Cuaderno de Trabajo

Mesoamérica

Características del territorio y asentamiento de algunas culturas

Los primeros grupos humanos que llegaron al territorio que actualmente ocupa la República Mexicana eran nómadas, vivían en campamentos y cuevas en aquellas zonas que les proporcionaban mayores facilidades para subsistir. Usaban el fuego para obtener calor y luz en la noche, cocer algunos alimentos y aprovecharlos mejor. Su economía era simple, basada en la caza de animales con cuyas pieles se vestían. Para alimentarse, recolectaban frutos, semillas y raíces. Fabricaban armas e instrumentos de piedra, hueso o madera. Su forma de organización era sencilla, basada en agrupamientos de tipo familiar. De su paso por la región nos hablan los testimonios encontrados en distintos lugares: puntas de flecha, cuchillos, hachas de piedra, esqueletos humanos, huesos de animales y pinturas rupestres.

Cuando las condiciones climáticas cambiaron, desaparecieron los pastos que servían de alimento a los grandes mamíferos y éstos empezaron a extinguirse. A partir de entonces, las mujeres y los hombres se vieron obligados a aprovechar los recursos vegetales y subsistir de la casa de animales pequeños como venados, conejos y aves. La recolección intensiva los llevó a hacer reservas de productos silvestres para su alimentación, lo que les permitió establecerse en un mismo sitio por temporadas más largas.

No se sabe exactamente cómo se inició la agricultura. Algunos piensan que empezó con el cuidado de las plantas silvestres que servían para comer. Aquel grupo de seres humanos observó que las semillas que caían en la tierra húmeda daban origen a otras plantas; esto los animó a sembrar diferentes granos.

El cultivo de plantas exigió ajustes en la vida de los pueblos, pues la población requería de un asentamiento fijo, por lo menos durante algunos meses cada año. Al principio el traslado coincidía con el cambio de estación, pero los miembros de cada comunidad quedaban obligados a moverse dentro de un territorio limitado, lo que empezó a otorgarles sentido de propiedad territorial. Estos movimientos seminómadas favorecieron el intercambio de productos y el establecimiento de aldeas permanentes, casi siempre próximas a ríos y lagos. De esta manera, sus jacales y chozas quedaban en las cercanías de las tierras de cultivo.

Con el paso del tiempo, los descendientes de los primeros pobladores modificaron su forma de vida. Aprendieron a observar el comportamiento de los animales, a identificar los cambios de clima, a utilizar y diferenciar las plantas. Desarrollaron y perfeccionaron técnicas para fabricar sus herramientas: agujas, hachas o puntas para lanzas o dardos. Pero sin duda, lo más importante que aprendieron fue a cultivar la tierra.

Las plantas que originalmente domesticaron fueron el maíz, la calabaza, el chile, el frijol y otras especies vegetales. Poco a poco el hombre aprendió a mejorar las especies por medio de los cuidados. El maíz, que fue una planta silvestre con pequeñas mazorcas, creció y sirvió de base para la alimentación de muchos pueblos.

El sedentarismo temporal se convirtió en permanente a medida que la agricultura se intensificó y se obtuvo una producción excedente. Aparecieron implementos como la coa o bastón plantador, las hachas y las azuelas; se desenvolvieron nuevos conocimientos y la división del trabajo quedó bien establecida.

Las pequeñas aldeas se convirtieron en poblados de mayor tamaño. Aunque las habitaciones siguieron siendo chozas sencillas con techos de palma y muros de troncos cubiertos de lodo, iniciaron construcciones duraderas en sus centros ceremoniales. Alrededor de las plazas había templos para realizar ceremonias dedicadas a los dioses y palacios donde vivían los gobernantes. La población aumentó y se desarrollaron otras actividades: cestería, cerámica metalurgia y tejidos.

Al tener mayor contacto con las plantas, descubrieron sus cualidades y sacaron mayor provecho de ellas; de esta manera, empezaron a utilizar fibras vegetales, dando inicio la cestería. También empezó a surgir una cerámica sin muchas variaciones. Crearon machacadores y morteros para moler y triturar semillas de plantas silvestres.

