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Nació en Daresbury en 1832, primer varón y tercer hijo de una familia de once hermanos, todos ellos tartamudos. Su padre era un clérigo acomodado que ascendió a archidiácono. De niño, Dodgson demostró una "pintoresca precocidad" que incluía una prematura preocupación por el significado de los logaritmos, una gran afición por las marionetas y los espectáculos mágicos y la habilidad para inventar jeroglíficos matemáticos. Igual que otros niños, tenía sus animales favoritos, caracoles y ranas, pero en una perversa y original innovación, intentó hacer pelear dos gusanos. Con este propósito, se dice que los equipó con armas apropiadas, pero sus intentos fracasaron. Después de una temprana educación familiar, durante la que su padre le inculcó el interés por las matemáticas y la teología, fue a un colegio privado en Richmond y luego a Rugby. Fue un buen estudiante, excepcional en matemáticas y aceptable en disciplinas clásicas. Pero como era un "tipo raro", no fue feliz en Rugby. Más tarde escribiría, "no se si ninguna consideración humana podría inducirme a pasar de nuevo por estos tres años". Se refugió en su trabajo literario y empezó a escribir para distintas revistas. Una de ellas contiene curiosos artículos sobre rompecabezas matemáticos de diversos tipos incluyendo uno de sus ensayos más controvertidos llamado "Un problema Hemisférico o ¿Dónde cambia el día de nombre?. Este era un problema real. El día cambia su nombre en la línea internacional de cambio de fecha, pero esta demarcación no fue inventada hasta 25 años más tarde que el problema empezara a preocupar a Dodgson. Siempre estuvo obsesionado por el tiempo, y alguno de los maravillosos y desconcertantes efectos de sus últimas obras están conseguidos por el modo como lo maneja. En enero de 1851 entró en el Christ Church College de Oxford. Estuvo en él 47 años, hasta su muerte. Pasó todos sus exámenes con distinciones; entró a formar parte del personal docente del College y en 1861 fue ordenado diácono de la Iglesia de Inglaterra. No llegó nunca a ordenarse sacerdote y su misma ordenación de diácono fue precedida por largos años de autoexamen y de recelos. Su tartamudez y sus dudas doctrinales no fueron los únicos obstáculos que le impidieron entrar al sacerdocio. Su profesión de matemático le gustaba, aún cuando no destacase extraordinariamente como tal; y, además, se resistía a someterse a ciertas reglas impuestas por la costumbre a los que se ordenaban sacerdotes. Por ejemplo, no hubiera podido asistir al teatro y estaba decidido a no abandonar este inocente entretenimiento. Se ha sugerido, también, que tras esta negativa de Dodgson a ordenarse, podía ocultarse el deseo, ignorado incluso por él mismo, de casarse. Sospecho que ésta es la clase de asuntos a los que son aficionados los biógrafos interpretativos; pero lo cierto es que en este caso no existe evidencia alguna que lo justifique... En la vida "semiclaustral, refinada y excéntrica" de Dodgson hubieron pocos cambios, a parte de un viaje de seis semanas por el continente (1867), en el curso del cual visitó Rusia. Fue estudiante durante toda su vida y profesor durante 27 años. Escribió diversas cartas en periódicos sobre cuestiones públicas y participó en muchas de las controversias de Oxford. Era "extraordinariamente meticuloso" y bastante aburrido como profesor... En sus lecciones a los niños utilizaba un sistema de diapositivas de su invención, construyó un Humpty Dumpty mecánico, reunió una biblioteca de 5000 volúmenes, compró un esqueleto para estudiar anatomía, instaló termometros y estufas de gas en sus habitaciones porque sentía horror a las corrientes de aire; usaba cinco tamaños de papel para escribir, mantenía una prodigiosa correspondencia que tenía catalogada y llegó a ser uno de los mejores fotógrafos de su tiempo.
El hecho de que Dodgson no llegase nunca a ser un serio candidato para el matrimonio, no debe inducirnos a creer que fuese incapaz de amar. No amaba, es verdad, a los adultos, o cuando menos no lo demostraba. Pero con los niños y niñas era espontáneo y afectuoso, las invitaba a reuniones, jugaba incansablemente con ellas e inventaba para distraerlas historias y rompecabezas. Creo que algo hay de verdad en la suposición de que a su nivel más profundo, sus dos libros principales son alegorías en las que están fundidos dos temas: su inexpresado amor por Alicia Liddell y la atracción que sentía por los misterios matemáticos relacionados con el tiempo. Alicia creció, se casó: su amistad con ella se acabó y también su inspiración. No obstante, varias obras más (matemáticas, literarias y de imaginación) salieron aún de su pluma... A
medida que fue entrando en años, se hizo más suceptible,
más intolerante y difícil. Fue evadiéndose cada vez
más del mundo real a otro imaginario de juegos, rompecabezas y
paradojas lógicas. Imaginaba sin cesar sistemas para mejorar cosas
como "los torneos de tenis sobre hierba". Como padecía
de insomnio crónico y su salud era excelente, tenía tiempo
sobrado para llevar hasta sus últimas y absurdas consecuencias
cualquier inofensiva fantasía. El 6 de enero de 1898 contrajo una infección de vías respiratorias y murió ocho días después. En
una carta dirigida a un amigo, Dodgson escribió: Esta
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