a memoria

 

Delval, Juan.
Crecer y pensar. La construcción del conocimiento en la escuela
.
Ed. Paidós Mexicana.
México, 1991.

Páginas transcritas 179 a 183.

En el trabajo escolar se ha atribuido siempre un papel importante a la memoria que, a menudo, se ha contrapuesto a la inteligencia. "Es un chico muy inteligente pero se olvida enseguida", es una frase que podemos escuchar o, por el contrario, "tiene mucha memoria pero es una persona bastante corta" hablando como si se tratara de dos cosas independientes o hasta contrapuestas. Incluso entre las materias escolares es frecuente distinguir entre las que requieren "más memoria", como podría ser la historia o la literatura y asignaturas más de entender, que precisan más inteligencia, como pueden ser las matemáticas o la física. También se dice a menudo "es una persona que se aprende de memoria la asignatura", "me sé el libro de memoria", etc. Pero la concepción popular que subyace a este empleo del término memoria es bastante incorrecta y responde a ideas parciales o equivocadas sobre el funcionamiento psicológico y sobre lo que es la memoria, pero que casan bien con la organización tradicional del trabajo escolar.

La concepción que se tiene de la memoria dentro de la psicología ha cambiado mucho en los últimos años y se ha pasado de la idea, más o menos explícita de un almacén en el que se amontonan datos --los recuerdos-- a un mecanismo muy activo y muy relacionado con la inteligencia en el que se elaboran y reelaboran continuamente los recuerdos en función de la entrada de nueva información. El estudio de la memoria es hoy uno de los aspectos más importantes de la psicología y en el que mayores progresos se han realizado.

El concepto tradicional de la memoria era bastante confuso y bajo ese rótulo se encubrían gran cantidad de cosas distintas. En general la memoria puede entenderse como la adquisición y el mantenimiento de conocimientos de cualquier tipo. En un sentido muy amplio se puede considerar como memoria todo lo que sea formación y mantenimiento de nuevos esquemas, el de golpear un sonajero o conducir un automóvil. El recuerdo de un esquema es el propio esquema funcionando y así, si un niño ha aprendido a montar en bicicleta, o a dividir, lo que ha hecho ha sido formar esquemas complejos mediante la reunión de otros más simples que se ponen en marcha cuando ve una bicicleta, o le piden que haga una división. El recuerdo es el ejercicio de esos esquemas, esto es, el montar en bicicleta o el dividir y eso constituye un conocimiento perfectamente integrado con otros cuando se ha aprendido de verdad. Pero el uso más habitual del término memoria no se refiere al recuerdo de esquemas sino al de situaciones más determinadas, o de objetos, conocimientos que están localizados en el espacio y en el tiempo: lo que hice el día de reyes, la excursión a la montaña, el nombre de mis compañeros de clase, etc.

Los progresos en el estudio de la memoria se han realizado relacionándola con la recepción y la elaboración de la información. Nos llega información a través de los sentidos y se ha visto que esa información no desaparece instintivamente sino que se mantiene durante un periodo de tiempo muy breve pero que puede medirse, por lo general inferior a un segundo y se mantiene mucha información que es analizada. Parte de ella se registra en lo que se denomina "la memoria a corto plazo" o memoria inmediata que tiene una duración breve, en general inferior a medio minuto, y que supone ya una selección muy importante respecto a lo que se había mantenido en el registro sensorial. El nombre de una persona o un número telefónico lo recordamos durante unos segundos después desaparece, a no ser que hagamos un esfuerzo por recordarlo o algún ejercicio para ello. La capacidad de mantener información en la memoria inmediata es reducida y va aumentando con la edad.

Si queremos conservar algo durante más tiempo se supone que debe registrarse de otra manera y pasar a lo que se denomina "la memoria a largo plazo" en la que se acumulan informaciones muy variadas y en gran cantidad. En principio el número de informaciones que se pueden mantener en la memoria a largo plazo es ilimitado pero el problema es hacer recuperar la información que está allí. Muchas veces podemos suponer que disponemos de una información pero lo que no sabemos es como recuperarla, es como si tuviéramos un dato en un fichero pero no supiéramos dónde está.

El problema es que los datos que están registrados en la memoria no son siempre accesibles y no lo son de la misma manera. Por esto se puede distinguir distintas actividades relacionadas con la memoria y entre ellas se puede diferenciar entre la memoria de reconocimiento y la memoria de vocación. Es mucho más fácil reconocer un dato que suministrarlo. Si nos preguntan cuál es el nombre del cartero quizá no nos acordemos pero si nos dicen el cartero se llama Pedro, Juan o Enrique y hemos oído alguna vez su nombre, posiblemente nos será más fácil reconocerlo. De la misma manera sucede con la cara de una persona, es mucho más difícil describir la fisonomía de alguien que reconocer esa fisonomía en una serie de fotografías.

La amplitud de la memoria va aumentando con la edad. Si medimos la memoria, por ejemplo, por el número de dígitos que se pueden recordar, vemos como entre los dos o tres años hasta los quince o dieciseis, ese número va aumentando y al llegar a la edad adulta se estabiliza. Se admite que los humanos son capaces de manejar en la memoria a corto plazo unas siete unidades de información. Pero en realidad este hecho no es demasiado importante desde el punto de vista práctico porque lo que afecta sobre todo la capacidad de recordar son las estrategias o los procedimientos que utilizamos para hacerlo. Podemos recordar dígitos o letras aisladas pero también podemos reunirlos en bloques y eso facilita enormemente el recuerdo. Lo que posiblemente cambia más con la edad es precisamente la capacidad para ser capaces de recordar y eso supone organizar los conocimientos.

Así pues el recuerdo está muy estrechamente relacionado con la capacidad de organizar el material que se tiene que recordar y esa capacidad de organización está en relación con el desarrollo congitivo. Si nosotros le damos a chicos una serie de figuras geométricas colocadas sobre un cartón en determinada posición pero sin que estén ordenadas de alguna forma que pueda descubrirse fácilmente, el recuerdo será malo tanto en chicos pequeños como en mayores. Si en cambio le damos esas mismas figuras ordenadas de acuerdo con su forma por un lado y su tamaño por otro, el recuerdo de los mayores será mucho mejor que el de los pequeños que probablemente ni siquiera se den cuenta de que las figuras estaban ordenadas. Así pues, la capacidad de recuerdo está estrechamente relacionada con el sentido que tenga lo que tenemos que recordar y con la conexión que pueda establecerse con otros conocimientos.

 

 

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