Trabajaron la piedra y domesticaron animales como: el guajolote, el pato y un perro llamado itzcuintli. Por todo esto, surgió la necesidad de organizar la sociedad y una minoría, formada por sacerdotes, tomó a su cargo la tarea de gobernar. Para medir el tiempo y predecir la época de lluvias, ellos observaban y registraban los movimientos del sol, la luna y las estrellas.

El hombre adaptó sus artefactos y utensilios a su forma de subsistencia. La cerámica, poco a poco presentó formas de animales, plantas y del ser humano mismo. Se introducen elementos como soportes, asas y decoraciones diversas. En cuanto a su uso, lo mismo encontramos cerámica doméstica, que ritual o funeraria. Las piezas encontradas nos permiten reconstruir sus rasgos físicos y costumbres.

Aparecen las plataformas escalonadas como basamento de las construcciones religiosas y surgen las pirámides. Las villas y centros urbanos más desarrollados florecieron en diversos lugares de una amplia zona llamada Mesoamérica, la cual abarca parte de nuestro país y Centroamérica.

Al norte de la región de Mesoamérica, los investigadores han definido una línea imaginaria para distinguir esta zona de otra región del territorio conocida como Aridoamérica, donde las condiciones climáticas dificultaron el desarrollo de sociedades agrícolas.

La región de Mesoamérica se llama así porque se localiza en la parte central del continente americano. Esta región se caracteriza por la diversidad de su paisaje, cuenta con gran variedad de suelos y climas, con suficientes lluvias, no sólo propicias para la agricultura, sino para producir excedentes. Las condiciones naturales de esta región son favorables para la vida humana. Además, sus productos naturales son diversos. La disponibilidad de agua, la fertilidad de la tierra y la variedad de plantas, ayudaron a que surgieran grandes civilizaciones agrícolas.

La diversidad de climas y productos naturales de Mesoamérica propició el intercambio entre zonas apartadas. Aunque cada civilización tuvo rasgos propios, el comercio, las migraciones y las expediciones militares provocaron que unas culturas influyeran en las otras. Por eso hay costumbres, creencias y formas de trabajo que son comunes a todos los pueblos mesoamericanos. La aparición de grupos con actividades especializadas, el fenómeno de la urbanización y la militarización de los señoríos produjeron un desenvolvimiento social de gran complejidad.

Entre los rasgos comunes se encuentran:

 

Las culturas mesoamericanas se han clasificado en cinco regiones. Sin embargo, es necesario advertir que la relación e intercambio comercial entre las distintas áreas culturales fue constante. Ellas son:

La evolución de las civilizaciones mesoamericanas es larga y complicada. Para entender mejor esa historia los especialistas la han dividido en horizontes culturales, épocas en las que los pobladores de la región comparten más o menos el mismo nivel de desarrollo, el cual podemos reconocer entre otras cosas por el tipo de cerámica, de construcciones arquitectónicas, y otros indicadores que corresponden a ciertas formas de organización social. Los límites cronológicos que se adjudican a los periodos son fechas convencionales, flexibles, por lo que deben considerarse como aproximaciones pues los fenómenos humanos son variables y resultan difíciles de delimitar.

 Formativo o Preclásico
1,500 a.C. - 200 d.C.

 Clásico
200 d.C. - 800 d.C.

 Posclásico
800 d.C. - 1521 d.C.

Del comienzo de las primeras aldeas agrícolas a la consolidación de una de las grandes civilizaciones de Mesoamérica: la olmeca.

Del florecimiento de civilizaciones teocráticas y esplendor de ciudades con grandes centros ceremoniales, al abandono de las mismas.

 Del abandono de las ciudades más importantes y la construcción de otras, hasta el momento en que Europa y América entran en contacto, a principios del siglo XVI.

Estas culturas, junto con las que recorrieron Aridoamérica o se asentaron en ella, conforman un pasado motivo de orgullo para los mexicanos, que de muchas maneras se manifiesta en nuestra vida cotidiana y en múltiples expresiones culturales que nos distinguen hoy día.

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