Primera Semana
 
 Cuaderno de trabajo

¡Vámonos de pinta con Colón!

Alguna vez se han preguntado:

De las primitivas y toscas embarcaciones en las que el hombre se aventuró por primera vez sobre las tempestuosas aguas del mar, a las pesadas naves en las que consumían su vida sin esperanza cientos de galeotes encadenados al remo, hasta llegar a los actuales trasatlánticos, la historia de la navegación se nos ofrece como una prueba del valor y poder del ingenio humano. Al progreso técnico de las naves se añadió un espíritu aventurero, que llevó a realizar hazañas personales y a descubrir vías hacia nuevos mundos.

Nadie sabe con exactitud cómo ni cuando, se le ocurrió a la humanidad desplazarse con una embarcación sobre el agua. Es posible que hace miles de años fijara su atención en un tronco cualquiera flotando a merced de la corriente en un río llevando encima algún pequeño animal y se preguntara si podría resistir el peso de un ser humano. Hicieron la prueba y comprobaron que sentado sobre su primitiva embarcación podía avanzar moviendo las manos y los pies en el agua. Después inventó la balsa, que consiste en varios troncos unidos entre sí.

Al parecer no le fue muy difícil atar varios troncos entre sí con fibras vegetales y mimbre pues esto lo hacía con frecuencia para construir el tejado de su cabaña. A un tronco central sujetaba troncos laterales más flexibles, uniendo sus puntas en la proa (delante) y en la popa (detrás).

Más tarde, ahuecó un tronco y obtuvo la primera canoa, pero con estas embarcaciones solamente podía ir hacia donde le llevara la corriente del agua. Para dirigir su nave hacia donde quería, tuvo que inventar el remo y más tarde la vela con la que logró moverse aprovechando la energía y dirección del viento. Después inventaría el timón y perfeccionaría las naves, pero para eso tuvieron que pasar muchos miles de años.

En principio la canoa fue un simple tronco vaciado, pero el ser humano pronto comprendió que si lo acababa en punta vencía mucho mejor la resistencia del agua. El casco lo trabajaban en forma de quilla para que la nave resultara más estable.

En Mesoamérica, muchos pueblos navegaron en ríos, lagunas y lagos. Por ejemplo: los olmecas por los ríos Coatzacoalcos y Tonalá, la cultura Mezcala por el río Balsas, los yopes por las lagunas de Coyuca y Tres Palos, los tarascos en el lago de Pátzcuaro, los mexicas en el lago de Texcoco. De lo que si no existen evidencias es si llegaron a realizar viajes por mar. Sus embarcaciones fueron muy sencillas, comúnmente se usaba la canoa.

Las primeras expediciones marinas que conocemos fueron las de los antiguos egipcios, quienes desarrollaron una intensa actividad comercial a lo largo del río Nilo y el Mar Rojo. Se valían para eso de toscas embarcaciones construidas con tallos que ataban fuertemente entre sí, ya que por el tipo de suelo y clima no disponían en abundancia de troncos y ramas de árboles. Los barcos que construyeron para sus viajes marítimos eran en realidad embarcaciones fluviales reforzadas y equipadas, pues inicialmente habían sido ideadas para desplazarse por el Nilo. Los barcos eran impulsados a remo pero también podían navegar con viento por medio de velas que eran pedazos de tela fuerte (lona) sostenidos con un palo vertical llamado mástil y otro horizontal denominado verga.

Poco a poco el dominio de los mares pasó a los fenicios. Quienes se convirtieron en muy buenos comerciantes y marinos. Los fenicios recorrieron ampliamente las costas del Mar Mediterráneo y tuvieron contacto con los griegos, quienes después se convirtieron en una potencia naval.

A partir de entonces se desarrollaron distintos tipos de embarcaciones. Los barcos mercantes y aquellos ideados para la guerra. Los primeros eran anchos y de desplazamiento lento pues estaban construidos para transportar grandes cargas. Los segundos, eran estrechos y alargados, para que pudieran desplazarse con velocidad.

Alrededor del año 8 d.C. en la zona del Báltico, frente a la península escandinava, comenzó a verse un tipo de embarcaciones más robustas, distintas a las conocidas. Los barcos vikingos fueron construidos para navegar por mares más tormentosos. Estas naves eran bajas y alargadas, con popas y proas curvadas, en esta última se erguía la figura de un dragón. Este buque estaba dotado de una sola vela más ancha de abajo que de arriba, decorada con brillantes colores y bordada en oro; había sitio para 32 remos, 16 por banda. A lo largo de las bordas (costados) se colocaba una fila de escudos de madera, con objeto de que los remos se protegieran.

Pocos avances se produjeron en las técnicas de construcción de barcos durante la Edad Media. No parecía existir la necesidad de emprender nuevas exploraciones, ni por afanes de conquista ni por buscar nuevos horizontes al comercio. Los intereses económicos, en ese momento, se concentraban en la posesión de tierra para el cultivo y la nave de grandes dimensiones, adecuada para los viajes oceánicos, fue casi desconocida tras la caída del Imperio Romano. Hasta el siglo XIV los constructores españoles, italianos y portugueses, empezaron a estudiar una serie de modificaciones en el clásico barco mercante romano, con objeto de darle mejores condiciones marineras, pensando en la fuerza del viento como único medio de propulsión. De ahí surgió un nuevo tipo de embarcación: la carabela y el galeón, que era un poco mayor. El fondo plano, utilizado anteriormente, fue sustituido por otro redondo. El galeón, fuerte y apto para la navegación oceánica era de líneas redondeadas, alto de popa y proa.


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