaminó
a otras actividades como la astronomía, las matemáticas, el arte, la
conformación de sociedades complejas y la construcción de grandes centros
ceremoniales y mejores habitaciones.
Además de alimentos, la agricultura proporciona otros productos. De la planta
de algodón, por ejemplo, se obtienen fibras con las que se fabrican telas. Por
eso, entre las herencias más importantes de Mesoamérica están los cultivos que
desarrollaron sus habitantes y que se han extendido por el mundo. El maíz, la
calabaza, el frijol, el aguacate, el jitomate, el tabaco, el hule, el cacao, el
cacahuate, el amaranto, el chile y la chía son unos cuantos de esos productos.
El maíz es la base de la alimentación del mexicano y es un producto tan
importante que cuenta una leyenda maya que los primeros hombres fueron creados
por los dioses con barro y después con madera y juncos, pero esos hombres
estaban mal hechos: los de barro se deshacían y los de madera no tenían
sabiduría. Entonces hicieron un nuevo hombre con masa de maíz. Este hombre
resultó perfecto.
Muchas de las cosas que comemos son herencia indígena, como las
tortillas, los tamales, el atole, el pinole y el chocolate, como dulce o como
bebida. El amaranto, preparado con miel, es una golosina que llamamos alegría.
El chicle, que se producía en la zona maya, dio origen a la goma de mascar, que
hoy es una industria importante. La comida de diversos lugares se distingue por
su sabor; el mole poblano es distinto del que se hace en Oaxaca. Y los chiles
en nogada son propios de Puebla.
Los pueblos de Mesoamérica
descubrieron que hay plantas con propiedades curativas y usaron la herbolaria
con fines mágico-medicinales. Muchas de esas plantas siguen en uso como la
jalapa, el guayacán, la zarzaparrilla, la valeriana, la papaya y el árnica. También
encontraron otros usos de las plantas; por ejemplo, el palo de Campeche y el
añil se utilizaban para teñir telas. Otro
colorante muy importante, aunque no de origen vegetal sino animal, es la grana
cochinilla, que es un insecto que vive en el nopal y produce un bellísimo color
rojo.
Si bien la medicina mesoamericana se basaba en el conocimiento de las
propiedades de las plantas, no se limitaba a ello, sino que incluía
tratamientos para curar infecciones con aplicación directa de emplastos,
técnicas para remediar fracturas por medio de entablillado y muchos otros
procedimientos más. El temazcal, baño de vapor, era una parte importante de los
procedimientos curativos.
Las sociedades mesoamericanas desarrollaron un conjunto de sistemas agrícolas
para aprovechar el potencial del medio para obtener el más preciado de sus
dones: el maíz. Los olmecas practicaron el sistema de roza, que consiste en
quemar el terreno para despejar la vegetación, árboles y arbustos que cubrían
el área que habría de cultivarse; este sistema resultaba inadecuado en corto
plazo porque la tierra perdía pronto sus nutrientes. Los teotihuacanos
practicaron el sistema de terrazas, disponiendo los cultivos en niveles para
que el agua fluyera suavemente sin erosionar el suelo y construyeron redes de
canales para regar sus terrenos de cultivo.
Los mesoamericanos también inventaron técnicas de cultivo intensivo como
las chinampas, sistema que consiste en formar parcelas cultivables en un lago
clavando estacas para delimitar una superficie que se rellena de material
vegetal, lodo y tierra fresca. Las chinampas se siguen utilizando por su alto
rendimiento, ya que en ellas se puede cosechar cinco veces al año.
Los instrumentos agrícolas mesoamericanos eran muy sencillos. El más importante
era un palo de madera que terminaba en forma de aleta que servía para abrir el
hueco en el que depositaban la semilla, para allegar tierra a los tallos de las
plantas jóvenes y para excavar agujeros y zanjas.
Las artesanías mexicanas son producto de un desarrollo muy antiguo. Algunas
casi no han variado con el tiempo, como el telar de cintura con el que tejen
bordados coloridos que representan flores y animales. En los textiles, los
materiales empleados en la época mesoamericana fueron el algodón, el ixtle, y
algunos pelos de animales. Las labores realizadas con este telar dan variedad
al vestido de muchos grupos indígenas.
El arte mesoamericano ha influido en muchos aspectos al arte de nuestros
días. La figura del chac-mool, característica de los toltecas, ha servido de
inspiración a otros artistas nacionales y extranjeros. La arquitectura, la
escultura, las joyas, los murales, la poesía de nuestros antepasados indígenas
han estimulado a innumerables artistas en México y en otros lugares.
Con la cestería (canastas, petates, bolsas, sombreros de palma o tule) se
satisfacen algunas necesidades de la vida diaria. También es riquísima la
alfarería, por todo el país hay poblados que trabajan el barro con variedad de
estilos, diseños y acabados; así tenemos la loza de Tonalá, en Jalisco; de
Tzintzuntzan, en Michoacán, de Talavera, en Puebla, de Barro negro, en Oaxaca,
etc. La loza vidriada es un elemento representativo de la cerámica en México.
En la cerámica el elemento artístico está representado por la forma,
determinada por el uso, y el decorado. La cerámica se distingue por su variedad
de estilos y colores.
Los antiguos mexicanos conocieron y trabajaron diversos metales. Varios
lugares se distinguen por su trabajo de orfebrería y metalistería como Santa
Clara del Cobre, en Michoacán. Taxco, Guerrero, se caracteriza por su trabajo
con plata. La joyería de oro ha destacado y son muy importantes las piezas de
filigrana que se producen en Oaxaca, Chiapas y Yucatán. También la hojalata es
un material muy utilizado en artículos decorativos como: cajas, marcos,
charolas, lámparas y faroles.
La gama de productos de madera es muy variada y van desde los muebles hasta los
artículos pintados al maque o laca. Actualmente existen tres grandes centros
productores de origen mesoamericano: Michoacán (Uruapan, Pátzcuaro y Quiroga),
en Guerrero, Olinalá y Chiapa de Corzo en Chiapas.
En México, también han destacado: la pintura, el grabado, el trabajo con
vidrio, la talabartería, la juguetería, las miniaturas, las máscaras y el arte
plumario, el cual casi ha desaparecido.
Mucho de lo que las personas hacen en su vida cotidiana son costumbres, como emplear chile en las comidas, hacer piñatas o usar huaraches. Las costumbres dependen en gran parte del clima y del tipo de recursos que hay en el lugar. En nuestro país, por ejemplo, en las regiones donde hay arcilla, la gente hace objetos de barro y ha enseñado ese conocimiento a sus hijos. En las costas, muchas personas preparan platillos con pescado o fabrican artesanías con los caracoles y en los lugares donde hay ganado la gente conoce la manera de aprovechar las pieles de los animales para producir ropa o zapatos.
Las costumbres se aprenden en la familia y
en la comunidad. Además de las costumbres, existen las tradiciones; las
celebraciones y las fiestas propias de un lugar son parte de ellas. Cada
fiesta, tiene una manera propia de llevarse a cabo, pero nunca faltan la
música, los danzantes, los guisos y los dulces. Las personas que han vivido
juntas en el mismo lugar durante largo tiempo tienen costumbres y tradiciones
distintas de la gente de otras regiones.