"-
Probablemente crees que
soy el único -dijo el diablo de los números cuando volvió a aparecer.
En
esta ocasión estaba sentado en una silla plegable, en medio de un enorme
campo de patatas.
-
¿El único qué? -preguntó
Robert.
-
El único
diablo de los números. Pero no es cierto. Soy sólo uno de muchos.
Allá de donde vengo, en el paraíso de los números, hay montones de
nosotros. Por desgracia no soy el más importante. Los verdaderos jefes
están sentados en sus habitaciones pensando. De vez en cuando uno
se ríe y dice algo parecido a: "Rn igual a hn dividido entre función
de n por f de n, abre paréntesis, a más theta, cierra paréntesis",
y los otros asienten comprensivos y ríen con él. A veces ni siquiera
sé de qué hablan.
-
Pues para
ser un pobre diablo eres bastante engreído -objetó Robert-. ¿Qué quieres,
que te compadezca ahora?
-¿Por
qué crees que me hacen andar por ahí por las noches? Porque los señores
de ahí arriba tienen cosas más importantes que hacer que visitar a
principiantes como tú, mi querido Robert.
-
O sea que
puedo decir que tengo suerte de poder soñar por lo menos contigo.
-
Por favor,
no me malinterpretes -dijo el amigo de Robert, porque entre tanto
se habían hecho casi viejos amigos -, lo que cavilan los señores de
ahí arriba no es realmente malo. Uno de ellos, al que aprecio especialmente,
es Bonatschi. A veces me cuenta lo que va averiguando. Es italiano.
Por desgracia hace mucho que ha muerto, pero eso no significa nada
para un diablo de los números. Un tipo simpático, el viejo Bonatschi.
Por otra parte, fue uno de los primeros que entendieron el cero. Desde
luego no lo inventó, pero en cambio se le ocurrió la idea de los números
de Bonatschi. ¡Deslumbrante! Como la mayoría de las buenas ideas,
su invento empieza con el uno... ya sabes.
Más
exactamente, con dos unos: 1 + 1 = 2.
Luego
coge las dos últimas cifras y las suma:
| |
1
= 1 |
| así
que... |
1
+ 1 = 2 |
| y
luego... |
1
+ 2 = 3 |
| otra
vez las dos últimas... |
2
+ 3 = 5 |
| etcétera. |
3
+ 5 = 8
5 + 8 = 13
8 + 13 = 21 |
-
Hasta el
aburrimiento
-
Naturalmente.
Entonces,
el diablo de los números empezó a salmodiar los números de Bonatschi;
sentado en su silla plegable, cayó en una especie de canturreo. Era
la más pura ópera de Bonatschi:
Unounodostrescincoochotreceveintiunotreintaycuatrocincuentaycincoochen-
taynuevecientocuarentaycuatrodoscientostreintaytrestrescientossetentaysi-
etc...
Robert
se tapó los oídos.
-
Ya paró -dijo el anciano -. Quizá
sea mejor que te los escriba, para que puedas aprendértelos.
-¿Dónde?
-
Donde tú
quieras. Quizá en un pergamino.
Desatornilló
el extremo de su bastón y sacó un fino rollo de papel. Lo tiró al suelo
y le dio un golpecito. ¡Es increíble la cantidad de papel que había
dentro del bastón! Una interminable serpiente que se desenrolló cada
vez más y corrió más y más lejos por los surcos del campo, hasta que
su extremo desapareció en la lejanía. Y, naturalmente, en el rollo estaba
toda la serie de Bonatschi con sus números:
1,
1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233,...
A
partir de ahí, los números estaban tan lejos y eran tan pequeños que
Robert ya no pudo leerlos.
-
Bueno, ¿y
qué? - preguntó Robert.
-
Si sumas
los cinco primeros y añades uno, te sale el séptimo. Si sumas los
seis primeros y añades uno te sale el octavo. Etcétera.
-
Ya -dijo
Robert. No parecía especialmente entusiasmado.
-
Pero también
funciona si te saltas siempre un número de Bonatschi, sólo tienes
que tener siempre el primer uno -dijo el diablo de los números.
Mira:
| |
1
+ 1 = 2 |
| Y
ahora te saltas uno |
+
3 |
| Y
vuelves a saltarte uno |
+
8 |
| Y
te saltas uno más |
+
21 |
Sumas
esos cuatro, ¿y qué te sale?
-
Treinta y cuatro - dijo
Robert.
-
O
sea el número de Bonatschi que sigue al 21...."