Cuando
en Los diez mandamientos (1923), Cecil B. De Mille hizo que el
mar rojo se abriera, todo el mundo dijo: ese es un gran truco, ¿Cómo
lo hizo?; no hay ese tipo de interrupciones mentales en la cinta de
Walsh. El espectador mira las fenomenales acrobacias de Fairbanks sin
detenerse ni un momento a pensar que son trucos. Más bien los
acepta como hechos. Esta cinta, tiene una maravillosa cualidad de cuento
de hadas: un recorrido romántico que levanta a la audiencia,
y después se vaporiza en nubes rosas y esponjosas. También
tiene mucha belleza y solidez de construcción dramática.
Fairbanks
y Walsh, actor y director, idearon escenas de sobrecogedora magnitud
y grandeza. Construyeron, con increíble magnificencia, la ciudad
de Bagdad, escenario sobre el que la cinta, llena de gracia, se desarrolla
rítmicamente y a una velocidad que constantemente aumenta. Después
de verla, uno se queda con la misma emoción infantil, creada
después de la primera lectura de las historias de Hans Christian
Andersen: es dominantemente romántica, y cautivantemente irreal.
Al
igual que a su maestro Griffith, a Walsh, en pleno desarrollo de su
trayectoria, lo sorprendió la irrupción de la invención
del sonido en el cine. Pensemos la transformación que habrá
producido esta nueva técnica, en la expresión artística
de los directores del cine mudo. Raoul Walsh al igual que: John Ford,
Cecil B. De Mille, y Alfred Hitchcock, inició su carrera en el
cine mudo, y luego realizó muchas películas sonoras. Adaptándose
a los nuevos retos de la tecnología, si embargo para Griffith,
Chaplin y otros, el sonido representó un obstáculo que
ya no pudieron librar.
Durante
el rodaje de su primera película sonora, el western sobre Cisco
Kid en el viejo Arizona. Walsh perdió el ojo derecho. Y en la
primera mitad de los años treinta trabajó sobre todo para
el productor William Fox en obras interesantes, como: Mi chica y
yo (Me and my gal), y Suerte de marino (Sailor's luck), no
obstante, su trabajo empeoró, y aparecieron problemas personales
cuando trabaja para los estudios Paramount en comedias sofisticadas
como: Como a las ocho en punto (Every night at eight), o musicales,
como: Artistas y modelos (Artists & Models) las cuales poco
o nada tenían que ver con sus intereses artísticos.
