![]() Primera Semana |
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Desde
siempre nos ha gustado contar historias, así como escuchar
o leer las historias de otros, ya fueran inventadas o basadas
en sucesos reales. A lo largo de los siglos se ha ido desarrollando
el arte de narrar, dando lugar a un sinfín de cuentos y
novelas.
Igual que a nosotros, en los tiempos antiguos
a la gente le gustaba enterarse de lo que ocurría por el
mundo. Pero no existían periódicos, ni radio, ni
televisión. Por eso unos hombres se dedicaron a llevar
las noticias de un pueblo a otro o ha dejarlas plasmadas en manuscritos,
tablillas, códices, estelas o pinturas murales.
Como narrar quiere decir contar, estos hombres y mujeres fueron narradores. Sus narraciones las hacían de muy distintas formas. Las narraciones toman distintos caminos según la intención de quién las cuente y los intereses de quienes las oigan.
En Europa,
las "epopeyas" contaban en verso las historias
de héroes o heroínas supuestamente reales. Los "ejemplos"
contaban historias de la vida de los santos o relatos con la intensión
de resaltar alguna virtud, por lo que se utilizaba un lenguaje
sencillo y fácil de comprender.
Los juglares, además de hacer malabarismos,
recitaban o cantaban las hazañas de caballeros que habían
guerreado en un tiempo no muy lejano.
Algunos autores ponían por escrito estas historias dando origen a las novelas de caballería. Como estas narraciones también las cantaban por las aldeas, eran cantadas con palabras sencillas para que todo el mundo las entendiera y se llamaban cantares de gesta, que significa hazaña. El Cantar del Mío Cid es uno de los más conocidos.
No obstante,
que Gutenberg inventó la imprenta en el siglo XV, ya en
el siglo IX los chinos habían inventado algo parecido a
una imprenta. Se trataba unas planchas de madera en las que estaban
talladas en relieve las páginas del libro, letra por letra.
Después de entintarlas se ponía papel encima, de
forma que las letras quedaban marcadas en él. Es preciso
recordar, además, que el papel también es un invento
chino.
Gutenberg es considerado el padre de la
imprenta. Antes de él los libros se copiaban a mano por
lo que había muy pocos ejemplares. Al
surgir la imprenta el libro se transforma y el modo de narrar
cambia. Los relatos, que antes se cantaban o recitaban; ahora
se van a escribir. Y en lugar de escucharse, se van a leer. Con
los libros se tendrá toda la narración en las manos
y se puede volver atrás para consultar lo olvidado.
Al final de la Edad Media, las ciudades
crecen y empiezan a tener importancia. Los comerciantes, por necesidad
de sus negocios, aprenden a leer y escribir. Ellos y los demás
burgueses, es decir, aquellos que se fueron a vivir a los burgos
o ciudades, ya no están aislados pues las ciudades están
llenas de gente por lo que a los narradores empieza a interesarles
la vida real. La observación de la vida cotidiana y de
la forma de actuar de las personas, crea en los narradores una
preocupación cada vez mayor por imaginar cómo son
los personajes que aparecen en las historias y cómo ven
el mundo.
No se
les olvide que narrar es contar, referir lo sucedido y no sólo
describir lo que se ve. Toda narración debe tener una secuencia,
es decir, debe hablarnos de lo que pasa y relacionarlo con lo
que pasó antes y pasará más adelante.
Después
de observar el dibujo, escribamos una secuencia narrativa, procurando
no tan sólo describir lo que miramos, sino contando lo
que pensamos que está haciendo el personaje que aparece
en la ilustración y señalando qué creemos
que ocurrió antes y qué ocurrirá después.
En fin, construyamos una historia colectiva en donde cada uno
aporte una parte de ella.
El juego comienza así:
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