Periodo formativo o preclásico
El horizonte "Formativo"
o "Preclásico" abarca desde el

La agricultura
cambió la forma de vivir de la gente; le permitió establecerse en aldeas y
comenzó una forma de vida sedentaria pues la cosecha aseguraba comida para
todos y ya no hubo necesidad de ir de un lugar a otro en busca de alimento. Poco
a poco la población aumentó y las aldeas crecieron. Sus habitantes aprendieron
a hacer ollas, cántaros y platos de barro. Trabajaban la piedra y domesticaron
animales como el guajolote, el pato y un perro llamado "itzcuintli".
Con el tiempo, algunas aldeas
se convirtieron en ciudades y centros ceremoniales. El proceso de crecimiento aldeano, que tuvo
lugar en varias partes de Mesoamérica, habría de culminar con el
establecimiento de la cultura olmeca. Surgida en tierras cálidas y húmedas de
la costa del Golfo de México, esta cultura
estuvo favorecida por la abundancia de agua; su poder y vigorosa influencia se
extenderían por toda el área y más allá de sus fronteras.
Los olmecas fueron los
primeros en construir centros ceremoniales como
En ese
lugar abundaban: monos, tlacuaches, jabalíes, iguanas, faisanes, guajolotes,
venados, jaguares y muchos animales más. Los olmecas consideraban al
jaguar una criatura sagrada y lo relacionaban con el mundo oscuro, frío,
nocturno y húmedo de la tierra. Asimismo, lo asociaban con las cuevas y el
ejercicio del poder. El jaguar era la principal figura religiosa, lo veneraban
porque para ellos representaba los misterios y peligros de la selva, así como
la fuerza para vencer los obstáculos de vivir en ella.
Durante
el Preclásico
, los olmecas, o
"habitantes del país del hule", formaron la primera gran cultura
mesoamericana y alcanzaron un gran desarrollo; llevaban y traían diferentes
mercancías para intercambiar, entre ellas el hule de Tabasco y Veracruz. A
partir del comercio y las expediciones, muchos avances de los olmecas se
extendieron por toda Mesoamérica, en lugares apartados como Guerrero, el Valle
de México, Oaxaca y la zona maya. Al pasar por otras comunidades, enseñaban lo
que ellos sabían, por lo que se le reconoce como "Cultura Madre",
pues las demás basaron parte de su desarrollo en ella.
Gracias a los ríos de su área
geográfica los olmecas desplazaron sus productos con facilidad. Las enormes
piedras que utilizaron para sus esculturas y edificios eran deslizadas sobre
balsas por medio de las corrientes. Los olmecas desarrollaron una relación
comercial muy estrecha con el valle de Oaxaca, la cual fortaleció a las elites zapotecas y facilitó el
desarrollo de Monte Albán.
Los olmecas
fueron agricultores, comerciantes, artistas y grandes constructores. Trabajaron
el barro y la piedra. Tallaban desde pequeñas figuras de jade hasta enormes cabezas
de piedra, de más de dos metros de altura, esculpidas en rocas que traían de
muy lejos. El ajuar doméstico incluía vasijas de cerámica, metates de piedra,
petates, canastos y telas para vestir, elaboradas con hilos de algodón o de
fibras ásperas como las de la lechuguilla o la yuca.
La población vivía en aldeas
en torno al centro ceremonial dentro del cual residían los sacerdotes y
gobernantes con sus familias. Los monumentos olmecas son impresionantes. Los
olmecas crearon los principios de un urbanismo ceremonial, iniciaron el
desarrollo del calendario con los conocimientos astronómicos que lo fundamentan
y establecieron una escritura figurativa. Se piensa que ellos iniciaron los
conocimientos de la numeración, del calendario y de la escritura, como se
observa en varios de sus monumentos y esculturas.
La
sociedad estaba compuesta por distintos grupos; mientras unos cultivaban, otros
gobernaban u organizaban ritos para el culto a los dioses. Las necesidades de
aquella sociedad estratificada hicieron necesario que algunos administraran la
producción, impulsaran el comercio y dirigieran las obras monumentales. Los
individuos que dirigían los servicios religiosos conjugaban asimismo el poder
político pues poseían conocimientos esenciales sobre el calendario y el momento
preciso de la siembra.
Entre los
años 500 y
Culturas lacustres: Cuicuilco
En la cuenca
del valle de México empezaron a construirse grandes estructuras y espacios
ceremoniales a partir del año
Junto con
Cuicuilco, las villas de Tlatilco, Tlapacoya y Teotihuacán se encontraban en
puntos idóneos para aprovechar los recursos del valle. Las primeras se alojaban
en las cercanías de los lagos de Texcoco, Chalco y Xochimilco, cuyas riberas y
chinampas tuvieron una rica producción agrícola. La última, se ubicó junto a
dos yacimientos de obsidiana, una piedra importantísima para los pueblos
mesoamericanos.

Tenemos pocos datos acerca de
su organización social; sin embargo, algunas de las figuras encontradas nos
indican la aparición de un grupo privilegiado pues en algunos casos aparecen
con adornos que seguramente portaban aquellos que ejercían el poder. Por otra
parte, las tumbas encontradas bajo las casas o en los campos, parecen indicar
un culto a la muerte y su integración al ciclo vital. Los enterramientos
permiten detectar las diferencias sociales que existían, pues los cadáveres se
acompañaban con ofrendas, determinadas por el status social.
En Tlatilco
se han encontrado figuras de cerámica que representan acróbatas, danzantes,
músicos, jugadores de pelota, verduras y animales, pero prevalecen las figuras
de mujer, lo que nos hace suponer que rendían culto a la tierra como diosa
femenina procuradora del sustento. Las figurillas que representan mujeres
desnudas indican un ritual agrícola de fertilidad.
También existía la creencia
en un dios viejo que custodiaba el fuego. Asimismo, como se han encontrando
objetos y figuras hechas con material procedente de regiones lejanas, se deduce
la existencia de intercambio entre los diversos grupos mesoamericanos.
Hacia el
año
