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En esta actividad el niño descubrirá lo que es una curva cerrada y una curva abierta

Juan es un niño al que le gustan mucho las matemáticas. Le gustan tanto, que cuando sale de la escuela y se va caminando a su casa, va todo el camino jugando con las líneas que ve en la banqueta. Algunas de las líneas son rectas y otras son curvas, algunas tienen "adentro y afuera" y otras no.
Uno de los juegos que más le gusta hacer es el de NO pisar ni cruzar las líneas. Cada vez que se encuentra una, tiene que rodearla.


Un día caminando por un parque encontró varias curvas pintadas en el piso y se puso a jugar, como en la mano traía un piedrita, decidió inventarse un juego en el que se usaran las curvas y la piedrita.

El juego era así:
En cada curva que se encontrara, lanzaría la piedrita y trataría de recogerla sin cruzar la curva.
Estas son las figuras con las que Juan jugó:

 


Puedes dibujar estas curvas con gis en el patio de la escuela. También puedes dibujar todas las que a ti se te ocurran y jugar a lanzar una piedrita.

El juego se trata de recoger la piedrita SIN CRUZAR LA CURVA. No podrás pasar, nunca, por encima de la curva, para recoger la piedrita.
Así que: ¡lánzala con mucho cuidado!
Un matemático francés del siglo XIX y XX, Camille Jordan, se dio cuenta de un hecho que aunque parece muy simple y evidente debe ser explicado matemáticamente:

Una curva que no se corte a sí misma y que sea cerrada, o sea que se termine de dibujar justo en el punto en el que se empezó, divide la hoja de papel o el pizarrón o el suelo o el lugar donde se haya dibujado (quizás una pared de tu casa) en dos regiones: la de adentro y la de afuera.

 

Este resultado, tan obvio para nuestros ojos, tuvo que esperar a Jordan para poder ser "demostrado matemáticamente".


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