Pasados los años, la compañía Warner Bros, introdujo el sistema Vitaphone, el cual permitía escuchar las voces y oír cantar a Al Jolson en El cantante de jazz, 1927 (esta fue la primera película sonora). El cine volvió a transformarse, y se auguraba que las carreras de muchos directores del cine mudo, como Griffith, Cecil B. De Mille, Friedrich Wilhelm Murnau, King Vidor, John Ford o Henry King, se vendrían abajo.
Griffith declaró alguna vez que las películas habladas desaparecerían, que nunca sería posible sincronizar la imagen con la voz, que la única voz del cine debería ser la música.

"La verdadera gran película y el director que piensen más en su prestigio que en los dólares seguirán siendo mudos... Las primeras películas habladas van a adolecer de las mismas faltas de naturalidad, interpretación dudosa, momentos de inacción prolongada, etcétera, de las películas de hace veinte años, y producirán en el público una sensación de retroceso del cine como industria y como arte."



En 1919, realizó Capullos rotos (Broken blossoms), en ella renunció a todo alarde técnico, en favor de la intimidad y patetismo del drama de Lucy y de su enamorado Chen Huan. Fue el retorno a la línea teatral y un preludio del Kammerspielfilm alemán.

Capullos rotos, según un relató de Thomas Burke, transcurre en los barrios bajos de Londres y muestra cómo la hija de un boxeador fracasado y borracho (Lillian Gish) es atraída por la ternura y amor del chino Chen Huan (Richard Barthelmess) y, a causa de ello es maltratada por su padre hasta matarla; el chino enloquecido, mata al boxeador y se suicida ante el cadáver de su amada, con su evidente carga folletinesca. Esta cinta, parece un claro antecedente del Kammerspielfilm alemán, e inicia, según Paul Rotha, el cine de ambientes sórdidos y miserables.


René Clair lo describe, ya decadente, en una taberna del barrio chino de Londres, donde le invitó una copa; Griffith se levantó súbitamente y dejó el lugar: "Se diría que paseaba entre la niebla en busca de su perdida juventud y su genio extinguido, tratando de encontrar en la noche del pasado aquella niña triste de Capullos Rotos, aquella sombra que él hizo nacer y que ahora tenía más vida que él mismo".

Con la llegada del cine sonoro nació un nuevo Hollywood, el cine mudo se desvaneció, y con él la figura de su padre artístico: David. W. Griffith, uno de tantos que hizo posible el reinado interminable de la meca del cine. A pesar de que se mantuvo activo hasta los principios del cine sonoro, en 1931; pocas de sus obras posteriores a Intolerancia tuvieron la resonancia de ser un film que suponían la invención de una nueva gramática cinematográfica.

La noche del 23 de julio de 1948, olvidado por todos, en un sucio cuarto de un hotel de Hollywood, murió David Wark Griffith. Entre los pocos asistentes del medio del cine que acudieron a su velorio, se encontraban los directores Cecil B. De Mille, y John Ford.

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