i l e n c i o .. e n .. e l .. p u n t o .. d e .. a g u a

 


"¿Somos los únicos seres vivos en el universo?
Esta es una pregunta que nos surge naturalmente desde el momento en que elevamos los ojos al cielo para contemplar una bella noche estrellada.

En efecto, ¿por qué no habría entre esos millares de estrellas un sol como el nuestro, con una corte de planetas sobre los cuales vivieran seres semejantes a nosotros?

Esta pregunta forma parte de las cuestiones fundamentales sobre la vida, la muerte y el más allá que el hombre siempre se ha planteado, sin lograr jamás superar la etapa de las especulaciones.

Necesidad de conocer, de darle un orden al mundo en que vivimos, pero también necesidad de redefinir el marco en el que se desenvuelve nuestra experiencia cotidiana. Si los radioastrónomos captaran por fin un mensaje inteligible proveniente de los confines de nuestra Galaxia, nuestra visión del mundo se transformaría.

Desde hace unos veinte años este campo, que parecía reservado a los autores de ciencia-ficción, se ha abierto a los astrónomos, que han comenzado a tener los conocimientos y la tecnología necesarios para abordarlo. Pero, ¿por dónde empezar a indagar sobre la vida en el universo? Puesto que no se ha encontrado aún ningún signo de vida fuera de la Tierra, basta, por lo general, un descubrimiento, un hecho concreto novedoso para dar inicio a un tema de investigación. Su punto de partida y el motor que le da impulso es la profunda convicción de que esta cuestión debe ser abordada ya, y que requiere de una pronta respuesta.

Tal convicción resulta de la evolución del pensamiento occidental durante los últimos siglos. La Tierra, que antes de Copérnico parecía ser el centro del universo, perdió su posición privilegiada en beneficio del Sol, el cual, a su vez, se encontró muy pronto en la situación nada envidiable de ser una estrella enana bastante común en nuestra Galaxia, perdida también entre miles de millones de galaxias dentro de un universo inconmensurable. Esta desprovincialización del pensamiento moderno puede constituirse en principio, el principio de mediocridad, según el cual nuestra posición en el universo no tiene nada de excepcional. ¿No sería el paso siguiente pensar que la vida terrestre no tiene, tampoco, nada de excepcional?

Mientras esperamos la observación astronómica irrefutable que canalizará las investigaciones futuras, todas las hipótesis sobre la vida en el universo están, a priori, permitidas. Lo que caracteriza particularmente a esta investigación, es decir, la ausencia de elementos convincentes y el vacío conceptual inicial, es lo que la hace interesante y le confiere una dimensión diferente. Todo está por verse y la búsqueda de la vida en el universo está a punto de estallar en una multitud de direcciones. Algunos investigadores realizan actualmente el inventario de los elementos constitutivos de la vida en el medio interestelar. Otros, intentan calcular el número probable de lugares propicios para la vida en nuestra Galaxia y, en seguida, tratan de derivar las consecuencias que tendría la eventual presencia de vida, e incluso de civilizaciones inteligentes, fuera de la Tierra. Y para encontrar fragmentos de la respuesta al silencio del universo no dudan en tomar como fuente de inspiración a la literatura de ciencia-ficción, La empresa llega a ser pluridisciplinaria; la antropología de las sociedades polinesias, por ejemplo, promueve los estudios de colonización de nuestra galaxia: ¿No son las estrellas comparables a las islas del océano Pacífico, separadas por inmensas extensiones que los colonizadores debieron franquear arriesgando sus vidas? Finalmente, otros astrónomos, más pragmáticos, se han dedicado a buscar sistemas planetarios que giren en torno a otras estrellas; o a escuchar el universo, esperando captar, algún día, mensajes de otras civilizaciones..."

"En cuanto a la emisión de un mensaje cuyo propósito sea establecer contacto con otras civilizaciones, debe obedecer al principio de anticriptografía. Su código debe ser sencillo y su contenido fácilmente descifrable...Un primer mensaje podría estar constituido por una serie de cifras, como la secuencia de los números primos: 1, 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17,..., o bien un número irracional como pi, repetido indefinidamente. Estas cifras tienen un valor semántico en la medida en que la señal no puede ser producido por un proceso natural sino que requiere de la intervención de seres inteligentes..."

Tomado del libro:
Silencio en el punto de agua. ¿Estamos solos en el universo?. De Emmanuel Davoust.
Editorial Siglo XXI, España, 1993.
Páginas transcritas: 13 y 14, 157 y 158.

 


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Mensajes para otros mundos