René Clair lo describe, ya decadente, en una taberna del barrio
chino de Londres, donde le invitó una copa; Griffith se levantó
súbitamente y dejó el lugar: "Se diría que
paseaba entre la niebla en busca de su perdida juventud y su genio extinguido,
tratando de encontrar en la noche del pasado aquella niña triste
de Capullos Rotos, aquella sombra que él hizo nacer y
que ahora tenía más vida que él mismo".
Con
la llegada del cine sonoro nació un nuevo Hollywood, el cine
mudo se desvaneció, y con él la figura de su padre artístico:
David. W. Griffith, uno de tantos que hizo posible el reinado interminable
de la meca del cine. A pesar de que se mantuvo activo hasta los principios
del cine sonoro, en 1931; pocas de sus obras posteriores a Intolerancia
tuvieron la resonancia de ser un film que suponían la invención
de una nueva gramática cinematográfica.
La
noche del 23 de julio de 1948, olvidado por todos, en un sucio cuarto
de un hotel de Hollywood, murió David Wark Griffith. Entre los
pocos asistentes del medio del cine que acudieron a su velorio, se encontraban
los directores Cecil B. De Mille, y John Ford.
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