"…¿Dónde
termina el juego y dónde comienza la matemática seria? Una pregunta
capciosa que admite múltiples respuestas. Para muchos de los que ven
la matemática desde fuera, ésta mortalmente aburrida, nada tiene que
ver con el juego. En cambio, para los más de entre los matemáticos,
la matemática nunca deja totalmente de ser un juego, aunque además
de ello pueda ser otras muchas cosas.
El
juego bueno, el que no depende de la fuerza o maña físicas, el juego
que tiene bien definidas sus reglas y que posee cierta riqueza de
movimientos, suele prestarse muy frecuentemente a un tipo de análisis
intelectual cuyas características son muy semejantes a las que presenta
el desarrollo matemático. Las diferentes partes de la matemática tienen
sus piezas, los objetos de los que se ocupa, bien determinados en
su comportamiento mutuo a través de las definiciones de la teoría.
Las reglas válidas de manejo de estas piezas son dadas por sus definiciones
y por todos los procedimientos de razonamiento admitidos como válidos
en el campo. Cuando la teoría es elemental, estos no son muchos ni
muy complicados y se adquieren bien pronto, lo cual no quiere decir
que el juego sea trivial. Elemental quiere decir cerca de los elementos
iniciales y no necesariamente simple. Existen problemas elementales
desproporcionadamente complicados con respecto a su enunciado. Un
ejemplo lo constituye el problema de averiguar el mínimo de las figuras
en las que una aguja unitaria puede ser invertida en el plano por
movimientos continuos. Cuando la teoría no es elemental es generalmente
porque las reglas usuales del juego se han desarrollado extraordinariamente
en número y en complejidad y es necesario un intenso esfuerzo para
hacerse con ellas y emplearlas adecuadamente. Son herramientas muy
poderosas que se han ido elaborando, cada vez más sofisticadas, a
lo largo de los siglos. Tal es, por ejemplo, la teoría de la medida
e integral de Lebesgue en el análisis superior.
La
matemática así concebida es un verdadero juego que presenta el mismo
tipo de estímulos y de actividad que se da en el resto de los juegos
intelectuales. Uno aprende las reglas, estudia las jugadas fundamentales,
experimentando en partidas sencillas, observa a fondo las partidas
de los grandes jugadores, sus mejores teoremas, tratando de asimilar
sus procedimientos para usarlos en condiciones parecidas, trata finalmente
de participar más activamente enfrentándose a los problemas nuevos
que surgen constantemente debido a la riqueza del juego, o a los problemas
viejos aún abiertos esperando que alguna idea feliz le lleve a ensamblar
de modo original y útil herramientas ya existentes o a crear alguna
herramienta nueva que conduzca a la solución del problema.
Por
esto no es de extrañar en absoluto que muchos de los grandes matemáticos
de todos los tiempos hayan sido agudos observadores de los juegos,
participando muy activamente en ellos, y que muchas de sus elucubraciones,
precisamente por ese entreveramiento peculiar de juego y matemática,
que a veces los hace indiscernibles, hayan dado lugar a nuevos campos
y modos de pensar en lo que hoy consideramos matemática profundamente
seria…"
"…¿Se
pueden utilizar los juegos matemáticos con provecho en la enseñanza?
¿De qué forma? ¿Qué juegos? ¿Qué objetivos pueden conseguirse a través
de los juegos?
Los
juegos tienen un carácter fundamental de pasatiempo y diversión. Para
eso se han hecho y ese es el cometido básico que desempeñan. Por eso
es natural que haya mucho receloso de su empleo en la enseñanza. "El
alumno, -piensa-, se queda con el pasatiempo que, eso sí, le puede
comer el coco totalmente y se olvida de todo lo demás. Para lo que
se pretende, es una miserable pérdida de tiempo".
A
mi
parecer, en cambio, ese mismo elemento de pasatiempo y diversión que
el juego tiene esencialmente, debería ser un motivo más para utilizarlo
generosamente. ¿Por qué no paliar la mortal seriedad de muchas de
nuestras clases con una sonrisa? Si cada día ofreciésemos a nuestros
alumnos, junto con el rollo cotidiano, un elemento de diversión, incluso
aunque no tuviese nada que ver con el contenido de nuestra enseñanza,
el conjunto de nuestra clase y de nuestras mismas relaciones personales
con nuestros alumnos variarían favorablemente.
Pero
es que además sucede que, por algunas de las razones apuntadas antes,
relativas a la semejanza de estructura del juego mismo y de la matemática,
avaladas por la historia misma de la matemática y de los juegos, y
por otras razones que señalaré a continuación, el juego bien escogido
y bien explotado puede ser un elemento auxiliar de gran eficacia para
lograr algunos de los objetivos de nuestra enseñanza más eficazmente.
En
mi opinión, el objetivo primordial de la enseñanza básica y media
no consiste en embutir en la mente del niño un amasijo de información
que, pensamos, le va a ser muy necesaria como ciudadano en nuestra
sociedad. El objetivo fundamental consiste en ayudarle a desarrollar
su mente y sus potencialidades intelectuales, sensitivas, afectivas,
físicas, de modo armonioso. Y para ello nuestro instrumento principal
debe consistir en el estímulo de su propia acción, colocándole en
situaciones que fomenten el ejercicio de aquellas actividades que
mejor pueden conducir a la adquisición de las actitudes básicas más
características que se pretende transmitir con el cultivo de cada
materia.
Por
la semejanza de estructura entre el juego y la matemática, es claro
que existen muchos tipos de actividad y muchas actitudes fundamentales
comunes que pueden ejercitarse escogiendo juegos adecuados tan bien
o mejor que escogiendo contenidos matemáticos de apariencia más seria,
en muchos casos con claras ventajas de tipo psicológico y motivacional
para el juego sobre los contenidos propiamente matemáticos.
Es
un hecho frecuente que muchas personas que se declaran incapaces de
toda la vida para la matemática, disfrutan intensamente con puzzles
y juegos cuya estructura en poco difiere de la matemática. Existen
en ellas claros bloqueos psicológicos que nublan su mente en cuanto
se percatan de que una cuestión que se les propone, mucho más sencilla
tal vez que el juego que practican, tiene que ver con el teorema de
Pitágoras. Estos bloqueos son causados muy frecuentemente en la niñez,
donde a absurdas preguntas iniciales totalmente inmotivadas seguían
respuestas aparentemente inconexas que hacían de la matemática una
madeja inextricable cada vez más absurda y complicada.
Bien
se puede pensar que muchas de estas personas, adecuadamente motivadas
desde un principio, tal vez a través de esos mismos elementos lúdicos
que están descargados del peso psicológico y de la seriedad temible
de la matemática oficial, se mostrarían, ante la ciencia en general
y ante la matemática misma en particular, tan inteligentes como corresponde
al éxito de su actividad en otros campos diferentes.
Es
claro que no todos los juegos que se encuentran en los libros de recreaciones
matemáticas se prestan igualmente al aprovechamiento didáctico. Muchos
son meras charadas y acertijos ingeniosos. Muchos otros se basan en
la confusión intencionada del enunciado al modo de los oráculos sibilinos
y dejan al final una impresión de mera tomadura de pelo. En otros
casos la solución de la impresión de haber llegado por revelación
divina que no cabe fácilmente en un esquema de pensamiento que pueda
conducir a un método. Pero, como veremos, hay juegos que, de forma
natural, resultan asequibles a una manipulación muy semejante a la
que se lleva a cabo en la resolución sistemática de problemas matemáticos
y que encierran lecciones profundamente valiosas.
Es
mi intención presentar a continuación dos esquemas de posible utilización
de los juegos en la enseñanza. El primero consiste en un ensayo de
desarrollo heurístico a través de los juegos. Trataré de poner de
manifiesto cómo lo que, a mi parecer, constituye la savia de las matemáticas
y la manera más efectiva de acercamiento a ellas desde el punto de
vista didáctico, la resolución de problemas, puede aprovecharse de
la actividad con juegos bien escogidos. El segundo esquema presenta,
a través de un listado de temas, actitudes y actividades matemáticas,
cómo los juegos pueden utilizarse para motivar, enriquecer e iluminar
la ocupación con ellas.
Lo
que sobre todo deberíamos proporcionar a nuestros alumnos a través
de las matemáticas es la posibilidad de hacerse con hábitos de pensamiento
adecuados para la resolución de problemas, matemáticos y no matemáticos.
¿De qué les puede servir hacer un hueco en su mente en el que quepan
unos cuantos teoremas y propiedades relativas a entes con poco significado
si luego van a dejarlos allí herméticamente emparedados? A la resolución
de problemas se le ha llamado, con razón el corazón de las matemáticas,
pues ahí es donde se puede adquirir el verdadero sabor que ha atraído
y atrae a los matemáticos de todas las épocas. Del enfrentamiento
con problemas adecuados es de donde pueden resultar motivaciones,
actitudes, hábitos, ideas para el desarrollo de herramientas apropiadas,
en una palabra, la vida propia de las matemáticas. Muchos de estos
elementos pueden adquirirse igualmente en el enfrentamiento con los
problemas que constituyen los juegos matemáticos.
Lo
que sigue viene a ser, en sus líneas generales, un calco de las directrices
fundamentales de la famosa obra de Polya ¿Cómo Resolverlo?, ilustradas
aquí con algunos juegos que a mí, espigando en la literatura, me han
parecido adecuados. El objetivo de este esquema consiste simplemente
en tratar de poner bien patente la semejanza de actitudes que se dan
en la resolución de un puzzle o un juego y en la de un genuino problema
matemático, y cómo, efectivamente, muchos de los hábitos adecuados
para la tarea matemática podría no adquirirlos igualmente bien divirtiéndose
con ejemplos escogidos de juegos. La elaboración de un curso completo
de heurística en esta dirección sería un trabajo bien interesante
que requeriría una inmersión a fondo en la abundante literatura existente
a fin de analizar los juegos más apropiados para cada aspecto y para
comprobar el rendimiento efectivo de esta actividad. Trataré en lo
posible aquí de presentar ejemplos bien conocidos a fin de evitar
introducciones que nos llevarían mucho tiempo…"